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La próxima fase de la crisis exige una recuperación resiliente

 



Latinpress.es 20 / 7 / 2020.
Kristalina Georgieva, directora Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha recordado que cuando los ministros de Hacienda y gobernadores de los bancos centrales del G-20 se reunieron el pasado abril, el mundo se encontraba en pleno confinamiento forzado por el brote de COVID-19  y, que ahora, esta misma semana se reúnen de manera virtual, en un momento en que muchos países están reabriendo gradualmente, aunque la pandemia todavía está entre nosotros.

La funcionaria ha declarado que el mundo ha entrado en una nueva fase de la crisis, una que exige nuevas medidas y más agilidad en las políticas para asegurar una recuperación duradera y compartida.

En junio el FMI anunció un deterioro de las perspectivas económicas y proyectó que el crecimiento mundial se contraería un 4,9% este año, pero una noticia algo alentadora es que la actividad económica mundial, que registró un descenso sin precedentes a comienzos de este año, ha comenzado a fortalecerse de manera gradual.

El FMI prevé que la recuperación parcial continúe en 2021 ya que las medidas excepcionales adoptadas por muchos países, incluidos los del G20 —con medidas fiscales de aproximadamente 11 billones de dólares e inyecciones masivas de liquidez por parte de los bancos centrales—, frenaron la caída de la economía mundial.

Sin embargo Georgieva advierte que no estamos fuera de peligro porque una segunda oleada mundial de la enfermedad podría perturbar nuevamente la actividad económica.

Entre otros riesgos están las valoraciones sobredimensionadas de los activos, la volatilidad de los precios de las materias primas, el aumento del proteccionismo y la inestabilidad política.

Por el lado positivo, los avances médicos en vacunas y tratamientos podrían dar un impulso a la confianza y la actividad económica. Estos escenarios alternativos dejan ver claramente que persisten los niveles sumamente elevados de incertidumbre.

En muchos países la crisis dejará cicatrices económicas muy profundas porque en algunos se han perdido más empleos en marzo y abril que los que se han creado desde el final de la crisis financiera mundial.

Los cierres de los colegios también incidieron en la capacidad de la gente, en particular en las mujeres, de participar en el mercado de trabajo.

Afortunadamente algunos empleos se han recuperado desde entonces, pero la proporción de la población en edad laboral que está empleada es mucho menor que a comienzos de 2020.

Además, es probable que el impacto en el mercado laboral tenga un alcance mucho mayor, ya que muchas de las personas que están empleadas están trabajando menos horas. Por otro lado las quiebras también son cada vez más habituales a medida que las empresas agotan sus reservas de liquidez, y el capital humano también está en riesgo: la educación de más de 1.000 millones de alumnos en 162 países se ha visto interrumpida.

Para la directora del FMI, la cuestión de fondo es que la pandemia probablemente incrementará la pobreza y la desigualdad, lo que una vez más dejaría dolorosamente al descubierto las deficiencias de los sistemas sanitarios, la precariedad del empleo y las difíciles perspectivas a las que se enfrentan los jóvenes para poder acceder a las oportunidades que tanto necesitan.

Georgieva sugiere, para que la recuperación sea más inclusiva y resiliente, actuar en dos esferas fundamentales: 1) políticas nacionales y 2) esfuerzos colectivos.

1.- Políticas nacionales


Los países se encuentran en diferentes etapas de la pandemia, por lo que sus respuestas también variarán. Para el FMI, los países de mercados emergentes y en desarrollo serán los más afectados por esta crisis debido a que se enfrentan a retos mayores y a disyuntivas más pronunciadas que las economías avanzadas, y necesitarán más apoyo durante un período más prolongado.

En todo el mundo los países han reforzado las fuentes vitales de actividad económica de las personas y los trabajadores. Estas redes de seguridad deben mantenerse según sea necesario y, en algunos casos, ampliarse: desde la licencia retribuida por enfermedad para familias de bajo ingreso, hasta el acceso a asistencia sanitaria y seguros de desempleo y la ampliación de las transferencias monetarias y en especie para los trabajadores del sector informal.

