LATINPRESS.es © Periodismo de verdad, verdad.
Marbella, España.
Año 9. Marzo 2011 – Mayo 2020.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
 

 

   

Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress®. 5 / 5 / 2020. Fabrizio Reyes De Luca

   

La libertad de prensa, y el poder manipulador

 

Los medios tradicionales y formales, dígase periódicos, empresas de radio y televisión, enfocadas en la difusión de noticias, han sido por años, en su conjunto, los pilares que sostienen la libertad de prensa a nivel mundial.


Forman una capa de acero en el ecosistema de la información y de la crítica, muchas veces amenazada con ser perforada por la censura, por leyes restrictivas o por la supresión de medios de comunicación en regímenes dictatoriales o sus sucedáneos, las “democracias” desnaturalizadas, que no admiten libertades plenas de ningún género.


Si esta columna vertebral se resquebraja o se derrumba finalmente, al descomponerse el conjunto en un proceso de tránsito hacia el espacio digital multimediático, que ahora echa raíces en el planeta, el concepto de la libertad de prensa, basado en la libre e independiente operación de estos medios tradicionales, podría colapsar.


Las leyes o regulaciones que han servido de marco al ejercicio fehaciente y consciente de la libertad de prensa, no han traspasado en sentido general, los límites que puedan conducirla a su exterminio, salvo en los casos en que la truculencia de las dictaduras, la elimina abruptamente.


En estos tiempos de aldea global, la prensa no solo se esfuerza por sobrevivir ante la expansión del uso e influencia de los medios digitales en manos y control colectivo, sino también por preservar su compromiso de divulgar hechos y opiniones, bajo el abanico de eso que llamamos “verdad objetiva”.


Por el acelerado avance y transformación de la tecnología de la comunicación, puede decirse que el mundo pasa con facilidad por un estrecho agujero, tanto así que cualquier suceso se transmite al mundo, a través de una cámara y un audio manipulados por ciudadanos comunes.


La profesión de periodista o comunicador social, pierde importancia porque todos pueden serlo y lo son, si ese quehacer se limita a difundir hechos que se consideran relevantes, aun sin comprobar que son ciertos o lo que es peor, convencidos de que se trata de una información no contrastada.


Ninguna ley de control de lo que se difunde por las redes sociales, controlará a miles de millones de personas que transmiten o se expresan sin ningún tipo de condicionamiento ético o jurídico, pero con el poder de llegar a todo el orbe, desde un aparato celular.


El otro universo o espacio, que queda libre para el ejercicio de un periodismo independiente, exento de ataduras ideológicas y subordinaciones al poder, es el ecosistema digital, que tiene desde su origen un perfil más cercano al de un canal derivador de opiniones, inquietudes y desahogos de todos los individuos, con excepción de los diarios digitales que siguen los patrones de calidad, veracidad y confiabilidad del periodismo profesional.


Pero la propia atomización de ese ecosistema, aunque sea su más formidable ventaja, lo hace distanciarse sutilmente del paradigma clásico, la prensa independiente, sobre la cual, la libertad de informar y orientar de manera profesional, cobra valor y fundamento como herramienta clave de las democracias.


¿Qué es la verdad? ¿Cómo identificarla? Poder comprobar la veracidad absoluta de una información puede ser una quimera, porque la realidad, aunque se configura como objetiva, es decir, independiente a la voluntad de quien la describe, puede ser esencialmente relativa e innominada. 


Para el más inexperto, libertad de prensa es un concepto vinculado o aplicado al ámbito de los medios tradicionales de comunicación, de la misma manera que existen otras libertades aplicables a los derechos naturales del hombre, como el de tránsito, la vida, el trabajo, la salud, la educación, la asociación u organización, etcétera.


Todos, al final, son vinculantes en la configuración de una sociedad moderna y progresista. Suprimir o debilitar uno de ellos, significa un grave atentado al Estado de Derecho.


El verdadero poder no está en pretender mentir o acercarse a una realidad objetiva, sino en la administración de la información, porque quien lo ejerce tiene licencia para manipular los hechos o reencauzar opiniones y sentimientos, para lograr una comunicación de retorno conforme a los intereses particulares o grupales, que promueve y defiende.


Ese poder manipulador al que hago alusión, ha sido el que dividió a los periodistas y comunicadores sociales entre “recaderos” e “imparciales”, como forma de descartar o desdibujar la información u opinión que emane de una fuente ideológica contraria a sus pregones mediáticos. 


No me imagino en qué nivel de desuso pudiera caer la libertad de prensa, tal cual la hemos disfrutado y apreciado, a la hora en que los paradigmas en que ella se ha sustentado, desaparezcan como tales en el futuro, ahora incierto, de dichos medios de comunicación tradicionales.


Nuestra obligación es mantenerla viva y robusta, para que jamás muera, sea cual sea el escenario donde ella deba brillar con toda majestad y plenitud.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies