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OPINIÓN
 
LatinPress®. 25 / 2 / 2018. México. Blanca Nieves Palacios Barreda.


Si lo sabe México, que lo sepa el mundo


 

   

México, se encuentra en guerra,  en una cruenta guerra electoral, donde el arma principal, es el dinero.

En ésta, tan sui generis democracia, que nos hacen creer que tenemos, en éste sistema republicano tan distorsionado  que padecemos estoicamente los mexicanos,  como cada seis años, o cuatro, o tres, los ciudadanos entramos en una paranoia enfermiza;  tan manipulables nos reconoce la clase política que ostenta el poder, que,  son estos procesos de  elección,  de Presidente de la República, de Senadores, Diputados, y Gobernadores,  una verdadera acción de contención  de las inconformidades, de la indignación y el coraje  que están a flor de piel ante tanta corrupción, violencia, inseguridad y pobreza que se padece en éste país.

La recurrente estrategia de dividir no falla, y se da,  no solo entre los ciudadanos, sino entre familias enteras, amigos, compañeros, por el simple hecho de que las preferencias electorales son diferentes, aun cuando los candidatos tienen en común, ser parte, de décadas atrás, de esa clase política, que ha disfrutado de una vida de privilegios inocultables y contrastantes con la vida de la gran  mayoría de los mexicanos.

En México existe un grupo de millonarios que designan a quien sentarán en la silla presidencial. La clase política es en la que se sustentan los millonarios para seguir enriqueciéndose y mantener el absoluto poder;  los ciudadanos, son una clase subdividida, conformada por: trabajadores asalariados, entre los que se encuentran los profesionistas, Maestros, Doctores, Ingenieros, Arquitectos, Secretarias, Enfermeras, investigadores; los  campesinos, obreros, mineros, pescadores, albañiles, que no dependen de un ingreso seguro  y los pobres, que son una inmensa mayoría de entre los aproximadamente 125 millones de mexicanos que habitan éste país.

Bien fraguada la división, contamos con más de una docena de Partidos Políticos, con muchas organizaciones totalmente corporativizadas y oficiales, como la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM);  Confederación Nacional Campesina (CNC); Consejo Nacional de Organismos Rurales y Pesqueros (CNORP); Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM); Confederación Nacional de Organizaciones Populares ( CNOP), entre otras 1,700  organizaciones afiliadas al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Las organizaciones sindicales, son otra fuente de riqueza, pero solo para sus líderes, quienes suelen eternizarse en las Secretarias Generales y hacerse de grandes fortunas, en tanto los trabajadores, siguen con la misma precaria situación, a la que por lo visto se han acostumbrado, pues paradójicamente, los mismos trabajadores  son quienes los reeligen.

Se ha institucionalizado el llamado “dedazo”, que significa que, es el Presidente de la República quien designa a su sucesor, sin tomar en cuenta a los militantes de su Partido el PRI, pero es un engaño, eso lo deciden los hombres del poder y del dinero;  y en el resto de los Partidos, igualmente el líder y / o dueño de esa organización política, decide quién será o serán sus candidatos.

Todas estas organizaciones políticas, son sostenidas por la clase trabajadora, no por los  millonarios, y  es ésta misma clase trabajadora, la que les da a los Partidos para que arrojen migajas a los más desposeídos, para que vayan y emitan su voto.

Si en función del hartazgo ante tanto despilfarro, fraudes, represión y autoritarismo, la ciudadanía emite su voto en un sentido contrario al decidido por las altas cúpulas empresariales y la élite priista, y manda al carajo a su candidato oficial, son muchos los recursos que esconden bajo la manga, en complicidad con los Consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE), para cambiar el resultado de las votaciones, y no les importa rayar en el cinismo, el impudor,   el autoritarismo y la represión misma, para sentar en la silla presidencial a quien les garantice su permanencia en el poder.

Esto ha ocurrido, en varias ocasiones, el más destacado fraude electoral, fue el perpetrado en favor de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa  (2006-2012), quien dijera ante el señalamiento de su evidente fraude: “yo gane, haiga sido como haiga sido”.

Si  todo lo señalado hace un gran daño al país, mucho más daño causa,  la indiferencia y el olvido fácil de los ciudadanos, y su proclividad a un sentido del humor, que raya en lo grotesco.

Bien cabría preguntarnos, en éste kafkiano país, ¿quién es más de culpar, el que pisa o el que se deja pisar? bnpb146@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 

 


 
     
 
LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales. Marbella, Andalucía, España. Año 6. Marzo 2011 – Febrero 2018.

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