Al mismo tiempo, muchos empleos nunca se recuperarán debido a que la crisis ha desencadenado cambios duraderos en los patrones de gasto. Se debe continuar apoyando a los trabajadores, entre otras formas mediante la reconversión laboral, para que puedan moverse desde sectores que se están contrayendo hacia otros que están en expansión.

Apoyar a las empresas.


También se apoya a las personas y a los trabajadores al ampliar las fuentes vitales de actividad para incluir negocios viables.

En el G-20, se ha proporcionado apoyo a más empresas mediante el alivio en el pago de impuestos y contribuciones a la seguridad social, donaciones y bonificaciones de intereses.

Una proporción significativa se ha dirigido a pequeñas y medianas empresas (PYME), algo especialmente importante dado que las PYME son un motor fundamental de empleo. Sin este apoyo, el análisis del personal técnico sugiere que las quiebras de PYME se podrían triplicar, desde un promedio del 4% antes de la pandemia hasta un 12% en 2020, amenazando con aumentar el desempleo y perjudicar los balances de los bancos.

La provisión de liquidez podría ser suficiente en sectores en los que las pérdidas de ingresos son temporales, mientras que podrían ser necesarias aportaciones de capital a algunas empresas insolventes que son esenciales para luchar contra la pandemia o de las que dependen muchas vidas y medios de subsistencia.

Sin embargo, en esta etapa de la crisis los costos de un repliegue prematuro son mayores que la continuación del apoyo donde es necesario.

Las pérdidas de empleo, las quiebras y la reestructuración de sectores podrían presentar importantes retos para el sector financiero, como por ejemplo pérdidas crediticias para las instituciones financieras y los inversionistas.

La política monetaria debe seguir siendo laxa en los casos en que las brechas del producto sean importantes y la inflación esté por debajo del nivel fijado como meta, como es el caso de muchos países durante esta crisis.

Una prioridad nacional importante para las autoridades económicas es velar por el funcionamiento eficaz de los mercados monetarios, los mercados de divisas y los mercados de valores. La coordinación entre bancos centrales y el apoyo adecuado por parte de las instituciones financieras internacionales seguirán siendo esenciales en este sentido.


La cooperación internacional es vital para minimizar la duración de la crisis y asegurar una recuperación resiliente.

2.- Los ámbitos en los que la acción colectiva incluyen:


Garantizar suministros sanitarios adecuados: a través de la cooperación en la producción, compra y distribución equitativa de vacunas y terapias eficaces, llevada a cabo inclusive en forma transfronteriza.

Evitar nuevas fracturas en el sistema de comercio mundial, para ello los países deben hacer todo lo posible por mantener abiertas las cadenas de suministro mundiales, acelerar la iniciativa de reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y buscar un acuerdo integral sobre tributación digital.

Velar porque los países en desarrollo puedan financiar sus necesidades críticas de gasto y responder a los retos de sostenibilidad de la deuda: continuar los avances en la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G-20 es especialmente importante.

Fortalecer la red de seguridad financiera mundial: entre otras cosas, considerando nuevas ampliaciones de las líneas de crédito recíproco y el uso mejorado de los derechos especiales de giro (DEG) del FMI.

La resilencia


Según Kristalina Georgieva para lograr una mayor resiliencia es necesario tomar las siguientes medidas:

1) Invertir en la gente, en educación, salud y protección social, y en evitar el fuerte aumento de la desigualdad que esta crisis podría desencadenar.

2) Promover un crecimiento de baja intensidad de carbono y que fomente la resiliencia climática, por ejemplo mediante una asignación racional del gasto público.

3) Aprovechar la transformación digital, ya sea ampliando el uso de plataformas de gobierno electrónico para mejorar la eficiencia y la transparencia y a la vez reducir la burocracia, o recurriendo al aprendizaje a distancia o el teletrabajo.


 
 

 

 

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