La Colonia Agrícola de San Pedro Alcántara
Isabel Pérez y Pepe Bernal • 13 de abril de 2026
PSOE Marbella presentará una moción para la puesta en valor del patrimonio fundacional de San Pedro Alcántara.
San Pedro Alcántara. Marbella. -
En muchas ciudades del sur de Europa, el progreso no llegó en oleadas, sino en avalanchas. Eso es lo que ocurrió en San Pedro Alcántara, donde el desarrollo turístico y urbanístico del último medio siglo no sólo ha transformado el paisaje, sino que ha borrado gran parte de su pasado.
Lo que propone la portavoz socialista en Marbella, Isabel Pérez, es proteger los pocos vestigios de su origen colonial, una especie de intento tardío de reconciliación con la historia.
La colonia agrícola fundada en 1860 por Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen fue, en su momento, un experimento avanzado: una combinación de innovación técnica, organización social y ambición industrial poco común en la España de la época.
No era solo un proyecto económico; era un modelo de asentamiento planificado, con iglesia, viviendas, administración y fábrica. En otras palabras, un embrión urbano completo.
Hoy, ese sistema apenas sobrevive en fragmentos. La iglesia, la villa San Luis, el antiguo economato y la alcoholera no son simplemente edificios antiguos. Son las últimas piezas de una estructura coherente que ya no existe.
Su valor no radica tanto en su arquitectura individual como en lo que representan en conjunto: una forma de entender el territorio, el trabajo y la vida comunitaria en el siglo XIX.
Para Pérez, proteger estos inmuebles implica reconocer que la ciudad moderna creció, en buena medida, a costa de su propia memoria.
Desde los años 60, el auge inmobiliario convirtió el suelo en un recurso económico antes que en un archivo histórico. Lo que no generaba rentabilidad inmediata desaparecía. Y así, el relato fundacional de San Pedro fue quedando relegado a estudios académicos y a la memoria oral.
Cuando una ciudad necesita proteger con urgencia lo poco que queda, es porque durante décadas no lo hizo. En ese sentido, la moción no sólo mira al pasado; también evidencia una forma de gestionar el presente.
Sin embargo, existe otro riesgo, la patrimonialización puede convertirse en un gesto simbólico vacío si no va acompañada de una estrategia real de integración urbana.
El verdadero desafío no es conservarlos, sino devolverles su significado dentro de la ciudad contemporánea.
Isabel Pérez quiere que se inste a incluir en el Catálogo de Patrimonio Histórico cuatro edificios clave del origen colonial de San Pedro Alcántara, porque el origen de la actual estructura urbana, así como su identidad como núcleo de población, están ligados a la figura de Manuel Gutiérrez, marqués del Duero, impulsor de la Colonia Agrícola de San Pedro Alcántara.
La colonia agrícola no fue concebida sólo como un espacio productivo, sino que articuló un conjunto de infraestructuras capaces de acoger tanto a la familia del promotor como al numeroso personal empleado en las labores agrícolas y administrativas.
Este conjunto edificado constituye, dijo Pérez, el embrión de la estructura urbana que, con el transcurso de los años y las sucesivas modificaciones en la ordenación del territorio, ha dado lugar a la localidad que hoy conocemos como San Pedro Alcántara.

