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OPINIÓN
 
LatinPress®. 25 / 5 / 2019. España. Vicente Navas Casasola.

Yo Perdono, Tú Perdonas (O Nos Reímos Los Dos)

   

Volvemos a hablar de perdones. Nuestra amiga Blanca Nieves, de México, en este mismo digital, en fecha 9/5/2019 y a modo réplica a un  servidor, publica un artículo en el que, refiriéndose al Rey Felipe de España, señala: “Habrá que recordar que, en el festejo de la hispanidad celebrado un 15 de septiembre de 2015, fue el primero en hablar de perdones”, y, en este sentido, afirma Blanca Nieves, dijo Felipe: “Me gustaría recordar a los iberoamericanos (o sea, a los habitantes de América Latina) que España todavía está esperando que se disculpen por haber masacrado a miles de conquistadores inocentes. Si no hubiera sido por Colón, y Hernán Cortés, los latinoamericanos todavía no sabrían ni hablar”. Y, siguiendo con el relato de nuestra amiga, Felipe VI agregó a su discurso: “No digo que tengan que disculparse inmediatamente. Sé que ahora mismo estarán ocupados, probablemente canibalizando niños o bailando el perreo, pero exijo que cuando acaben, pidan perdón”.

Cuando leí esto, a mí por poco me da algo. Y es que yo, republicano de toda la vida, venía catalogando a este Felipe de España como el primer rey potable de los últimos 300 años, es decir, los años de la dinastía borbónica (de los anteriores, los Austrias, si eso, hablamos otro día). Lo venía considerando una persona valiente, trabajadora y con los principios, formas y valores adecuados al cargo que ocupa.

Eso sí, estamos hablando de un cargo hereditario, pero nadie es perfecto. Así que, volviendo al tema y, como se dice en mi país, de repente se me habían caído los palos del sombrajo. Traducido: me quedé hecho polvo.

Es que no me lo podía creer. ¡Esto era un escandalazo! ¿Cómo era posible que en España nadie hubiera levantado la voz ante semejantes barbaridades expresadas por nuestro mandamás? ¿En qué país de borregos vivía yo?

Estuve a punto de irme al Tíbet y hacerme monje tibetano para hacer eso de… ummmmmm… todo los días, a todas horas. Pero luego, después de preguntar por aquí y por allá, me enteré de que el día 15 de septiembre de 2015, que no es el Día de la Hispanidad, no sé a qué hora, nuestro Felipe estaba en los EE.UU, en la Casa Blanca, conversando con el entonces Presidente Obama, seguramente tomando un té con pastas, a la muy anglosajona manera, e iniciando un viaje oficial de cuatro días de duración a dicho país.

Con esta averiguación me fui tranquilizando, recuperé el color de cara y, poco a poco, la normalidad, iba volviendo a mi ser.

Pero la cosa no se podía quedar así. Había que investigar la procedencia del bulo, o sea, la fuente.

Me puse a buscarla en internet y en cuestión de segundos di con ella. ¡Acabáramos!, era la revista EL JUEVES, de fecha 12 de octubre de 2015, que sí es el Día de la Hispanidad, una publicación satírica, de un humor a veces ácido, siempre irreverente, y muy conocida en España, hecha por unos cachondos mentales y con la que yo a menudo me parto de la risa.

O sea, que el bulo no era tal, simplemente era una caricatura y por eso nadie en mi país le había dado otro valor que no fuera ese.

Es lo que tiene vivir en un régimen de libertades, entre ellas la libertad de expresión. En muchos países este tipo de publicaciones no están permitidas, pero en España sí. Por suerte.

Y ya, una vez repuesto totalmente del patatús, por curiosidad me entretuve en leer unos cuantos comentarios de los que suelen escribir los lectores en este tipo de publicaciones, y ahí por poco vuelvo a recaer.

Más de la mitad de los que pude leer se había tragado la “información” como verdadera y, como consecuencia de ello -como decimos por aquí-, al rey, a la monarquía, a España y a los españoles nos llamaban de todo, menos guapos.

Aunque, a decir verdad, también había comentarios que se empeñaban en convencer a los irritados lectores de que estaban equivocados al tomar por realidad lo que solo era una cachondada, una broma.

Pero para mí que no tenían mucho éxito. ¿Cómo se llamaba eso en psicología? Ah, sí, disonancia cognitiva. Es decir, la tendencia del individuo a no admitir, por lo menos fácilmente, cualquier nueva información que contradiga su propio sistema de creencias.

Pero, ojo, hay bulos y dibujos que, en ocasiones, originan leyendas. Saludos.


Lea: De perdones a distancia de años

Lea: De Perdones mexicanos


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