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OPINIÓN
 
LatinPress®. 18 / 11 / 2019. México. Blanca Nieves Palacios Barreda.

El enigmatico poder de la silla presidencial


 

   

Ricardo Flores Magón, periodista con una clara visión sobre los acontecimientos de la Revolución de 1910, escribiría: “El 6 de diciembre de 1914, Pancho Villa y Emiliano Zapata, entraron triunfantes a la ciudad de México; momentos antes de ingresar al Palacio Nacional, Zapata le había pedido a su hermano Eufemio, que fuera directamente  hacia la silla presidencial, y que no permitiera que nadie se sentara en ella, debido a las fuertes consecuencias ideológicas y simbólicas que esto podría implicar”

“No es difícil imaginar el tremendo disgusto que se llevó cuando Pancho Villa, se acomodó plácidamente en el trono de oro”; Zapata le diría después a Flores Magón: “debimos quemar ese trono cuando pudimos”.


Pero necesariamente, en cualquier país del mundo, alguien debe de detentar el poder sea el tipo de régimen que se tenga; para quienes tienen un régimen monárquico, seguramente se acostumbraron a tener Reyes y Reinas, Duques y Duquesas, Condes y Condesas, toda una corte imperial que el pueblo mantiene, de ahí que en pleno siglo XXI, varios países tienen esos personajes como la máxima autoridad.

En los países en los que se rigen por un sistema Republicano, son tres las instancias las que detentan el poder: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial y cada uno de ellos tiene su propia “corte” o gabinete, conformado, por secretarios, directores, Asesores, Consultores, que igualmente son mantenidos por el pueblo.

La diferencia entre estos dos regímenes radica en que los Reyes reciben el poder por herencia familiar directa y duran en ese puesto hasta su muerte, a menos que sean derrocados y la historia nos dice que generalmente eran asesinados por familiares o miembros de su misma corte; en tanto en los regímenes republicanos, son electos mediante el voto ciudadano, a través de procesos electorales.

Cuando los presidentes de un país se eligen por voluntad popular y según sus propias leyes, tienen un término en su desempeño, que pueden ser de 4 o 6 años según sea el país; en muchos países, al término del periodo presidencial, los presidentes buscan las formas para prolongar ese tiempo y permanecer en el poder muchos años mas de los que sus leyes dictan, en función de eso, cambian las leyes.

En México, Porfirio Diaz, se inconformó con la reelección de Don Benito Juárez, y el mismo duró en la presidencia de 1877 a 1880 – 1884 a 1911,  de manera intermitente; Fidel Castro, en Cuba, detentó la presidencia de 1959 a 1976; heredándole a su hermano Raúl Castro; en Argentina, Cristina Fernández de Kirchner sucedió a su marido en la presidencia y permaneció en ella de 2007 hasta 2015, actualmente es vicepresidenta; Daniel Ortega en Nicaragua durante 3 mandatos ha ocupado la presidencia durante 15 años intentando permanecer en el hasta 2025.

Hugo Chávez, Nicolás Maduro, de Venezuela; Álvaro Uribe, de Colombia; Luiz Inácio Lula de Silva, Brasil; Michel Bachelet, Chile, Rafael Correa; Evo Morales de Bolivia, han rebasado los períodos de su mandato, extendiéndoles dos, tres o cuatro periodos más, como es el caso de este último presidente.

No es de dudarse que vario de estos presidentes latinoamericanos, han visto por el bien de sus respectivos países, y han querido defender sus logros, pero en este intento, van creando un caldo de cultivo que los oligarcas, apoyados por los gobiernos estadounidenses aprovechan para desestabilizar a sus países, derrocarlos y apoderarse como fieras de estos países latinoamericanos y consecuentemente de todas sus riquezas.

Al no preparar los cuadros suficientes para que se de continuidad a sus programas, los presidentes demuestran no tener la suficiente confianza de sus colaborados o miembros del Partido o Movimiento que los postula, para ser remplazados en el tiempo debido y, los compromisos que necesariamente llegan a hacer con diferentes personajes, necesariamente también llegan a rebasarlos con funestas consecuencias como las que, hoy por hoy, estamos viendo en varios de los países de América Latina.

Al llegar a ocupar la silla presidencial se debe tener la suficiente claridad, madurez y respeto, para saber que, esos espacios, tienen término; ya dieron el ejemplo dos presidentes: José Alberto Mújica Cordano y Nelson Mandela.

No enamorarse del poder que da una silla, es la mejor manera de cuidar lo hecho y mantener el respeto ganado.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es bnpb146@hotmail.com Colaboraciónespecial para LatinPress®.

   
 

 


 
     
 
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