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OPINIÓN
 
LatinPress®. 21 / 6 / 2019. México. Blanca Nieves Palacios Barreda.

Religión, Educación y Simulación


 

   

Suele ocurrir que, abordar temas de religión y política, ni en familia es bueno; pero cuando se trata de violaciones a las leyes que enmarcan a una sociedad, eso es no solo un derecho, sino una obligación ciudadana denunciarlas.

Recientemente en México se dio a conocer que el Instituto Federal de Telecomunicación otorgó dos títulos de concesión a una organización religiosa, denominada, “Visión de Dios, A.C.”; para los conocedores queda claro que, esta organización es una prestanombre de alguna institución religiosa por un importante motivo, las iglesias no pueden por ninguna razón ser concesionarias de ningún medio de comunicación, salvo el escrito.

Y esto está señalado con claridad meridiana, en la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, que a la letra dice: “Art. 1. “La presente Ley fundada en el principio histórico de la separación del Estado y las iglesias, así como en la libertad de creencias religiosas, es reglamentaria de las disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en materia de asociaciones, agrupaciones, iglesias y culto público. Sus normas son de orden público y de observancia general en el territorio nacional”.

A la luz de todos, esta ley viene siendo violada cada día, las veinticuatro horas, pero es tal la obnubilación que la fe produce, que todos los fieles se quedan callados, y pocos son los que abordan el tema y menos exigen el cumplimiento a cabalidad de dicha Ley.

Los miembros de cualquier culto religioso saben que están recurriendo al engaño, y mienten a sabiendas de que, -según sus creencias- es pecado mentir; desde hace muchos años todos los cultos religiosos, sobre todo la católica, apostólica y romana, cuentan con sus programas televisivos y radiofónicos, con sus enormes fiestas religiosas fuera de los templos, largas manifestaciones de fieles, cada vez que se festeja a una Virgen o “Patrona” del lugar, a pesar de que la Ley señala que toda actividad propia de su culto religioso se debe de realizar en los templos.

Las autoridades por cuestiones no de fe, sino políticas, permiten tales violaciones a la ley, pues el mantener buenas relaciones con los ministros, apóstoles, sacerdotes, excelencias o señorías, según sea la religión, les reditúa votos.

Otro tanto ocurre en lo que a la impartición de la educación se refiere, pues es bien sabido que ésta, constitucionalmente, debe ser: gratuita, obligatoria y laica.

Este precepto dejó de cumplirse hace muchos años, pues no contempla, ninguno de esos mandatos constitucionales, la impartición de la educación.

Es tal el descaro en el que incurren los jefes de las iglesias, que, por recurrente ya se ve normal, y vemos a monjas y sacerdotes, en sus enormes colegios cuyos nombres no dejan lugar a dudas, por ejemplo: “Colegio de San Patricio”; “Colegio de la Santísima Trinidad”; “Colegio Guadalupano”, etc, etc, etc, y en sus promocionales dicen sin temor alguno a las autoridades: “se imparten principios religiosos”.

Todo esto nos habla de la poca importancia que se le da a la verdadera educación científica y tecnológica, de la formación con valores de respeto a las normas y leyes de la sociedad en la que vivimos, tanto por parte de las autoridades que elegimos como a los representantes de las iglesias, que no elegimos.

Recordar a dos grandes escritores para que los gobernantes los tengan presentes se hace imprescindible: Sostenía el escritor ruso, Maxim Gorki: “La búsqueda de Dios es una ocupación inútil, pues no hay nada que buscar donde nada existe. Los dioses no se les busca, se les crea”.

Por su parte el destacado escritor, novelista, poeta, periodista y dramaturgo portugués, José Saramago, que nos dejó su pensamiento sobre este espinoso tema, decía: “no creo en Dios y no me hace ninguna falta, por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente pasa fácilmente a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a otros, por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar; no creo en Dios, no lo necesito y, además, soy buena persona”.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es bnpb146@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 

 


 
     
 
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