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LatinPress®. 21 / 6 / 2018. LatinPress.es
   

El espejo retrovisor de Iván Duque Márquez

 


 


Latinpress. 21 / 6 / 2018.
Iván Duque Márquez es el presidente electo de Colombia. Es un joven conservador que muestra coherencia y bastante conocimiento cuando habla.  Su eslogan político de cara a las elecciones fue: “no voy a gobernar con un espejo retrovisor”.

Prometió a los colombianos que sus políticas de gobierno tendrán una visión hacia el futuro y no va a considerar estrategias del pasado.  De ahí su pancarta política de “no al espejo retrovisor”.

Uno de los grandes estrategas militares, Napoleón Bonaparte, nos recuerda la importancia de los hechos del pasado: “Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Si Duque está empecinado en no utilizar su “espejo retrovisor” seguramente estará lamentando un mandado presidencial de “Cien años de soledad” o cuatro años de problemas sociales en Colombia.

Es que la historia es crucial para resolver problemas, para no volver a tropezarse con la “misma piedra” o para simplemente evitar que suceda una crisis social debido a unos ajustes económicos mal utilizados.

El “espejo retrovisor” le ayudaría a mirar la crisis de la Deuda Externa de 1982 y emprender una política económica de contingencia más racional que la que impuso el entonces presidente Belisario Betancur (1982-1986).

Colombia fue uno de los pocos países que creció en la década de 1980 debido a que el gobierno de Betancur optó en obedecer las medidas económicas exigidas por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el gobierno norteamericano de Ronald Reagan.

Como quien dice, se metió con los “diablos” para resolver un problema de los “angelitos” (de la gente) y el tiro le salió por la culata. 

Evidentemente, Colombia creció en un promedio de 2,7 puntos entre 1981-1985 mientras que los otros países latinoamericanos cayeron en una crisis histórica porque inicialmente se reusaron implementar las políticas de choque estructural.

Sin embargo, la política de Betancur y la de sus sucesores crearon un problema social extremo que hoy los colombiano viven sus consecuencias. Las guerrillas marxistas se fortificaron y nacieron los carteles organizados de la droga.

En los años sucesivos, Colombia se mantuvo creciendo por el influjo de capitales del narcotráfico.  Pero cuando el gobierno empezó a detener esos capitales, la sociedad se convirtió en una guerra sin cuartel a fines de la década de 1980 e inicios de 1990, hasta la muerte de Pablo Escobar.

Así, Iván Duque tiene que entender que “el espejo retrovisor” es necesario para no ser condenado a repetir los mismos problemas.  Colombia necesita de una política económica que no se hinque a los intereses del gobierno norteamericano ni ceda su soberanía política, tal como hizo el presidente Juan Manuel Santos.

Humberto Caspa


 
 





 
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