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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress 25 / 3 / 2020. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Solidaridad, caridad y compasión ante la crisis

 

El temor al contagio de coronavirus impide prodigar abrazos y besos, saludar con un apretón de manos o la cercanía de una conversación entre dos o más personas, pero no impedirá el ejercicio de la solidaridad, caridad y compasión, virtudes que deben expresarse hoy con mayor vehemencia, cuando la humanidad sufre los estragos de esta terrible pandemia.

Los ecuatorianos debemos asumir junto a nuestras autoridades, el compromiso de frenar el avance de este virus, contrarrestar los daños que causa a la salud y la economía, y poder así recuperar el derecho de poder dispensar un saludo fraterno a nuestros semejantes, en un futuro cercano.

Es por eso, que se exhorta a la población a obedecer las disposiciones de las autoridades, que limitan la movilidad ciudadana y propenden al aislamiento social, estrategia fundamental para evitar la propagación alarmante del COVID-19 en nuestro país.

Se admite que las medidas aplicadas en el marco del estado de excepción, como las restricciones de ingreso a extranjeros y el cierre del comercio interno, producen efectos secundarios asociados al desempleo, pero deben ser asumidas como remedios indispensables, que procuran evitar que el coronavirus haga metástasis en el tejido social y económico de la nación.

La espiral de expansión de ese virus, aún no se detiene en Italia y España, países donde sus efectos en la sanidad pública adquieren ribetes catastróficos, en tanto que, en América Latina, su trayectoria apenas comienza, por lo que todos deberíamos entender y respaldar las drásticas restricciones que se aplican aquí, para frenar su galopante avance cuanto antes.

El Gobierno Nacional, debería tener en carpeta medidas adicionales a las ya anunciadas, para asistir a los sectores de la población que son o serían los más afectados por el coronavirus y el programa de emergencia, especialmente en lo que se refiere a pérdida de empleos, por reducción de las actividades económicas y comerciales.

Con más o menos voluntad e intensidad el Gobierno, la clase política y el empresariado, se alinean en torno a una estrategia diseñada y aplicada para contener el contagio masivo de este virus a la población, pero hay que advertir que esos esfuerzos son todavía insuficientes, por tanto, requieren de una mayor coordinación y de ingentes aportes logísticos y económicos.

Unos y otros deberían entender que se combate en dos frentes, uno que procura afrontar la pandemia y otro que trata de evitar que la crisis sanitaria devenga en un colapso de la economía, por lo que además de exhortar higiene y cuarentena, urgen medidas mayores en lo económico, financiero y fiscal.

No se trata de leer las cartas entre gitanos, sino de prepararse ante los lúgubres presagios que señalan que aproximadamente 620 millones de personas quedarán desempleadas y que el número de pobres, se elevaría de 185 a 220 millones, y los que quedarían en condición de pobreza extrema, serían 90 millones de seres humanos, según algunos pronósticos de organizaciones no gubernamentales.

La directora de la Comisión de Estudios Económicos para América Latina (Cepal), Alicia Bárcena, ha dicho que de la previsión de crecimiento para el 2020 en la región, estimada en diciembre en 1,3%, sería ahora de – (menos) 1,8%, como consecuencia del COVID-19, que impactará a la economía mundial tanto por el lado de la oferta como por la demanda.

Naciones emergentes, confrontan dificultades con la caída de precios en sus principales productos de exportación, como consecuencia de la ralentización de las economías de China y Europa.

Ecuador debería movilizar su liderazgo diplomático a nivel de continental, para promover la coordinación y cooperación regional en los programas de combate contra el coronavirus y en acciones tendentes a aliviar sus consecuencias negativas en las economías de los países latinoamericanos.

En tan difícil entorno global y con graves amenazas para la salud colectiva y la estabilidad de nuestra economía, urge que el Gobierno Nacional, el sector empresarial y la clase política, asuman su responsabilidad histórica y se coloquen a la altura de uno de los momentos más aciagos de la historia republicana, asumiendo en conjunto medidas e iniciativas que estén en consonancia con la gravedad de la situación actual.

Se sabe que miles de empleados y trabajadores de hoteles, comercio e industrias han sido enviados a sus hogares sin prestaciones laborales o con la incertidumbre de saber si su estatus, es de suspensión temporal o cesantía.

La solidaridad, caridad y compasión que son necesarias en estos duros momentos, competen también a los empleadores que no deberían desamparar a sus colaboradores o empleados, menos aún, ante la sombra de subterfugios jurídicos.

Este es el tiempo del sacrificio, de extender nuestras manos generosas, de dar y ceder hasta que duela.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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