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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress®. 19 / 5 / 2020. Fabrizio Reyes De Luca

   

Panorama sombrío para la economía mundial

 

Recuerdo que hace casi cuatro años atrás, escribí para este prestigioso diario digital, un artículo titulado: “Tiempos de crisis”, en el que advertía sobre una gran crisis a nivel mundial y expliqué las razones por las que podría tener consecuencias nefastas de no tomarse las medidas correctas.

Desgraciadamente, el panorama mundial parece indicar que ya estamos en el dintel de esa crisis a la que me refería en agosto del año 2016.

Los economistas suministran ya la extremaunción a la moribunda economía mundial, cuyo colapso ha sido diagnosticado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que estima que por la enfermedad provocada por el coronavirus (covid-19), se ha sumergido en una recesión muy superior al síncope que le sobrevino durante el período de la Gran Depresión de 1929.

Son lúgubres las estadísticas que se ofrecen sobre caída del comercio mundial, el desempleo, la reducción del consumo, la quiebra de empresas, la crisis bursátil, la caída de precios de las materias primas, la depreciación de las monedas y, lo que es peor, sin que se vislumbre en el horizonte, un alivio significativo a mediano plazo.

La Zona Euro, cuya previsión de crecimiento a principio de año era de +3.0%, tendría un nivel de recesión de -3%, lo que en términos reales significa una caída de un 6% de su Producto Interno Bruto (PIB), con pérdidas de empleos muy superiores a la sufrida durante la crisis de la burbuja inmobiliaria de 2008.

El motor económico de Europa, Alemania, que se ha regido por años con la regla más simple, pero eficaz del desarrollo (no gastar más de lo que se gana), tendrá que decirle adiós a una década de manejarse sin déficit.

La debacle de la economía española, probablemente llevará a ese país este año a los mismos niveles (o peores) de los vividos durante el año 2008 y por lo menos hasta el año siguiente con un nivel de desempleo por encima de un 20%.

La recesión del coronavirus también arropará a las economías Reino Unido, Italia, Francia y las del norte de Europa, como Países Bajos, Suiza, Suecia y Noruega, cuyas crisis económicas se agravarán aún más en el segundo semestre del 2020.

Estados Unidos de América, convertido en el epicentro de la pandemia, ha perdido en menos de dos meses, 36 millones de puestos de trabajo, seis veces más que los empleos perdidos durante la Gran Depresión, por lo que tardaría varios años acercarse al 3% de desempleo que tenía a mediados de marzo de este año, la mejor cifra en 65 años.

La economía estadounidense, sobre la que el FMI vaticinó que crecería este año, alrededor del 3%, después de la pandemia se estima que decrecerá un -4.0% del PIB en 2020, sin esperanza de retornar al crecimiento pleno en el año 2021.

China sería la única economía desarrollada que se mantendría en el carril de crecimiento, pero solo con 1.5% del PIB, muy lejos del 6 % previsto y del porcentaje similar que alcanzó en el 2019, por lo que se prevé que esa ralentización económica acarrearía mayores problemas a Europa y a naciones emergentes.

En el gigante asiático, la economía se contrajo, algo que no sucedía desde la década de los setenta, en el siglo pasado. 

Con estos datos escalofriantes, es obvio que estamos todos muy mal parados, porque cuando en esos países ricos hay “una borrasca financiera”, a las naciones pobres o “en vías de desarrollo”, nos esperan terremotos y otras catástrofes naturales, que nos causan el mayor daño y dolor posibles.

La propuesta de este artículo, no tiene la misma intención de aquel tonto ilustrado que se ufana diciendo: “Yo se los dije”, sino que es simplemente un llamado a la prevención y la actuación coordinada y solidaria. 

En Finlandia, por ejemplo, hay centros de almacenamiento de emergencia distribuidos por todo el país desde hace casi tres décadas, para hacer frente a las crisis creadas por posibles conflictos bélicos, problemas climáticos o ataques informáticos. Eso se llama prevención. 

Taiwán tiene una tasa de letalidad del Covid-19 muy por debajo de la de otros países, pese a estar a solamente 130 kilómetros de China, donde se originó la enfermedad.

Es un gran ejemplo que demuestra que no es tanto el dinero, sino la forma de trabajo y la cultura de un pueblo, lo que más importa en estos casos, pues, Estados Unidos de América, eclipsa Taiwán económicamente hablando y, sin embargo, el número de norteamericanos muertos es tal que (si esas personas fallecidas estuviesen vivas) podrían fundar una pequeña ciudad.

América Latina también sufriría un descrecimiento económico de -4.0%, en vez del 3% positivo que el FMI había vaticinado, un escenario que se agrava por la baja en los precios del cobre, petróleo y gas natural, y la reducción de las importaciones desde China, Estados Unidos y la Unión Europea.

Ya el Fondo Monetario Internacional habló de un colapso económico mundial, peor que el de la Gran Depresión del siglo XX, y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), pronostica para nuestra región la peor recesión de toda su historia. 

En consecuencia, vistas las cosas en su más cruda realidad, parece que nos esperan tiempos extremadamente difíciles.

La actividad comercial mundial está desangrándose. 

Debido al “Gran Confinamiento” (como ya empieza a llamarse históricamente), el comercio también está paralizado y los pequeños negocios se encuentran en el peor de los dilemas: endeudarse con préstamos o cerrar. 

En esa misma situación, caminado sobre arenas movedizas, se encuentran millones de personas en todo el mundo, con los pagos de las alícuotas de las hipotecas de sus casas o las cuotas mensuales de los créditos de sus automóviles.

La economía mundial no es un interruptor con el que se cambia de encendido a apagado al pulsar un simple botón.

Ni siquiera una vacuna hoy mismo, podría sacarnos de un día para otro del problema.

Esta situación no tiene solución en acciones individuales, ni en presidentes con falsas promesas mesiánicas. 
Solo en aquellos lugares en los que las personas trabajen unidas o en equipo, donde se hagan trabajos coordinados que involucren desde un humilde cabeza de familia hasta los más altos gobernantes o dirigentes empresariales y sociales, las personas podrán salir de esta crisis económica sin grandes pérdidas o mutilaciones de sus patrimonios. 

No hay, pues, mejor solución para esta crisis que aplicar las palabras de ese gran líder político estadounidense, Martin Luther King: “O trabajamos todos juntos como hermanos, o pereceremos todos juntos como idiotas”.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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