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Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress®. 5 / 6 / 2020. Fabrizio Reyes De Luca

   

La prensa en tiempos de crisis existencial

 

Los medios impresos y digitales luchan por sobrevivir a la estrepitosa caída de sus ingresos en medio de la pandemia del coronavirus, apelando a nuevas fórmulas creativas para sostenerse como canales confiables de información actual y veraz.

Echando a un lado el concepto de la competencia, por primera vez algunos medios afines (como televisoras y estaciones radiales o periódicos regionales) han acordado trabajar juntos, dividiéndose las tareas entre sus periodistas, como una manera de reducir costos.

En estos tiempos de crisis pandémica, las plataformas impresas y digitales trabajan con un mínimo de personal, en base a los que ocurre en sociedades donde rigen toques de queda de varias horas o cuarentenas que restringen las actividades normales.

En vista de que la caída de los ingresos por publicidad o suscripciones pagadas han mermado considerablemente, hay medios de comunicación que ofertan a sus tradicionales anunciantes publicidad futura (para cuando la vida vuelva a la denominada “nueva normalidad”) con significativos descuentos.

Los diarios que han levantado sus muros de pago por vía digital, asumiendo un sacrificio costoso para facilitar el acceso del público, ofrecen también grandes descuentos a los que quieran suscribirse por dos años. Otros, ofrecen dar regalos después de la pandemia, a los que se inclinen por este tipo de suscripción.

En varios países, incluido Estados Unidos de América, hay grupos de medios que están recurriendo al Estado, pidiendo incentivos que les permitan subsistir y mantener su vital compromiso de informar a los ciudadanos, en estos tiempos de crisis existencial.

La prensa escrita ha comenzado a sucumbir en muchos países, por causa directa de los estados de cuarentena que ha provocado la pandemia del coronavirus, imponiendo un sello de desolación humana en las calles y llevando al descalabro económico a los países más golpeados por su contagio masivo.

El efecto inhibidor más importante para los periódicos, ha venido por partida doble: por la pérdida casi total de la publicidad, que es la que genera ingresos para la sustentación editorial y por la ausencia de compradores en las vías o espacios públicos. Apenas cuentan con la fidelidad de sus suscriptores.

En un estado de forzoso aislamiento social o restrictivo de la movilidad humana, en el que se restringe la circulación de los vehículos que distribuyen medios impresos a los suscriptores y confina en sus casas a los trabajadores de la redacción y de las rotativas, no hay condiciones para mantener el montaje normal de todas las piezas indispensables para su producción.

Por tanto, la cuarentena también ha resultado ser catastrófica para una buena parte de los robustos diarios de antaño, que tradicionalmente han constituido la fuente de información y conocimiento de las sociedades y eficaces vehículos de la publicidad comercial en todo el mundo.

Tratando de esquivar la muerte total o la entrada en un estado de coma profundo, del que no se sabe cuándo podrían salir, esos medios impresos tradicionales, recurren al auxilio de su mejor anticuerpo para sobrevivir: el valor iconográfico de su marca y tradición, indelebles todavía en la mente y el corazón de sus lectores.

El estupendo ecosistema digital les ha permitido reproducir en sus plataformas de internet, el mismo formato del impreso, con la única diferencia de que no es palpable al sentido del tacto.

El valor iconográfico es lo que cuenta en esta complicada coyuntura, pues el lector no se distancia, ni visual ni emocionalmente de la imagen a la que está acostumbrado, y que permanece entroncada en su memoria histórica.

Si no hubiese existido ese hábitat digital, la desaparición física hubiese sido total, aunque quedase impregnada por mucho tiempo en la mente de los lectores.

El coronavirus, ciertamente, ha sido una plaga destructiva que no distingue objetivos.

La prensa escrita, en muchas partes, ha quedado en coma, más no muerta. Ojalá que podamos celebrar pronto su resurgimiento.

En la batalla contra la pandemia del covid-19, cuyo primer efecto ha sido el confinamiento forzoso de millones de ciudadanos, la prensa impresa tradicional, sobrevive apenas con las suscripciones pagadas y los diezmados ingresos de la publicidad.

En tres meses de cuarentenas totales o parciales que han llevado a la ruina o a un severo estado de descalabro económico la actividad productiva de muchas empresas, la única alternativa que tienen los periódicos es morir de inanición o sobrevivir a costa de mayores sacrificios financieros, pero sin muchas esperanzas.

Ya muchos dejaron de imprimirse y circular. Para poder hacerlo, bajo las mismas difíciles condiciones, han tenido que recurrir a la plataforma digital, su tabla de salvación, su mejor trinchera hasta ahora, aguardando por un futuro que dirá si la suspensión de sus ediciones físicas fue definitiva o temporal.

Los medios de prensa impresos han de volver a iluminar a la sociedad, con más energía, determinación y transparencia; y, en ese legado de lucha y constancia, deberán apoyarse en este duro trance para seguir subsistiendo, por más duras y difíciles que sean las circunstancias, ante esta nueva e inesperada guerra contra un enemigo común: la pandemia del coronavirus.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
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