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LatinPress®. 6 / 6 / 2020. LatinPress.es
   

La paguita y, los ultra-intervencionistas

 



Latinpress.es 6 / 6/ 2020.
Perdonen que no me detenga en el debate del miércoles. Casado y Abascal han optado por la discordia y la guerra sin cuartel como siameses sin disimulo alguno. Solo espero que los ciudadanos estén tomando nota”.

Así comenzaba Iñaki Gabilondo su columna en Hoy por Hoy ayer mismo (miércoles) y que hago mía. Ahí lo dejo.

El jueves pasado fue noticia que la Unión Europea, esa Unión Europea de la que nos hemos quejado tantas veces, va a destinar 600.000 millones más a sacar a flote las economías de los países devastadas por la pandemia, la nuestra incluida.

La noticia es de tal calado que cualquier ciudadano normal debería mostrar su satisfacción porque con tales ayudas que llegan ya a casi un billón y medio de euros, la salida de la crisis puede ser un hecho para el próximo año. Una salida en UVE  pronostican algunos economistas.

Eso sería en un ciudadano normal de un país normal. Pero aquí casi nada es normal. Ni los ciudadanos, ni los partidos políticos ni siquiera  España es normal.

No, los españoles  no hablan de cómo desescalar ordenadamente y afrontar la reconstrucción de la economía sino de  un conflicto de índole judicial en el que se dilucida si el gobierno es el culpable de tantas muertes por coronavirus tal como cada día anuncia la derecha y la extrema derecha.

Un informe elaborado por algunos miembros de  la Guardia Civil, según unos plagado de bulos, errores y mentiras  y según otros,  la base en que apoyarse para acusar a la izquierda, hoy en el Gobierno, de varios delitos graves  sin base alguna.

A eso quieren que prestemos toda nuestra atención. De eso quieren que nos ocupemos y no de salvar  la economía.

Hay muchas cosas en esta crisis del coronavirus  que, desgraciadamente, no están siendo objeto de la atención de la ciudadanía porque la conexión político mediática entre las derechas y muchos medios de comunicación afines han decidido crear un clima de tensión y de ruido en España  que impide atender razones, argumentos, propuestas y críticas razonables y constructivas. Cuando más  necesitábamos de razones. 

Una de esas cosas que provoca poco o nulo entusiasmo en la ciudadanía  es la implicación que está demostrando la Unión Europea al inyectar nada menos que 1,35 billones de euros en la liquidez de sus Estados.

Algo que no vimos en la pasada crisis-estafa- recesión de 2008 que ha dejado millones de damnificados por doquier. Y algo que va a resultar absolutamente esencial para solventar el coma inducido en que nos va a dejar el coronavirus.

Y otra de  las cosas que hacen diferente esta crisis de otras pasadas es  la orientación de las políticas del Gobierno español.

Políticamente en esta crisis hay factores objetivos  que solo pueden imputarse en el haber del Gobierno del PSOE y Unidas Podemos y la orientación de sus políticas. Algunas comprometidas antes del coronavirus, como el aumento del salario mínimo interprofesional que ya se nos estaba olvidando.

El esfuerzo fiscal que se está realizando para minimizar el impacto económico y social que provoca el coma inducido al que se ha llevado al país no tiene precedente en términos cuantitativos y cualitativos. Se pongan como se pongan las derechas.

Pero no es solo la dimensión del esfuerzo económico de las arcas públicas el factor diferencial, es sobre todo la  orientación política de las medidas que se vienen adoptando.

El Estado se ha convertido en asegurador de último recurso de los ingresos de personas, familias y empresas. Sólo desde la sinrazón se puede negar esta evidencia.

Sin duda la más novedosa de estas medidas es la creación de un ingreso mínimo vital de carácter estructural que pretende combatir la pobreza extrema de algunas familias y que puede ser un instrumento, positivo aunque parcial, en la batalla para reducir la pobreza infantil.

El rechazo al IMV por parte de la extrema derecha española se expresa con un tufillo de aporofobia y odio de clase muy evidente.

Se refieren a esta prestación como la "paguita" con la que pretenden ridiculizar esta medida, criticar al Gobierno y, sobre todo, estigmatizar a sus perceptores.

Son los mismos  que ahora, cual "marranos" conversos, le exigen al Estado una mayor intervención en la salvación de sus negocios, cuando una de sus vitolas  ha sido siempre el Estado mínimo y sobre todo sin injerencias reguladoras o fiscalizadoras del mercado. Por eso deberíamos llamarlos ultra-intervencionistas de clase; no sé cómo caímos en la trampa de llamarles neoliberales cuando de liberales no tienen nada.

Tenemos un doble motivo para estar contentos con el ingreso mínimo vital aprobado por el Gobierno de coalición: va a beneficiar a centenares de miles de familias, situadas en la pobreza extrema, a los que se garantiza como derecho unos ingresos mínimos que les permita mantener su dignidad como personas. Y además se ha infligido una derrota ideológica a los triunfadores de siempre,  a los que hablan despectivamente  de la "paguita".

Pero verán  qué poco dura la alegría en la casa del pobre. Verán cómo el ruido sigue y no podemos ni valorar adecuadamente lo conseguido.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®. emonte7@hotmail.com


 
 

 

 

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