LATINPRESS.es © Periodismo de verdad, verdad.
Marbella, España.
Año 9. Marzo 2011 – Septiembre 2020.
España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
OPINIÓN
 
LatinPress®. 22 / 9 / 2020. España. Enrique Monterroso Madueño

La España desmemoriada

   

La sombra de la debilidad de la democracia española - debilidad a la  que se suele aludir tantas veces-, es alargada y  se explica a partir del  dominio que  sobre los aparatos del Estado  ejercieron desde la transición aquellos que controlaban la dictadura y la nueva democracia tutelada y que llegan hasta nuestros días.

Quizá el elemento que mejor explique nuestra escasa calidad democrática es nuestra desmemoria histórica, que se ve reflejada en el gran desconocimiento de la historia reciente del país por amplias capas de la sociedad española y, muy especialmente por  parte de la juventud.

Resulta especialmente significativo y, grave, que un alto porcentaje de jóvenes (no me atrevo a dar cifras) no sepan de dónde vienen y, por tanto, no sepan a dónde ir.

El coste principal de esta desmemoria es que la juventud de nuestro país no sabe por qué no vivirá mejor que sus padres, o por qué los salarios han ido bajando más y más mientras han ido aumentando las rentas derivadas del capital; o por qué en España el conflicto de las banderas absorbe gran parte del espacio mediático mientras que la enorme crisis social, laboral y hasta humanitaria permanece en gran medida sombreada.

Son jóvenes que no tienen respuestas a nada porque no tienen preguntas. Y no digo que el origen de su alejamiento de la realidad sea cuestión enteramente suya.

Han influido en ello muchos factores, qué duda cabe. Esta desmemoria ha sido,  si no promovida,  sí al menos sostenida por un hecho evidente y evitable por las fuerzas políticas  mayoritarias que vienen gobernando el país desde la transición y, fundamentalmente, por los medios de comunicación conservadora en representación de los verdaderos poderes del Estado, guardianes de la democracia.

Lo vemos reflejado desgraciadamente un día y sí y, otro también, en la reproducción de las enormes falsedades difundidas y repetidas respecto de nuestra historia reciente, que, a fuerza de machacar y machacar, acaban siendo para muchos la única versión de nuestro pasado.  

El resultado de esta desmemoria  es que todavía, al día de hoy, haya más de 100.000 desparecidos políticos, muchos de ellos enterrados en fosas comunes que hasta ahora no se podían ni abrir, y que hace que España ostente el despreciable mérito de ser el país del mundo con más desaparecidos políticos después de Camboya.

Y ello  sin que el Estado democrático haya hecho gran cosa para corregir esta situación, algo que sólo se explica o, bien por una escasa conciencia democrática o, lo que es más probable, por el temor a enfrentarse  a estamentos todavía muy poderosos en España, desde la Monarquía a la Iglesia, pasando por la banca y, una la larga retahíla de grupos fácticos entre los que se encuentra la prensa conservadora que no solo no ha roto aún con el pasado sino que amenazan con reverdecerlo.

Y que en 2020, por fin, se haya presentado ante el Parlamento una Ley de Memoria que se plantee seriamente hacer justicia en torno a  la verdad y la reparación, abandonando la actitud de pasividad que nos ha caracterizado como país que viene dando la espalda a nuestro propio pasado.

Actitud que ha propiciado y, que explica que pocos ciudadanos atisben el peligro que los fascismos representan y el daño inmenso que le ha causado a España esta permisividad.

En contraposición, la sin duda imperfecta democracia española, en generosa aplicación de sus principios, permite la existencia de partidos que la combaten, aunque con ellos nos duela la cabeza y sean siempre un peligro colectivo.

Esquizofrénica paradoja. Evidentemente no somos los únicos.

También otros países europeos tienen este tipo de partidos de ultraderecha  que quieren acabar con la democracia, pero al menos los países más serios establecen un cordón sanitario para evitar que el peligro se expanda.

Es el caso  de Alemania donde su presidenta  Angela Merkel, conservadora y criada en la Alemania comunista, se revuelve cada vez que la ultraderecha alemana avanza en provocaciones.

Porque tiene memoria, es valiente y sabe que el nazismo, en cualesquiera de sus versiones y nombres, es el problema número uno  para Alemania y para todos nosotros. 

Duele la comparación. En España, como sabemos, el principal partido de la derecha, el PP, coquetea con la ultraderecha franquista, pactan y hasta gobiernan juntos sin problemas.

Esto no puede seguir así. La pelota está en el tejado del PP pero también en el de Ciudadanos.

España necesita una derecha democrática, limpia y homologable y hoy por hoy no la tenemos. Así de claro. Es desde dentro de esos partidos desde donde se debe forzar  un cambio enérgico que aligere tanta mugre. Mientras no lo hagan seguiremos ofreciendo a Europa y al resto del planeta una imagen de país  desmemoriado donde no se respeta la historia y donde la democracia brilla pero por su ausencia.


Colaboración especial para LatinPress®. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress

   
 

 


 
     
 
LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales. Marbella, Andalucía, España. Año 9. Marzo 2011 – Septiembre 2020.

España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies