LATINPRESS.es © Periodismo de verdad, verdad.
Marbella, España.
Año 9. Marzo 2011 – Abril 2020.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
 

 

   

Fabrizio Reyes de Luca
Ecuador.

   
   
 

LatinPress 9 / 4 / 2020. Fabrizio Reyes de Luca. Ecuador.

   

Occidente de rodillas ante China

 

Ante el Coronavirus de Wuhan, quedó en evidencia la incapacidad de grandes potencias y numerosas naciones para proclamar sus autonomías, en los términos consignados en sus Constituciones Políticas.

Unos fueros entendidos como capacidad interna para enfrentar riesgos sistémicos de gran envergadura, provenientes del exterior y en cualquier ámbito.

Estas erosiones las ilustra un concepto: ¡Terapia! También una imagen que las describe gráficamente: ¡Mascarilla!

Ambas procedentes de China o vinculadas a ella, de algún modo.

Si saber es poder, la aprehensión de conocimientos lo incrementa. Si poder es capacidad logística, la exclusividad productiva lo garantiza.

Consecuencias del saldo actual de estas relaciones de poderes, el mundo cae bajo una amenaza significativa: el desabastecimiento a corto plazo.

Con la otra cara de la moneda: el fortalecimiento de la dependencia de los mercados financieros a la economía de China.

Como consecuencia de las acciones permisivas, Estados y naciones atados de pies y manos, incapaces de suplir necesidades, en extendidos períodos de contingencia.

Lo previsible más temido: una guerra larga, de desgaste y sufrimiento. Agitación, inseguridad y crisis.

La pérdida de capacidad de maniobra en el plano de la supervivencia colectiva en las naciones del mundo, denuncia una rotunda falta de previsión en los líderes y gobiernos de todas las naciones de Occidente.

¿Quién tiene alimentos suficientes para poblaciones que deban ser recluidas durante un largo tiempo?

¿Quién tiene los recursos económicos de resguardo para enfrentar una situación de aislamiento colectivo dramático, como sugiere la Organización Mundial de la Salud, con la ciudadanía confinada en sus hogares?

Roturas y redefiniciones de los términos del contrato social se avecinan.

El anclaje económico de la “guerra de narrativas”, es lo que se viene en un mediano plazo.

Un escenario de tensiones en el que discurre claramente un ensayo a futuro. Las naciones dominantes de Occidente, lo aluden bajo la envoltura metafórica de fundamento semiótico-estructuralista de “guerra de narrativas”.

El Coronavirus, conocido científicamente como Covid-19, desnuda este escenario global y lo lanza sobre la mesa como trozo putrefacto.

Intencional o no, bajo éste subyace una advertencia aterradora, aunque por suerte finalmente revelada.

Bajo esa guerra de relatos o de narrativas, late la urgencia de recomponer las funciones existenciales definitorias del concordato social y los Estados: garantía de supervivencia y seguridad para los ciudadanos.

¿Qué nación está en mejores condiciones de perder más vidas, sin afectar su sistema económico y social, ni perder su capacidad de desempeño?

Observaciones silentes pese a que laten, fuertes y ruidosas, en el meollo de una crisis generada cuasi mundialmente por el Covid-19.

Obviamente, a estas alturas, las demás naciones del mundo deben estar entendiendo, el error carísimo de haber desarticulado sus industrias locales para trasladarlas a China, por unas cuantas monedas miserables y muchas veces corruptas que, en circunstancias como las actuales, alertan a los ricos que no estarán a salvo.

¡Desarticulada la capacidad mundial de producir hasta una mascarilla!

Se trata, además, de millones de empleos transferidos a favor de China, restados a cada nación del planeta.

También, y es peor, la incapacidad de sobrevivir como países en un marco de concesión de las funciones, que realmente posibilitan el desarrollo nacional: a través de la producción, como verdadera fuente de riquezas.

Es la vigencia de los fundamentos de la economía clásica y del marxismo en el centro de la estrategia de crecimiento del poder chino, la que trae a esa nación, a la voracidad universal de constituirse en productora mundial única, es decir, en la protagonista global de la producción, y exclusiva en la generación de riquezas.

En tanto, las demás naciones ataron su crecimiento a un eufemismo de fundamento monetarista, el gigante asiático, lo vinculó a su capacidad productiva.

El axioma es simple: quien no produce, se empobrece. La mano de obra, es la que genera la riqueza, lo quiera entender o no el sistema capitalista.

No son el comercio, la intermediación financiera ni los servicios, los que la crean. El ejemplo está hoy, dramáticamente, a la vista.

Negar a Carl Marx y Adam Smith tan radicalmente y colocar a John Maynard Keynes en la cúspide de la pirámide de la gestión financiera, con métodos económicos de los Estados consumistas; la conversión de las industrias en comercios; el desprecio a los trabajadores; la intolerancia ante sus aspiraciones de mayores derechos sociales, mejores condiciones de vida y de trabajo…

Todo ha venido a costar muy caro a las naciones occidentales, de cuyos líderes hoy, muestran vergüenza sus ciudadanos.

Era altamente previsible, para quienes jamás soslayaron las enseñanzas de los economistas clásicos y alemanes, que China se alzaría con el poder mundial.

Tenía la más densa mano de obra del planeta y, además, en condiciones de extrema pobreza. Cualquier cosa allí, sería mejor.

Cuando salgamos del agujero negro de esta pandemia, al final de este largo y mortífero túnel, Occidente perderá la supremacía mundial.

Quien tenga menos cruces en sus cementerios, demostrará mayor eficiencia administrativa, la Unión Europea y los Estados Unidos de América, quedarán mal parados.

Sus economías, misiles, porta aviones, submarinos y ojivas nucleares, no sirvieron para nada.

Hasta ahora, en China, epicentro de la pandemia del Covid-19, sólo hubo 3.300 muertos aproximadamente, según cifras oficiales.

En Europa y los Estados Unidos, con “los mejores sistemas sanitarios del mundo”, los muertos pasan hoy de 75.000, cantidad que aumenta cada día, a un ritmo vertiginoso.

Al final, Occidente emergerá con muchísimos muertos, su economía destruida y su población desmoralizada. China saldrá con relativamente poquísimos muertos, una economía sólida y una población más disciplinada y motivada.

Tras demostrar mejor manejo de la crisis, China quedará con la mayor población, el principal centro de producción y la economía más sólida del planeta. Nada podrá disputarle el liderazgo mundial.

Y lo ha hecho. Siendo previsible que siga haciéndolo, lo cual es cuestión de tiempo.

De prevalecer las mismas penalidades sobre producciones locales, China continuará robusteciéndose. Su poder estriba en tomar lo que puede. ¿Alguien quiere mostrar excepciones?

El Covid-19, creó una imagen: la de unas naciones desarrolladas y otras pobres, arrodilladas ante China. Ya no para alimentarse o vestirse, sino para sobrevivir a una pandemia.

Arrodilladas en terapia intensiva y con una mascarilla para protegerse.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies