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OPINIÓN
 
LatinPress®. 18 / 1 / 2021. España. Enrique Monterroso Madueño

Payasos

   

Todo lo que van a oír a continuación es ironía, un recurso al servicio de personas inteligentes que suelen escuchar la SER.

No entenderlo así, sería un fiasco y no sería yo quien lo firmara.

A decir verdad, las imágenes del asalto al congreso de los EEUU no causaron sorpresa, al menos entre nosotros, porque los actores, patriotas blancos, llevaban tiempo preparando un potaje fascista que, como es sabido,  es  algo que exige mucha elaboración, fuego lento y muchos ingredientes: Racismo, machismo, clasismo, patrioterismo, emociones, fanatismo religioso, odios y mentiras. Todo en demasía.

Veamos cómo es el proceso: Primero se prepara el terreno. Es la parte más laboriosa. Se requieren años para ir identificando un descontento que podamos manipular.

Sin descontentos no hay fuego, no hay pasión. A partir de ahí comenzaremos por el lenguaje. Hay que empezar a “llamar al pan, pan y al vino, vino”. Y, sobre todo, no pensar tanto y hablar claro usando palabras valientes: traición, robo, confabulación, complot, gobierno ilegítimo, golpe de estado, rendición.

A continuación  hay que avanzar desde ese descontento a identificar un enemigo: hispanos, negros, mujeres, perdedores, periféricos patrios que nos quitan lo que es nuestro.

Aquí lo conspiranoico es fundamental. Es preciso armar un barullo en el que mezclar la política con la desconfianza hacia el gobierno filocomunista que no se ocupa  de nuestros  problemas.

Imprescindible añadir el control del pensamiento a través de  medios de comunicación debidamente engrasados para hacer creer que  son los demás los equivocados.

No es necesario el conocimiento y la información para tener las ideas claras pues somos nosotros quienes  tenemos la verdad.

Hay que huir de  palabras bonitas y técnicas porque levantan sospechas. Y meternos en la cabeza que somos la resistencia y hay que defenderse de un enemigo que quiere quitarnos algo que es nuestro de toda la vida: el poder.

Los discursos que se hagan deben ser un enfrentamiento con el adversario evitando todo lo que suene a moderación, a pacto, a diálogo, a punto intermedio.

Lo políticamente correcto se convierte en sinónimo de debilidad, de pensamiento cobarde.

Llega  el momento del último hervor, de la movilización. Hay que llenar las calles de indignación.

Demostrar que no se tiene miedo y comprobar que las instituciones a las que nos enfrentamos son cobardes y nunca van a plantarnos cara.

Violencia de baja intensidad para demostrar que la calle es nuestra ya sea por una pandemia, por una reforma educativa o por el derecho a la muerte digna.

Ciertamente no tenemos  mayoría; pero sí tenemos el coraje para ocupar las calles y proclamarlo así mientras los otros,  cobardicas, nos miran desde las ventanas. Nosotros marcamos los tiempos.

El potaje está a punto de servirse. Llega  el momento final. El de los héroes, o el de los payasos.

Los protagonistas habrán de ser  los más radicales, los más extremistas, los voceros.

Están dispuestos a todo por salvar a la patria, así que a ellos les corresponde el asalto, pasar de ocupar la calle a ocupar la sede simbólica del poder, se llame Capitolio o Parlamentos.

Pueden ser militares o no; pueden ser jubilatas o mediopensionistas, pueden ser pequeño-burgueses o  lumpen; amas de casa o precariado. 

En cualquier caso nunca serán los gerifaltes, los cabecillas.

Esos se quedarán en casa a esperar, a ver si la mecha que acaban de encender prende y la rebelión contra el poder establecido triunfa.

Si es así, saldrán a encabezar la marcha, a apaciguar los ánimos y presentarse como la única solución al caos.

Y si no lo es, si lo que pasa  en el Capitolio o en el Parlamento  no tiene éxito, si el fuego no se propaga, se quedarán agazapados a esperar que pase el temporal. Y derrochando desfachatez denunciarán la violencia y los hechos acontecidos mientras esperan la próxima oportunidad.

Y entonces los que dieron el paso, los que tomaron la calle y marcharon hacia el Capitolio ocupándolo,  o los que quisieran ocuparlo,  los presuntos héroes salvadores de la patria, se convierten en lo que eran desde el principio: payasos con sombreros de formas y motivos ridículos.


Que ustedes lo digieran bien, me refiero al potaje.             


Colaboración especial para LatinPress®. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es

   
 

 


 
     
 
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