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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress®. 23 / 7 / 2020. Fabrizio Reyes De Luca

   

Los valores éticos y morales

 

Ambos están empantanados en estos tiempos posmodernos. Los dos se han vuelto proclamas huecas en estos días de pragmatismo y de activismo políticos.

Los dos conceptos se han debilitado, y apenas se manifiestan en quienes deben ser ejemplos de ética y moral, a fin de modelar una conducta adecuada y honesta.  

Tanto la moral como la ética, se han ido a unas largas vacaciones, más allá de un año sabático, poniendo al desnudo todas las ambiciones, vicios y descalabros de quienes deben vivir en una sociedad civilizada.

Si la moral es el conjunto de principios normativos de la conducta, la ética es el ropaje envolvente del ser y el hacer de las personas. 

Poco queda de la moral, a menudo enseñada en el hogar o en las escuelas. Y mucho menos de la ética, justamente cuando la sociedad se muestra altamente inmoral y desenfrenada.

Los modelos actuales, son los antivalores. Ahora son ellos los llamados a ocupar cargos electivos, públicos y privados. ¡Qué triste y qué lástima, a la vez!

¿De qué sirve orar, meditar o procurar tener una conducta apropiada en medio de una sociedad afanada por el activismo y los porcentajes? Lo vendible y apasionado hoy, son el activismo y los porcentajes. “No basta rezar”, como dice una vieja canción.

En la sociedad, el estereotipo del ciudadano probo, ha abandona­do los valores que debe exhibir como perfil de crecimiento ético y moral.

Nuestra educación sigue siendo un lujo y hasta una competencia tarifaria, para obte­ner un título académico, cargado de vanidad por su pro­cedencia y no por su contenido cívico en va­lores.

Practicar el valor del “discernimiento” es completar simbólicamente un pensum; “la honestidad” no se exhibe con el ejemplo en el accionar; “la responsabilidad” se hace presa del parasitismo; “el compromiso” no se sus­tenta en la palabra empeñada; “la generosi­dad” es aliada del egoísmo en su desprendi­miento; “la tolerancia” no subsiste frente a la prepotencia, y “la justicia” en el peor momen­to, mal retribuida en su lucha por la transparencia y la equidad social.

La sociedad está en guerra, y para eso, de poco sirven la ética y la moral. Ambas fueron echadas a la cesta de la basura, en los despachos más solemnes de la sociedad tecnológica.

Actualmente cuentan las encuestas, la mayoría, no así la moral y la ética, de quienes buscan hacer lo correcto.

Cuenta más la ética situacional. Los cambios según la conveniencia, sin importar lo bueno o lo malo, lo correcto o lo incorrecto. Poco importan el discurso veraz, la palabra empeñada, la idea correcta, la posición firme y rectilínea. Eso es empecinarse, ser cuadrado, anticuado e inflexible.

La ética y la moral valen, en tanto cuentan los principios. Y, precisamente, en estos tiempos cibernéticos y líquidos, ¿de qué sirven los principios? Ahora, todo se compra y se vende.

Quienes perseveran en la verdad, apenas tienen la palabra en este mercado social global.

Al parecer, nada significan las pequeñas iglesias, donde una minoría acude a orar.

Quizás ningún beneficio hay para quienes forman familias guiadas por principios cristianos. Eso dicen, nada aporta a esta sociedad opulenta, presumida y aburguesada. 

Nos preguntamos, ¿dónde fue a parar la inversión en los valores ciudadanos? Está en las manos de la impunidad que premia la abolición de los valores.

Jesús dijo a una minoría, al hablarle de escribas y fariseos: “Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (San Mateo, capítulo 23, versículo 3).

Así, anda la sociedad y muchos de sus líderes, menospreciando la ética y la moral. Aunque asumen discursos moralistas, su accionar difiere mucho de lo que dicen ser.

Sin duda, un comportamiento inconsecuente en una sociedad profundamente enferma.   

En el futuro, la lucha y el compromiso de todos, debe ser retomar el camino de los valo­res éticos y morales, para edificar una mejor sociedad.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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