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OPINIÓN
 
LatinPress®. 26 / 10 / 2019. España. Vicente Navas Casasola.

Mis queridos ingleses

   

“Nos tenían que haber conquistado los ingleses” (frase pronunciada por Camila y que al que suscribe da pie para hacer una breve reflexión sobre el tema).

En un reciente viaje turístico y familiar para conocer la ciudad española de Sevilla (qué maravilla) hicimos una visita, con guía contratado, al celebérrimo Barrio de Santa Cruz.

Allí conocimos a Camila, uruguaya, persona agradable, simpática, y que, al final del recorrido, con la confianza adquirida en el breve espacio temporal de una hora (más o menos) nos soltó así, de sopetón, la frase que encabeza este artículo: “Nos tenían que haber conquistado los ingleses”.

Como el tiempo no daba para más nos despedimos todos con los dos besitos de rigor y adiós.

Pero yo me quedé pensando en esa frase y volvieron a rondar en mi cabeza, una vez más, las palabras “descubrimiento”, “conquista”, “encuentro”, “leyenda negra”, etc.

Volvían mis recuerdos, de niño y adolescente, en el colegio, cuando en lo referido a la conquista de América, fui educado en la versión de lo que en la actualidad se viene denominando “leyenda rosa”, que, como sabemos, adolece de una visión demasiado edulcorada de los hechos acontecidos en aquellos tiempos.

Luego vinieron las etapas juveniles (y no tan juveniles) del anticapitalismo, el antifranquismo, la militancia clandestina, el internacionalismo y algunas otras más que, para no aburrir al personal me las guardo con mucho cariño.

Pero, en lo referido a este tema, creo que sí debo profundizar un poco en ello, ya que, a estas alturas de la Historia se suponía que las personas con cierto grado de formación y conocimientos (y nuestra amiga Camila aparentaba tenerlos) estarían mejor informadas.

Por una parte, y sobre la conquista, hoy en día están a disposición de todo el mundo las evidencias ofrecidas por los numerosos descubrimientos arqueológicos.

Por otra parte, tenemos las aportaciones de muchos y buenos historiadores e investigadores acerca del papel (papelón) histórico de ingleses y angloamericanos en la América que un día fuera española.

Es decir, mucho de todo “aquello” ya salió y/o está saliendo a la luz. Pero hay que querer verlo (recordemos las disonancias cognitivas).

Quería yo saber también si, en la actualidad, era el sentir de pocas personas, muchas o, quizás, multitudes. Y me puse a la tarea. Venga y venga a leer artículos y estudios de todo tipo, de todas las tendencias.

Así llegué a la “brillante” conclusión de que hay muchísimas personas que tendrían que leer más. Pero también es cierto que el tema está mejorando bastante.

Aquí hago un alto y me quito el sombrero ante María Elvira Roca Barea y su libro “Imperiofobia y Leyenda Negra”, todo un hito, Vamos, un antes y un después.

Bien, pero volviendo al tema del encabezamiento. Si hubiéramos dispuesto de un poco más de tiempo, ¿qué le hubiera dicho yo a nuestra amiga uruguaya? Pues fácil: “Camila, no te preocupes, los ingleses ya os conquistaron hace mucho tiempo”.

Vamos a ver, dicho así, a algunos puede parecerles una majadería, pero yo creo que tiene su puntito de verdad.

Los ingleses, cual gato golosón, ya le habían echado el ojo a la España americana mucho antes de que se produjeran las independencias.

Plasmado quedó por escrito en fecha tan lejana como 1711, en lo que se llamó “A proposal for humbling Spain” (“Una propuesta para humillar a España”).

Pero tuvieron que pasar todavía muchos años, porque Las Españas, para entonces, todavía eran demasiado para su body.

Como ya sabemos, el primer intento serio de invasión por parte anglosajona se produjo en 1741 en Cartagena de Indias. Y no les pudo ir peor. También lo intentaron en 1806 ocupando Buenos Aires, siendo expulsados; y en 1807, cuando en Montevideo y otra vez en Buenos Aires les dijeron que tururú. Así que adiós a la idea de invadir militarmente el Virreinato del Río de la Plata.

Pero entonces se les ocurrió un plan que a la postre no les salió tan mal.

Pensaron que, si no podían hacerlo de esa manera, aplicarían su experiencia en corromper élites económicas, financieras y militares. Y a ello se dedicaron en vez de poner de nuevo en marcha el plan de invadir por las bravas.

Así no tuvieron que enfrentarse a una población que no estaba por la labor. De esta forma se hicieron con el comercio y las riquezas con que fueron obsequiados tan generosamente en pago a su ayuda económica y militar.

También, de paso, y para evitar en el futuro uno a varios enemigos de alguna importancia en la zona, contribuyeron decisivamente a dividir a pueblos hermanos, resultando de ello veinte naciones que, encima, a menudo guerreaban entre ellas, y que pasaron a convertirse en meros proveedores de materias primas para ellos (a bajo precio, of course).

Desindustrializadas, subdesarrolladas, débiles y con poca o nula influencia en el mundo. Luego su alter ego, los angloamericanos, también se apuntaron a ese mismo carro.

Ah, que no se me olvide. Como consecuencia de la suicida división de lo que había sido la España americana, los amigos del norte robaron a México más de la mitad de su territorio.

Y en Sudamérica, los vecinos brasileños (que no se habían dividido), se envalentonaron y pillaron también su parte.

Es lo que hay, Camila.


Colaboración especial para LatinPress®. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress

   
 

 


 
     
 
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