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El regreso al cole: Hacer de la necesidad virtud

 



Latinpress.es 14 / 9 / 2020.
Hace tiempo que distingo las diferencias entre comprender y justificar. Este matiz  es especialmente oportuno para hablar de la pandemia y la vuelta al cole.

Comprender es imprescindible para entender lo que pasa, sus claves o explicaciones. Justificar es aplicar otros criterios a la realidad una vez comprendida.

Así, debemos todos intentar comprender la complejidad del momento que estamos viviendo a la hora de planificar una vuelta al cole con garantías, las dificultades para organizar todo lo que conlleva, los recursos que hay que poner en juego, la medida del tiempo etc, etc.

Hace falta en estos momentos mucha empatía, mucho de ponerse en lugar de los demás antes de lanzar frases y juicios lapidarios. No es momento para el tremendismo sino para la comprensión.

Por ejemplo, es necesario pensar que se requerirá de un esfuerzo añadido de maestros y familias y de la asunción de riesgos en un momento de incertidumbre.

Es muy probable que la escuela no vuelva a la normalidad de antes.  Quizá algunos docentes tengan que ir más allá de sus funciones habituales. Puede que se tengan que utilizar espacios poco adaptados.

Pero la educación debe ser una prioridad incluso en las condiciones más adversas. No podemos permitirnos que la escuela vuelva a desaparecer de la vida de niños y jóvenes.

El confinamiento de la ola  de la primavera tuvo consecuencias muy negativas para la educación como elemento fundamental  para el desarrollo cognitivo de nuestra infancia y juventud. 

Un hipotético nuevo cierre de las escuelas supondría la puntilla  para   niños y adolescentes de familias con pocos recursos, que no disponen de ordenadores y/o conexiones  seguras a internet, o con una menor capacidad  para ayudarles en sus estudios. Y también lo sería para niños de condición autista para los que la escuela que es -antes que nada- socialización y comunicación, algo  tan importante como el aire que respiran.  

Por otro lado, es importante conocer la naturaleza del riesgo que se corre abriendo las escuelas para evitar una  excesiva alarma.

Porque leo y escucho que las posibilidades de que las escuelas se conviertan en grandes fuentes de contagio son muy limitadas y que el riesgo de propagación y contagio de la pandemia a través de la apertura de los colegios es muy escaso. Pero (y es un pero importante) existe. Y ahí está el punto a resolver: cómo minimizar este riesgo. Y es ahí donde el Estado (ya sea a nivel central, autonómico o local) debe invertir recursos para minimizarlos.

Hasta aquí el ejercicio de comprender. Viene ahora la segunda parte: la de justificar.

¿Es justificable la respuesta que ofrecen las autoridades a esta situación compleja? ¿Hay soluciones?

Todas las medidas previstas en los protocolos de actuación dependen de cómo se comporte el resto de la sociedad que no  va a la escuela.

Aquí se está haciendo lo que en otros países del entorno pero con menos dinero. O sea, a nuestro estilo.

También depende de cómo sea posible en la práctica y en el día a día la aplicación de los protocolos, muy bonitos en papel couché pero inaplicables con ratios de 25-30 chavales.

Porque la única medida, a mi juicio, que hubiera permitido una relativa seguridad hubiese sido la disminución de niños por aulas  o, lo que es lo mismo, el desdoblamiento de todos los grupos de alumnos. Y ello conlleva también plantillas de trabajadores dobles. 

Ni que decir tiene que todo ello implica un gran aumento de recursos. Y es esto lo que lo que menos podemos justificar: que no haya  prioridades a la hora de gastar dinero  público.

No se puede justificar que existan amplios acuerdos entre los poderes públicos y privados para apoyar a sectores estratégicos de nuestra economía pero que no haya igual sensibilidad en cuanto al gasto  social en educación, sin el cual no podrá garantizarse ni lo uno ni lo otro.

No se puede justificar que  seamos el único país de la UE que ha salido de la anterior crisis/estafa de 2008 dedicando su inversión en educación un porcentaje propio  del siglo pasado.

Y no se puede justificar que los gobiernos autonómicos (responsables tras el abandono del mando único) hayan perdido todo el verano  para contratar el personal educativo extra que íbamos a necesitar en septiembre, para adaptar las instalaciones, los comedores o el transporte. Quizás fuera porque estaban  demasiado ocupados  corriendo detrás de los turistas británicos y alemanes para salvar el verano turístico.

Ahora llega septiembre y, de nuevo, España se llena de plañideros rasgándose las vestiduras por la educación. Prisas, ocurrencias y protocolos para trasladar la responsabilidad a los educadores y a las propias familias.

Llegará octubre y con él asistiremos – ojalá que no- a los espectáculos políticos utilizando a la educación como trinchera.

Veremos.

Colaboración especial para LatinPress®. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress


 
 

 

 

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