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LatinPress®. 30 / 11 / 2018. LatinPress.es
   

G-20 Argentina con el crecimiento inclusivo

 


Referencia. Foto AP


Latinpress. 30 / 11 / 2018. Christine Lagarde, Directora del Fondo Monetario Internacional, acaba de decir que al tiempo que los líderes del G-20 se reúnen en Argentina, la economía mundial atraviesa una encrucijada.

Según Lagarde después de haber tenido un sólido crecimiento, ahora están apareciendo riesgos y nubarrones en el horizonte.


No obstante es el momento de plantearse metas de gran alcance, como la implementación de múltiples reformas que podrían sumar otro 4% al PIB de los países del G-20, pero el éxito depende de que actuemos con rapidez, y de forma conjunta.


En el informe Perspectivas de la economía mundial (informe WEO, por sus siglas en inglés) publicado en octubre por el FMI se pronosticó un crecimiento mundial de 3,7% para 2018 y 2019. Estas estimaciones representaron una rebaja de 0,2 puntos porcentuales respecto de las formuladas en julio, que obedeció en gran medida a las crecientes presiones externas y financieras sobre los mercados emergentes y a un tangible incremento de las tensiones comerciales.


Para la alta ejecutiva los datos recientes indican que esos vientos en contra pueden haber moderado la dinámica de crecimiento aún más de lo previsto; por ejemplo, en el tercer trimestre el crecimiento ha sido sorprendentemente bajo en economías de mercados emergentes, como China, y en la zona del euro. Además una falta de acuerdo sobre el brexit podría mellar aún más la confianza.


En el mediano plazo, particularmente en las economías avanzadas, el FMI prevé una moderación del crecimiento debido a factores demográficos adversos y a una lenta productividad. Esta perspectiva incluye a Estados Unidos, una vez que llegue a su fin el reciente proceso de estímulo fiscal.


Por otro lado demasiados países registran un excesivo nivel de desigualdad que perjudica a numerosas personas y que podría también socavar el apoyo público a las reformas orientadas a fomentar la productividad.


Para abordar estos retos Lagarde destaca tres prioridades.

  1. Las autoridades pueden comenzar por crear más espacio de maniobra fiscal, para disponer de los recursos necesarios para dar más respaldo a la economía si el crecimiento se debilitara considerablemente.

    Ello implica emprender ya una consolidación fiscal significativa, especialmente en los países altamente endeudados, como Italia y varias economías emergentes.

    En términos de política monetaria, el proceso de normalización de las tasas de interés que está en curso en muchas economías avanzadas debería seguir avanzando por un sendero gradual, debidamente comunicado y basado en datos.

    Esto no solo favorecería los intereses propios de esas economías sino que también contribuiría a evitar una innecesaria turbulencia en las demás economías.

    Lo bueno es que la normalización de la política monetaria es una señal de un crecimiento relativamente fuerte en las economías avanzadas.

    En los últimos meses, sin embargo, el endurecimiento monetario —sumado a un incremento de las tensiones comerciales— ha intensificado las presiones externas para algunas economías emergentes.

    ¿Cómo pueden estas responder ante tal situación? Los países con metas de inflación adecuadamente ancladas deberían recurrir a la flexibilidad del tipo de cambio para mitigar las presiones externas.

    Cuando dichas presiones amenacen con generar perturbaciones, también podrían aplicarse medidas de gestión de los flujos de capital como parte de un programa más amplio de políticas.

  2. Trabajar en equipo para ganar. Las crecientes barreras al comercio terminan siendo contraproducentes para todos los involucrados.

    Es imprescindible que todos los países eviten imponer nuevas barreras comerciales, y que además revoquen los aranceles recientemente impuestos.

    Los estudios realizados por el FMI indican que la liberalización del comercio de servicios podría sumar alrededor de ½%, o 350.000 millones de dólares, al PIB del G-20 en el largo plazo.

    La adopción de acciones concertadas por parte de los diversos países puede fortalecer sus propias economías, reducir los desequilibrios mundiales y estimular la economía mundial. Alemania, por ejemplo, podría utilizar el espacio fiscal disponible para fortalecer su potencial de crecimiento, aumentando la inversión e incentivando la participación en la fuerza laboral; Estados Unidos podría ayudar reduciendo su déficit fiscal, y China podría contribuir siguiendo adelante con su reequilibramiento económico.

    Muchos países también deben hacer frente a niveles de endeudamiento sin precedentes: en total, 182 billones de dólares a nivel mundial. Además, es imprescindible hacer más transparente la información sobre la magnitud y las condiciones del endeudamiento, especialmente en los países de bajo ingreso.

  3. Hoy el avance es demasiado lento, así que la pregunta es ¿cómo se lo puede acelerar?

    La mayoría de las economías avanzadas del G-20 podrían beneficiarse si relajaran las restricciones del mercado de productos para estimular la innovación y reducir los precios.

    Facilitar el acceso a los servicios profesionales sería especialmente importante, por ejemplo, en Japón y en muchos países de la zona del euro. Dar mayor respaldo a la investigación sería vital en Alemania, Canadá y el Reino Unido, entre otras economías.

    La mayoría de los países emergentes del G-20 también se beneficiarían mediante reformas de sus mercados de productos y de trabajo. A economías como Brasil, China, India y Rusia les sería conveniente dejar de aplicar impuestos distorsivos. Y, virtualmente en todas partes una mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral impulsaría el crecimiento y contribuiría a forjar sociedades más equitativas e inclusivas.

 

Estas son solo algunas de las medidas que, de ser implementadas en forma conjunta, podrían, según nuestros cálculos, aumentar el PIB del G-20 en un 4%.


 
 





 
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