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OPINIÓN
 
LatinPress®. 10 / 4 / 2019. México. Blanca Nieves Palacios Barreda.

El de aquí y el de allá


 

   

Dice el adagio popular: “el prometer no empobrece, el dar es lo que aniquila”; y es costumbre, que, durante las campañas para cualquier puesto de representación popular, más aún para la presidencia de cualquier país, las promesas se desbordan, pareciera que, en su euforia, los candidatos no analizan detenidamente, sobre qué si pueden y deben prometer, y qué no.

Otro tanto ocurre con los votantes, en su enorme deseo y necesidad de creer en algo, le dan crédito al que más ofrezca, de ahí derivan las desilusiones y se incuba la desconfianza, el enojo que se traduce en acciones violentas, contra aquellos que han engañado a una ciudadanía, que es finalmente quien aporta al sostenimiento de todo un aparato gubernamental.

Donald Trump, durante su campaña dijo, lo que la ciudadanía estadounidense quería escuchar, y entre sus promesas la que más destacó y en la que más énfasis puso fue, la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México, cuya longitud es de 3,169 kilómetros, para frenar la inmigración y poner coto a los inmigrantes legales radicados en su país; prometió vetar la inmigración de musulmanes de siete países.

No tuvo cuidado alguno en no fomentar el racismo contra seres humanos de otros países, pero con sus amenazas sus gesticulaciones, sus demostraciones de ser parte del país más poderoso del mundo, invitaban a ciudadanos de otros países a desear estar en ese país, para ser parte de ese “sueño americano” tan promocionado y, disfrutar de ese confort en el que ahí se vive.

Y es pertinente decir que, es un país poderoso y rico, gracias a las riquezas de muchos de los países del mundo, sobre todo de los del centro y sur de América, esos inmigrantes que han sido rechazados desde siempre.

Andrés Manuel López Obrador, durante su campaña prometió, igualmente, cosas que los mexicanos querían escuchar: plan de austeridad para los funcionarios; se bajaría el sueldo un 50% como presidente; se combatiría la corrupción y la pobreza; se vendería el avión presidencial; se sembrarían un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables al sur del país; reduciría el impuesto al valor agregado (IVA) en la zona fronteriza, y se aumentaría el salario mínimo en esa misma zona; se retiraría al ejército de las calles y se combatiría la violencia e inseguridad.

Ya habiendo sido electo presidente, Trump no ha quitado el dedo del renglón sobre la construcción del mencionado muro fronterizo, y amenaza un día sí y otro también, con su construcción y el impedimento de aceptación de inmigrantes a su país; acusando a México y sus autoridades de permitirles lleguen hasta la frontera.

Por su parte, López Obrador, en calidad de presidente repite hasta el cansancio que: se llevan buenas relaciones con EE.UU. que no habrá confrontación con Trump, dando marcha atrás a lo dicho; declara que se creará la Guardia Nacional, conformada por miembros del ejército mexicano, nos guste o no; se está en una controversia el plan de austeridad, pues los funcionarios se niegan a bajarse el sueldo y recurren al amparo; el avión comprado por Felipe Calderón y pagado por Enrique Peña Nieto, está en venta al mejor postor; se ha venido combatiendo la pobreza otorgando entre 2,500 y 3 mil pesos a personas de la tercera edad; a los jóvenes que no estudian ni trabajan y a personas con discapacidades visto sobre el de buenas intenciones está pavimentado el camino al cielo, se suele decir, y no dejan de ser admirables y muy aceptadas, pero si a eso se le llama combatir la pobreza, creo se está muy lejos de dar cumplimiento a cabalidad a esa promesa.

De buenas intenciones esta pavimentado el camino al cielo, se suele decir, pero del combate a la corrupción, que es la madre de todas las desgracias que aquí en México se han padecido por varias décadas, nada se dice.

La inmigración desatada de caravanas de inmigrantes de hasta más de 10 mil personas, rumbo a EE.UU., es otro gran problema, pues si no hay trabajo para los de aquí, difícilmente se podrá dar ocupación laboral a los inmigrantes, que literalmente quedan atorados frente al muro de Trump decidido a no permitir su ingreso, lo que claro, abona a su segunda campaña releccionista.

En sus conferencias mañaneras, de los cinco días de la semana, de lunes a viernes, el presidente López Obrador, jura y perjura que aquí en México, todo va bien, y los ciudadanos mexicanos pensamos que, de ser así, ¿porque no invitar a los 33 millones 539 mil 187 emigrantes mexicanos que radican, legal o ilegalmente en EE.UU., a que  regresen aquí, a su país, y dejen esos espacios para los inmigrantes que vienen huyendo de sus respectivos  países, donde, todo está muy mal?


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es bnpb146@hotmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 

 


 
     
 
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