Plan de arbolado y renaturalización
Proponen de nuevo el Plan Director del Arbolado y de Renaturalización.
Marbella. - La portavoz socialista en el Ayuntamiento de Marbella, Isabel Pérez, pone sobre la mesa un debate más allá de la confrontación política, salvo la extrema derecha y posturas cercanas del Partido Popular, pueden negar que la tala de árboles afecta directamente al modelo de ciudad que Marbella quiere ser en las próximas décadas.
Para Pérez la renaturalización urbana ya no es una cuestión estética, sino una herramienta de adaptación climática respaldada por la evidencia científica. Sin embargo, la iniciativa invita a reflexionar sobre la eficacia real de las mociones municipales y la distancia que suele existir entre los acuerdos plenarios y su ejecución.
Hace cuatro años, la propia portavoz socialista impulsó la elaboración de un Plan Director del Arbolado Urbano. La propuesta fue aprobada por unanimidad. Cuatro años después, ese plan sigue sin materializarse.
Este antecedente obliga a preguntarse qué valor tienen los acuerdos políticos cuando no van acompañados de un presupuesto, un calendario de ejecución y los mecanismos de control.
En los ayuntamientos españoles, las mociones aprobadas en pleno fijan una posición política, pero, salvo excepciones, no tienen carácter vinculante, son simplemente una declaración de intenciones utilizadas para orientar la acción del gobierno o para exigir responsabilidades, a partir de ahí, pero no obligan jurídicamente a ejecutar lo aprobado.
Marbella afronta veranos más calientes, una mayor presión urbanística y un crecimiento poblacional que incrementa la necesidad de sombra, espacios verdes y refugios climáticos, sin embargo la conservación del arbolado maduro parece un tema menor, menospreciándose la aportación de los beneficios que ningún ejemplar recién plantado puede ofrecer en décadas: captura de dióxido de carbono, reducción del efecto isla de calor, filtración de contaminantes, regulación del agua de lluvia y creación de hábitats para aves e insectos. Los expertos coinciden en que plantar diez árboles jóvenes no sustituye, al menos durante muchos años, la pérdida de un árbol adulto.
También es cierto que conviene evitar simplificaciones. No toda tala responde a una decisión arbitraria o a una mala gestión ambiental, muchas actuaciones urbanísticas cuentan con autorizaciones administrativas, informes técnicos y medidas compensatorias previstas en la legislación.
El debate, por tanto, no debería centrarse únicamente en si se talan árboles, sino en si esas actuaciones son realmente inevitables, si existen alternativas y si las compensaciones ambientales mantienen el equilibrio ecológico del municipio.
Existe además una paradoja difícil de ignorar. Marbella proyecta internacionalmente una imagen basada en la calidad de vida, el clima y el paisaje, elementos que forman parte de su principal activo económico: el turismo residencial y de alto poder adquisitivo. No obstante, cada pérdida significativa de arbolado reduce precisamente algunos de esos atributos que sustentan esa marca de ciudad. La infraestructura verde deja de ser un elemento ornamental para convertirse en una inversión económica y sanitaria.
En definitiva, Isabel Pérez vuelve a plantear una propuesta que responde a un problema real y ampliamente documentado. La cuestión ya no es si Marbella necesita más infraestructura verde —probablemente existe un amplio consenso sobre ello—, sino si los grupos políticos están dispuestos a convertir ese consenso en inversiones concretas.
Pérez ha advertido de que la crisis climática “ya no es un escenario futuro, sino una realidad que afecta de forma intensa al litoral mediterráneo”, con olas de calor cada vez más frecuentes, sequías más prolongadas y fenómenos meteorológicos extremos que obligan a las administraciones a replantear el modelo de ciudad.
La dirigente socialista ha recordado que organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y numerosos estudios científicos coinciden en que incrementar la cobertura arbórea en las ciudades reduce el efecto "isla de calor", disminuye la mortalidad asociada a las altas temperaturas y mejora la calidad del aire.









