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LatinPress®. 16 / 11 / 2020. LatinPress.es
   

Trump y su fútil estrategia negacionista

 




Latinpress.es 16 / 11 / 2020.
El presidente estadounidense, Donald Trump, se ha negado a conceder la derrota en las elecciones de Estados Unidos, y sigue aferrado a una fútil estrategia legal para no aceptar el título que más ha temido a lo largo de su carrera, el de perdedor.

El mandatario más polémico de la historia moderna de los Estados Unidos de América, se convirtió el sábado de la semana anterior, en el primer presidente de un solo mandato en casi tres décadas, desde 1992, en el momento en el que los principales medios de comunicación proyectaron la victoria de su rival, el demócrata Joe Biden.

La noticia encontró a Trump en el club de golf que lleva su nombre en Virginia, a las afueras de Washington, mientras cientos de personas se congregaban cerca de la Casa Blanca para celebrar su derrota. En lugar de prender fuego a las redes sociales como lo hace habitualmente, un primer mandatario, más apagado, emitió su única reacción en un comunicado, en el que proclamó que “esta elección está lejos de haber finalizado”.

“A partir de ahora, nuestra campaña empezará a defender nuestro caso en los tribunales para asegurar que las leyes electorales son completamente cumplidas y el ganador apropiado sea proclamado”, subrayó el presidente Trump, el fin de semana pasado.

Donald Trump cerraba así los ojos a la realidad de que su camino a la reelección se había acabado en el momento en el que los medios de comunicación proyectaron que Joe Biden, se llevaría los 20 delegados de Pensilvania, un estado que necesitaba obligatoriamente para tener alguna opción de ganar la contienda electoral.

Su reacción no sorprendió a quienes conocen bien a Trump, que nunca admite posibles fracasos y culpa de cualquier viento que no sople a su favor, a las instituciones del país, los medios de comunicación o algún otro punto de un sistema supuestamente sesgado en su contra.

“Ganar es fácil. Perder nunca es fácil. Para mí no lo es”, había reconocido Trump el mismo día de las elecciones, durante una visita a la sede central de su campaña.

La mayoría de asesores del presidente, comenzaron los últimos días de la semana anterior, a reconocer en privado que habían perdido, pero el propio Trump seguía sin ningún plan de dar un discurso de concesión, una tradición en el país.

“Obviamente no va a conceder la derrota”, dijo su abogado, Rudy Giuliani, en una rueda de prensa del sábado de la semana pasada en Filadelfia (Pensilvania).

Sus aliados en la campaña, la Casa Blanca y la cadena de televisión Fox News, empezaron el viernes a tratar de animarle públicamente, al insistir en que, si dejaba armoniosamente el poder, preservaría su enorme influencia, que mantiene en buena parte del país.

No obstante, el presidente Trump, parece saber que el favor de sus seguidores más incondicionales le acompañará haga lo que haga, y cuando abandone la Casa Blanca en enero próximo, lo hará como el candidato republicano más votado de la historia de esa nación.

A pesar de su mala gestión en la pandemia, de la crisis económica y las tensiones raciales que se intensificaron durante este año, Donald John Trump, logró que le apoyaran al menos siete millones de estadounidenses más que en el año 2016, y consiguió un récord de más de setenta millones de votos solo superado por Joe Biden, que obtuvo casi setenta y cinco millones de votos populares.

Aunque el voto popular nacional no determina el resultado de las elecciones en Estados Unidos, Joe Biden va adelante por más de 5,3 millones de votos, esto es, 3,4 puntos porcentuales por encima de Trump. Su participación en el voto popular, de 50,8% del total, fue ligeramente superior a la votación que obtuvo Ronald Reagan en las elecciones del año 1980, cuando derrotó a Jimmy Carter.

Para muchos de sus seguidores, el presidente parecía invencible -en apenas cuatro años en el poder- y consiguió superar indemne una investigación federal sobre la interferencia rusa en las elecciones que le catapultaron al poder y un juicio político sobre sus presiones políticas a Ucrania.

El errático comportamiento de Trump y su constante desafío a las instituciones de su país, coincidieron con un periodo de expansión económica en Estados Unidos, y hace un año muchos esperaban que ese único factor le garantizara la reelección, pero la pandemia se interpuso abruptamente en su camino.

El récord de votos por correo emitidos en estas elecciones -más de 65 millones, la mayoría favorables a Biden-, facilitado por varios estados debido a la crisis del covid-19, acabó convirtiéndose en la piedra en su zapato, y Trump intentó desacreditarlo por todos los medios.

Su campaña sigue enzarzada en una estrategia legal para interferir en el escrutinio de esos votos en varios estados claves, pero es altamente improbable que esas demandas consigan invalidar un amplio volumen de sufragios.

A Trump, no le bastaría con demostrar el fraude ante los tribunales en un solo estado, sino que debería hacerlo en varios para cubrir el trecho entre los delegados que tiene ahora en el Colegio Electoral, 232, y los que necesitaría para ser reelegido, 270. Su abogado, Rudolph Giuliani, siguió sin embargo agitando el fantasma de un litigio que pudiera cambiarlo todo, y prometió que la campaña de Trump presentará una nueva demanda ante el Tribunal Federal de Pensilvania.

Las ínfimas perspectivas de que esas demandas le den la vuelta al mapa electoral espolearon el debate en EE.UU., sobre a qué se dedicará Trump una vez que abandone el poder el 20 de enero de 2021, cuando perderá la inmunidad legal que le garantiza el cargo de presidente.

La Fiscalía de Nueva York continúa investigando, si el presidente ha cometido delitos como el fraude bancario y de seguros, por lo que Trump podría afrontar deudas por un valor de más de 400 millones de dólares, según el diario The New York Times. Por tanto, el presidente necesita recaudar más dinero y evitar que su marca pierda brillo y estilo, mientras algunos de sus seguidores confían ya en una posibilidad a la que, de momento, Donald Trump no ha dado alas, la de que pueda presentarse nuevamente, a las elecciones presidenciales en el año 2024.


 
 

 

 

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