Marbella. — El Ayuntamiento ha reforzado su estrategia de prevención de incendios forestales con la aprobación de dos nuevos planes de autoprotección en zonas especialmente expuestas, una medida que consolida un modelo basado no solo en la planificación pública, sino en la corresponsabilidad vecinal. La decisión, anunciada por el portavoz municipal Félix Romero, forma parte de un programa que acumula más de seis años de desarrollo y que prevé alcanzar los 174 documentos aprobados antes del final del verano. Los nuevos planes afectan a Las Cumbres de Elviria y a Sierra Blanca, dos urbanizaciones enclavadas en laderas boscosas donde el riesgo se intensifica tras un año de abundantes lluvias. La paradoja es conocida: cuanto más verde el paisaje, mayor la carga de combustible en los meses de calor extremo. En ese contexto, el Ayuntamiento defiende haber delimitado prácticamente todas las zonas de peligro y haber articulado un sistema de alerta temprana. Pero el elemento más significativo no es técnico, sino político. Cada plan de autoprotección establece con precisión qué deben hacer los residentes, las comunidades de propietarios y los gestores privados en caso de emergencia. Aunque supervisados por los servicios municipales y de extinción, estos documentos trasladan parte de la responsabilidad operativa a quienes habitan esos espacios. En términos pragmáticos, la implicación vecinal tiene ventajas claras. En entornos urbanos dispersos, donde las urbanizaciones se adentran en el monte, la capacidad de respuesta inmediata es crucial. Los residentes son los primeros en detectar humo, los primeros en intervenir en tareas básicas de contención y, en muchos casos, quienes mejor conocen la configuración del terreno. La autoprotección, bien diseñada, puede reducir tiempos de reacción y evitar que pequeños conatos se conviertan en incendios de gran escala. Además, existe una cuestión de fondo sobre el alcance de lo público. La prevención y gestión de incendios forestales, especialmente en territorios donde la urbanización ha avanzado sobre zonas naturales, es tradicionalmente una competencia estructural de la administración. Cuando esta responsabilidad se comparte —o se desplaza parcialmente— hacia los vecinos, puede interpretarse tanto como una estrategia de eficiencia como una señal de los límites institucionales para cubrir un territorio cada vez más complejo. En Marbella el crecimiento urbanístico ha estrechado la frontera entre la ciudad y el monte, así que los planes de autoprotección no son solo una herramienta técnica, son también un reflejo de un modelo de ciudad que ha externalizado parte de sus riesgos. Funcionan, en el mejor de los casos, como un sistema de cooperación. En el peor, como un parche que traslada al ámbito privado lo que antes era una obligación inequívocamente pública.

Marbella. - En Marbella, algunas promesas urbanísticas no desaparecen: se diluyen. A comienzos de la década de 2010, la ya alcaldesa Ángeles Muñoz anunció una transformación que aspiraba a redefinir la entrada de la ciudad. La aprobación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU), dijo, abriría la puerta a una de las actuaciones más relevantes de España: la reconversión del polígono industrial La Ermita. El planteamiento era ambicioso: más de 1,6 millones de metros cuadrados serían reorganizados para sustituir un tejido industrial envejecido por un gran centro de negocios, acompañado de vivienda —incluida protección oficial— y amplias zonas verdes. Junto a estas actuaciones, se contemplaba la ampliación del Puerto La Bajadilla y la creación de las estaciones de autobús y tren, proyectos competencia de la Junta de Andalucía a los que, se comprometió “exigir su ejecución”, afirmaba Muñoz. Las empresas serían trasladadas a La Serranía, un nuevo espacio productivo de 850.000m², más del doble que el polígono existente (350.000m²). Habló de una planificación sobre el número de naves que se trasladarían y qué tipo de actividad desarrollarían, asegurando que los empresarios dispondrían del espacio suficiente para toda su actividad, “ una vez que se desarrollara y urbanizara ”. El tiempo prometido, hasta que se produjera el traslado, era de cinco años. Hoy, el reciente incendio en La Ermita ha obligado a recordar que la ciudad sigue enfrentando un problema que decidió posponer. El polígono, con orígenes que se remontan al menos a los años