Semana Santa: 82.85% en ocupación hotelera
AEHCOS • 6 de abril de 2026
La Costa del Sol cierra la Semana Santa con una ocupación del 82,85% y desmonta los discursos de desgaste.
Marbella. -
El 82,85% de ocupación, confirmada por la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (AEHCOS) no es solo un buen dato, también revela las tensiones de un modelo turístico cada vez más dependiente de factores externos.
Esta Semana Santa no ha sido únicamente un éxito, también ha valido como la contradicción sobre lo que apenas unos días antes del inicio del periodo festivo, AEHCOS advertía de una caída superior al 25% en las reservas en el litoral malagueño, con desplomes de más del 30% en la capital, Málaga.
Aquella alerta no era menor: apuntaba directamente a una debilidad estructural, la del turismo nacional, que tradicionalmente ha sostenido estos picos de demanda. Señalando como principal razón de la retracción la ausencia del AVE.
Lo ocurrido no desmiente esa advertencia pero la matiza. El turismo internacional —casi el 78% del total— actuó como red de seguridad, compensando una demanda interna debilitada y dejando una pregunta persistente e incómoda: ¿es sostenible un modelo que necesita ser rescatado por el visitante extranjero cada vez que falla el mercado doméstico?
Además, el frente político añadió otra capa de complejidad. Desde Marbella, el portavoz municipal Félix Romero había elevado el tono días antes, defendiendo una estrategia de presión contra el Gobierno central por el retraso en la conexión de alta velocidad.
No estaba solo: la Junta de Andalucía llegó a plantear la vía judicial, mientras la Diputación de Málaga reclamaba “dimisiones o ceses”. La infraestructura ferroviaria, convertida en símbolo político, pasaba así al centro del debate turístico.
El éxito de ocupación durante la Semana Santa permite crear un discurso en dirección contraria: si el destino ha sido capaz de rozar el lleno pese a la desconexión ferroviaria, qué va a suceder con la estrategia, los tribunales y los ceses anunciados.
La respuesta, aunque parece evidente, no lo es porque un buen resultado no invalida una queja, la pospone, pero descompone la presión tripartita aunque nazca de una preocupación real, diluye un discurso montado para mantener el desgaste nacional. En política turística, el corto plazo suele ser un aliado engañoso. Lo que queda, tras el ruido y las cifras, es un modelo que funciona, pero con condiciones.
Depende del clima. Depende del mercado internacional. Y depende, cada vez más, de infraestructuras que no siempre están a la altura de su demanda.
La Semana Santa de 2026 no ha sido un fracaso del que preocuparse, ni un éxito que permita relajarse. Ha sido, más bien, una advertencia envuelta en buenos números que ha dejado mal parados a unos cuantos patriotas.

Marbella. — El Ayuntamiento ha reforzado su estrategia de prevención de incendios forestales con la aprobación de dos nuevos planes de autoprotección en zonas especialmente expuestas, una medida que consolida un modelo basado no solo en la planificación pública, sino en la corresponsabilidad vecinal. La decisión, anunciada por el portavoz municipal Félix Romero, forma parte de un programa que acumula más de seis años de desarrollo y que prevé alcanzar los 174 documentos aprobados antes del final del verano. Los nuevos planes afectan a Las Cumbres de Elviria y a Sierra Blanca, dos urbanizaciones enclavadas en laderas boscosas donde el riesgo se intensifica tras un año de abundantes lluvias. La paradoja es conocida: cuanto más verde el paisaje, mayor la carga de combustible en los meses de calor extremo. En ese contexto, el Ayuntamiento defiende haber delimitado prácticamente todas las zonas de peligro y haber articulado un sistema de alerta temprana. Pero el elemento más significativo no es técnico, sino político. Cada plan de autoprotección establece con precisión qué deben hacer los residentes, las comunidades de propietarios y los gestores privados en caso de emergencia. Aunque supervisados por los servicios municipales y de extinción, estos documentos trasladan parte de la responsabilidad operativa a quienes habitan esos espacios. En términos pragmáticos, la implicación vecinal tiene ventajas claras. En entornos urbanos dispersos, donde las urbanizaciones se adentran en el monte, la capacidad de respuesta inmediata es crucial. Los residentes son los primeros en detectar humo, los primeros en intervenir en tareas básicas de contención y, en muchos casos, quienes mejor conocen la configuración del terreno. La autoprotección, bien diseñada, puede reducir tiempos de reacción y evitar que pequeños conatos se conviertan en incendios de gran escala. Además, existe una cuestión de fondo sobre el alcance de lo público. La prevención y gestión de incendios forestales, especialmente en territorios donde la urbanización ha avanzado sobre zonas naturales, es tradicionalmente una competencia estructural de la administración. Cuando esta responsabilidad se comparte —o se desplaza parcialmente— hacia los vecinos, puede interpretarse tanto como una estrategia de eficiencia como una señal de los límites institucionales para cubrir un territorio cada vez más complejo. En Marbella el crecimiento urbanístico ha estrechado la frontera entre la ciudad y el monte, así que los planes de autoprotección no son solo una herramienta técnica, son también un reflejo de un modelo de ciudad que ha externalizado parte de sus riesgos. Funcionan, en el mejor de los casos, como un sistema de cooperación. En el peor, como un parche que traslada al ámbito privado lo que antes era una obligación inequívocamente pública.








