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OPINIÓN
 
LatinPress®. 30 / 4 / 2019. España. Vicente Navas Casasola.

De Perdones mexicanos

   

Bueno, bueno, bueno. La que se ha montado por una carta que el actual presidente de Méjico ha dirigido al Rey de España.

En la misma le exige, nada menos, que pida perdón porque hace quinientos años "la conquista se realizó mediante innumerables crímenes y atropellos" y, se supone, la posterior colonización también.

Esto nos recuerda a las clases de Historia que, en edad escolar, recibíamos en el Colegio. Nos contaban que la Península Ibérica había sido objeto de numerosas invasiones desde la Antigüedad hasta prácticamente nuestros días, ya que la última, la de los franceses de Napoleón Bonaparte, ocurrió ayer, como quien dice. Fue a principios del XIX y, al poco tiempo, los pobrecitos tuvieron que salir corriendo hacia su país, perdiendo hasta los pantalones por el camino gracias al arrojo y valentía… tachín, tachín… del pueblo español. En fin, es lo que nos contaban.

De las demás invasiones recordamos, así a brocha gorda y sin acudir a los libros (ni a Google), las colonias que establecieron los fenicios primero y los griegos después en nuestras costas del mar Mediterráneo. Pero estos eran comerciantes, más que otra cosa.

Luego vino la invasión de los cartagineses y después la de los romanos, allá por el año 218 a. C. Y estos conquistaron toda la península y, por lo que se sabe, no lo hicieron repartiendo besos y flores, precisamente.

Sus legiones, cuando era preciso, aplastaban aldeas, pueblos y ciudades de la forma que era normal por aquellos tiempos, a sangre y fuego. Hubo saqueos y rapiña, pero aquí se quedaron.

Al final lo romanos terminaron mezclándose con la población autóctona, surgiendo así una sociedad que en los libros es conocida como hispanorromana.

Construyeron ciudades, monumentos, puentes, acueductos, caminos, vías y calzadas, puertos...Introdujeron las entonces más modernas técnicas de abastecimiento, riegos y labranza.

Trajeron el idioma más desarrollado del mundo, el latín, con su correspondiente alfabeto… y muchas cosas más. O sea, Roma fue lo que se denomina un Imperio Constructor.

Con el tiempo, Iberia se convirtió en la provincia romana llamada Hispania, todos sus habitantes obtuvieron la ciudadanía romana, y hasta tres hispanos (Trajano, Adriano y Teodosio) fueron emperadores de Roma.

Pero, siguiendo con la manía de invadir (yo te invado, tú me invades, etc), a principios del siglo V llegaron desde la Europa Central los bárbaros; suevos, vándalos, alanos y visigodos, siendo estos últimos los que se quedaron. Y, como los romanos, tampoco vinieron repartiendo besos y flores.

Encima, al principio, trajeron sus pequeñas dosis de clasismo, estableciendo una especie de apartheid que molestaba un poco a los residentes más nativos.

Pero esta situación fue cosa de poco tiempo, pronto se mezclaron las dos poblaciones y se desarrolló la sociedad hispanogoda que duró hasta que, al cabo de tres siglos, vinieron los árabes, así que otra vez con lo mismo, guerras pillajes, saqueos, pero en este caso no hubo mezcla de civilizaciones y, al final, se les acabó echando por incompatibilidad de caracteres, aunque la cosa no fue fácil. La Reconquista duró casi ocho siglos.

Tranquilidad, ya no le pegamos más brochazos a la Historia. Todo esto viene a cuento de que no se pueden juzgar los hechos históricos, tan lejanos en el tiempo, bajo el prisma de nuestro actual sistema de valores.

No se entendería, por ejemplo, que al Rey de España se le ocurriera exigir a los actuales presidentes de Italia, Alemania y Francia, así como al Rey de Marruecos, que pidieran perdón por sus respectivas invasiones. Al contrario, los actuales españoles no reniegan -sino todo lo contrario- de sus herencias romana, germánica y árabe.

Bueno, puede haber alguna excepción que otra. Siempre hay gente para todo.

Pero, aunque muy a menudo las comparaciones son odiosas, hay algunas veces en que no lo son tanto.

En este sentido nos permitimos recomendar la lectura urgente del libro “Imperios del mundo atlántico. España y Gran Bretaña en América (1492-1830)”, del británico John H. Elliott…Y no digo más.


Colaboración especial para LatinPress®. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress

   
 

 


 
     
 
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