setenta, recordaba el portavoz del Gobierno de Marbella, Félix Romero, evidencia las limitaciones de un modelo industrial superado. Calles estrechas, densidad excesiva, escasa capacidad de expansión y malas conexiones, configuran un entorno poco compatible con actividades de mayor valor añadido. La implantación de empresas tecnológicas o industriales avanzadas no es solo difícil; en muchos casos, es inviable en un espacio ya superado por el tiempo. La obsolescencia física, sin embargo, no cuenta toda la historia. La Ermita ya no funciona como un polígono industrial en sentido estricto, nos dijo Romero, estimando que cerca de un 80% de su actividad está vinculada al sector servicios y al soporte del turismo: talleres, almacenes, pequeñas empresas auxiliares. Es un espacio que sostiene la economía real de la ciudad, aunque no encaje con su relato de futuro. Pese a ello, la cuestión de su futuro sigue sin una respuesta clara. No existe, por ahora, un estudio público concluyente ni un proyecto definido que marque una hoja de ruta. Lo que sí ha sido constante, según reconoció Romero, es el planteamiento histórico de trasladar el polígono a una ubicación más adecuada. Una idea que, sin embargo, nunca ha llegado a materializarse, quedándose en la pura retórica. No existe un estudio público concluyente, ni un proyecto definido, ni un calendario creíble. La explicación oficial dada a Latinpress.es apunta a la incertidumbre urbanística, marcada por la ausencia prolongada de un PGOU plenamente desarrollado. Una carencia que ha servido como argumento para aplazar decisiones estructurales. El resultado es que Marbella vive en un equilibrio precario, necesita el suelo que ocupa La Ermita para responder a la creciente presión residencial y a su modelo de crecimiento. Pero también necesita las empresas que operan en ese espacio, cuyo desplazamiento sin alternativas viables tendría un impacto inmediato en el funcionamiento cotidiano de la ciudad. Reordenar el polígono, por tanto, no es solo una cuestión urbanística, es una intervención directa sobre su modelo económico. Implica decidir si Marbella quiere —y puede— diversificar su base productiva o si, por el contrario, continuará profundizando en su especialización turística, reorganizando sus infraestructuras para servir a ese objetivo. Latinpress.es fue claro en su pregunta al portavoz: ¿Qué Futuro tiene en Marbella un nuevo polígono industrial? ¿Hay algún estudio o proyecto? Romero fue cauto: Mire, el polígono, evidentemente adolece de planificación, algo propio de infraestructuras de este tipo que se hacían en aquellos años y que hoy generan problemas de los que somos todos conscientes. La Corporación, desde siempre, ha tenido el planteamiento del traslado del polígono, es una cuestión que se ha planteado en infinidad de ocasiones y que sin embargo, ha chocado con la situación urbanística, con la ausencia de Plan General etcétera. Estoy convencido de que es algo que tendrá que debatirse y hablarse, por supuesto, con todos los propietarios, de forma que sea beneficioso para todo el mundo. Será una de las cuestiones que habrá que abordar cuando estemos en una fase más avanzada de la planificación urbanística. Latinpress.es ¿Ha dicho que, cuando exista el nuevo plan general, será cuando tendrá cabida la discusión de este desarrollo? No exactamente, lo que he querido decir es que en otro momento de la fase de elaboración del Plan General, puede tratarse este tipo de casos. Siempre se ha planteado la posibilidad del traslado del polígono porque Marbella está necesitada de suelos, para sus empresas y para la vivienda y, también está necesitada de una planificación lógica acerca de esos polígonos industriales que tenemos. Hablo de todos los polígonos que hay en Marbella. Hay que reordenar. Hay que planificar. Y hay que ubicar en los sitios pertinentes los distintos polígonos del municipio. Es un tema que deberá ser tratado, probablemente, en un estadio distinto del que estamos ahora mismo en cuanto a la tramitación del plan. Las empresas instaladas son necesarias y no pueden ser desplazadas sin alternativas viables. El debate, por tanto, trasciende lo urbanístico. La situación de La Ermita plantea muchos interrogantes, uno es sobre el modelo de ciudad al que se aspira y otro, si las autoridades locales y regionales están dispuestas a diversificar su economía y atraer nuevas actividades productivas.







