10 árboles nuevos no compensa uno viejo
Izquierda Unida – Por Andalucía Marbella denuncia la tala de arbolado en Las Chapas.
Marbella. - Hay imágenes que condensan mejor que cualquier informe el rumbo de una ciudad. La denuncia IU-Por Andalucía (IU-PA) recuerda los proyectos del Corredor Verde de Las Chapas y la Senda de la Biodiversidad impulsados durante su etapa en el Gobierno municipal y reclama una protección efectiva del arbolado ante el avance de la construcción.
La tala de cientos de árboles en una parcela de Las Chapas no solo abre un debate ambiental; vuelve a colocar sobre la mesa el tipo de modelo de ciudad que se planifica desde el Ayuntamiento.
La denuncia de IU-PA aprovecha este episodio para confrontar dos visiones opuestas. Por un lado, la de una Marbella que protege sus corredores verdes, que quiere preservar su biodiversidad y entiende el paisaje como parte de su patrimonio. Por otro, la de una ciudad donde el suelo se convierte en un activo económico y el árbol pasa a ser, con demasiada frecuencia, un obstáculo previo a la urbanización.
10 árboles jóvenes no compensan uno adulto
Más allá de la confrontación política lo que merece una reflexión es que cada árbol adulto que desaparece no representa solo la estética del lugar, un ejemplar consolidado tarda décadas en desarrollarse, captura dióxido de carbono, reduce varios grados la temperatura del entorno, filtra contaminantes, retiene agua de lluvia y constituye un refugio para aves e insectos.
Ninguna plantación compensatoria devuelve esos servicios ambientales en el corto plazo. Plantar diez árboles jóvenes nunca equivale, durante muchos años, a conservar uno maduro.
La paradoja resulta especialmente llamativa en una ciudad que vende internacionalmente su calidad de vida, su clima y sus espacios naturales como parte de su marca turística.
Marbella compite por atraer residentes e inversores precisamente gracias a un entorno privilegiado. Sin embargo, ese mismo entorno parece ceder terreno de forma constante ante la presión urbanística.
Existe además otra contradicción difícil de ignorar. Buena parte de las nuevas promociones se dirigen al segmento de alto poder adquisitivo, mientras la ciudad continúa padeciendo una grave escasez de vivienda asequible para trabajadores, jóvenes y familias locales.
El resultado es un crecimiento que incrementa el valor inmobiliario, pero no resuelve el principal problema residencial del municipio.
Sin duda que no toda tala implica una actuación ilegal o arbitraria, muchos desarrollos urbanísticos cuentan con autorizaciones administrativas, estudios ambientales y medidas compensatorias previstas por la normativa.
Precisamente por eso resulta fundamental que las administraciones expliquen con transparencia qué autorizaciones existen, cuántos árboles se eliminan, cuáles se conservan y qué compensaciones reales se exigen. La ausencia de información alimenta la desconfianza ciudadana.
El debate tampoco puede reducirse a un enfrentamiento entre ecologistas y promotores. La cuestión de fondo consiste en determinar hasta qué punto una ciudad puede seguir creciendo sin deteriorar el capital natural que precisamente la hace atractiva.
Las grandes ciudades europeas están endureciendo la protección del arbolado urbano porque han comprobado que combatir las islas de calor y adaptarse al cambio climático resulta mucho más caro cuando los árboles ya han desaparecido.
Marbella está a tiempo de evitar ese escenario, pero necesita algo más que declaraciones políticas: requiere inventarios públicos de arbolado, criterios claros para proteger ejemplares maduros, compensaciones ambientales verdaderamente equivalentes y una planificación que considere la infraestructura verde con la misma importancia que las carreteras o las promociones inmobiliarias.









