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OPINIÓN
 
LatinPress®. 31 / 5 / 2019. México. Blanca Nieves Palacios Barreda.

 Las empoderadas


 

   

Este mes de mayo de 2019, fue un día glorioso para un grupo de mujeres dedicadas a la política y, que se han dedicado, a vivir de…la política…literalmente.

Al haber sido aprobadas las reformas en las cámaras alta y baja, los artículos: 2, 4, 35, 41,52, 53, 56. 94 y 115 en la que se establece que, en los 3 niveles de gobierno y las instituciones oficiales deberá haber paridad en el reparto de puesto; vemos los ciudadanos que las mismas mujeres que siempre  han ocupado los cargos de: diputadas, senadoras, secretarias de estado, ministras, etc.,  se frotan las manos, porque ahora sí, no habrá manera de que las saquen del presupuesto del erario federal.

Y no se trata de denostar el esfuerzo de aquellas mujeres que han luchado durante la mayor parte de su vida porque en nuestro país, México, exista: igualdad, respeto, libertad y bienestar para todos los mexicanos, porque esas mujeres no ocupan puestos políticos, ni escaños en las cámaras de diputados y senadores.

Las verdaderas luchadoras sociales, honestas a carta cabal, que aman entrañablemente a su país, no están en ese grupo de mujeres, que llegan diariamente a ocupar sus curules, algunas con sus ajustadas faldas cortas y blusas con amplios escotes, ávidas por demostrar, los arreglos que con las cirugías plásticas han logrado; otras con vestimentas muy elegantes, luciendo joyas que no cualquier mujer puede comprar, con deliciosas fragancias y nuevos vehículos.

Con eso de, “su lucha”, por mantener sus altos salarios, mucho más que lo devengado por el presidente de la República, nos dicen cuáles son sus prioridades y todo lo que en realidad les importa, la cuarta transformación, de la que se nos habla día con día.

No tengo duda de que, entre ese conglomerado de mujeres habrá alguna valiosa, lamentablemente son la honrosa excepción de lo que podríamos presumir los mexicanos, y que no son las que aparecen todos los días frente a las cámaras de televisión, dando entrevistas por aquí y por allá. 

Basta ver quienes conforman nuestras cámaras de diputados y senadores: Beatriz Paredes; Josefina Vázquez Mota; Xochitl Galvez; Martha Lucía Micher; Dulce María Sauri; Dolores Padierna; Patricia Mercado; Kenia López; Verónica Delgadillo; Clara Brugada; Tatiana Clouthier; Alejandra Barrales; solo por mencionar algunas, la gran mayoría de esas “defensoras” de la paridad de género, han sido diputadas, senadoras y alcaldesas, en múltiples ocasiones, organizadoras de sus propios partidos, que al no alcanzar el porcentaje requerido, les retiran el registro y vuelven a formar otro, porque los subsidios y prerrogativas son substanciosos y dan para un muy buen vivir.

Hemos visto por muchos años que estos personajes ven en el quehacer político una manera de obtener recursos económicos para vivir, como no vivirán los millones de mujeres que dicen representar en esos cargos a los que se han hecho adictas, menos aún se interesaran por el bienestar de millones de hombres que viven en la miseria, y de los que también son sus representantes, con paridad o sin ella.

Resulta caricaturesco, por lo imitativo de la acción de los hombres, políticos falsos, el ver a una Jefa de Gobierno de México, Claudia Sheinbaum, a una alcaldesa, Clara Brugada, a una gobernadora, Cludia Artemiza Pavlovich, intentando levantar una pala con cemento y una carretilla con arena, “construyendo una obra”; claro con los fotógrafos tras ellas, reproduciendo la acción en los medios de comunicación.

En México, como en cualquier parte del mundo, existen mujeres que han destacado por su inteligencia, su valor, su entereza y honestidad y no han requerido del soterrado apoyo de varón alguno, para llegar a ocupar puesto alguno, porque su trabajo habla por ellas.

Quienes nos hablan de: “la lucha de las mujeres por la paridad de género”, no son sinceras porque aún existe aquí, en nuestro país, una enorme división de clases; no les pasa por su bien peinados y pintados cabellos que portan sobre sus cabezas, la idea de trabajar preparando cuadros, para que, terminado su periodo en esos cargos de representación popular, sean otras mujeres las que ocupen esos espacios de poder a los que están tan acostumbradas, y que hacen lo que se tenga que hacer, para permanecer ahí dándose una vida de reina, en un país republicano.


Y como dijera el reconocido Ingeniero, Heberto Castillo (qepd): “el gusto de ser diputado dura cuatro años, pero la vergüenza, dura toda la vida”, yo agregaría: cuando se tiene.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es bnpb146@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 

 


 
     
 
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