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OPINIÓN
 
LatinPress®. 14 / 4 / 2020. España. Enrique Monterrososo Madueño.

Coraje, temple de acero y suerte

   

Han tenido mucha repercusión a nivel mundial las palabras del principal opositor de Portugal Rui Rio quien, en sede institucional, ofreció toda su ayuda posible, pidió al gobierno socialista temple de acero para manejar esta pandemia que asola al mundo y deseó para él y para todos suerte, mucha suerte.

Y se ponen de relieve sus palabras por lo que tienen de lealtad, de solidaridad y hasta de inteligencia.

Pero sobre todo, porque no estamos acostumbrados a estas actitudes por parte de políticos cuando se trata de tomar posturas frente a sus adversarios.

Todo lo contrario, sobre todo aquí en España, lo normal que preside las relaciones entre gobiernos y oposición es el cainismo o, para decirlo en términos locales, el guerracivilismo.

Pero yo también concedo importancia a las palabras de Rui Rio por lo que tienen de inteligentes.

En diversas ocasiones y circunstancias dejé constancia de que en política también hay torpes.

La política no una ciencia. Ya sé que hay asesores acreditados y gabinetes para aconsejar a los políticos de relieve pero, incluso, pueden errar en sus estrategias de comunicación como podemos comprobar con relativa frecuencia.

Albergo la creencia de que, si se pudiera consultar a la ciudadanía lusa en una encuesta express, la postura del SPD como oposición tendría un reconocimiento y apoyo popular superior a la del gobierno  por su gestión de la crisis.

En plena efervescencia de la crisis que mantiene confinada a la población con el consiguiente aumento de la presión social, la actitud de ayuda y de colaboración por parte de los líderes de la oposición política es mucho más rentable políticamente que lo contrario.

Una mano tendida puede obtener en estos momentos más apoyo cívico que una mirada enconada.

Evidentemente es una hipótesis no demostrable pero sí presumible.

Claro que esta presunción bondadosa  no tiene en cuenta otros ingredientes que forman parte de la intra historia de esta pandemia, como es la hábil utilización de los medios de comunicación y, sobre todo, de las redes sociales por parte de quienes  estando en la oposición no renuncian a cualquier método para obtener rédito político aunque se trate del sufrimiento humano.

Redes y medios que están demostrando su prevalencia sobre las palabras a la hora de construir opiniones a base de falsedades y manipulaciones.   

Refiriéndome concretamente a España no voy a insistir ahora sobre la gravedad de la epidemia, y la  catástrofe económica que nos espera si no hacemos frente con acierto a lo que estamos viviendo.

Pero sí decir que es materialmente imposible salir bien parados de esta emergencia si los españoles no anteponemos la unidad y  la solidaridad a cualquier otro sentimiento u opinión.

Lo que está haciendo el gobierno de España no se diferencia básicamente de lo que se hace en otros países.

El margen para la discrepancia en la gestión de la emergencia es mínimo.

Sin embargo, el margen ideológico es evidente al tratar de ver en la emergencia una oportunidad política donde otros sólo ven supervivencia.

Los ataques que recibe el gobierno de España por parte de la derecha y de la derecha extrema son  terribles, muchas veces simples mentiras y a veces, incluso fuera de la razón más objetiva.

Se está acusando al vicepresidente Pablo Iglesias de peligroso extremista por recordar la letra textual de nuestra Constitución o de comunista irredento por afirmar que las empresas privadas deben ponerse ahora al servicio del interés público si es necesario.

Se le acusa de eso cuando el gobierno conservador alemán ha hablado de que incluso está dispuesto a nacionalizar las que haga falta para actuar contra la epidemia.

Y se ataca sin piedad y con todo tipo de insultos al gobierno diciendo que antepone la ideología a la recuperación económica cuando hasta el Papa Francisco pide que "primero la gente", aunque esto cueste un "descalabro económico", porque hacerlo al revés, anteponer la economía a la vida de las personas sería, según el Papa, "algo así como un genocidio virósico".

El problema de las derechas españolas no es que piensen que las personas de izquierdas son un atajo de incompetentes e inútiles que no saben gestionar o gobernar los intereses comunes.

Eso sería llevadero porque afortunadamente tenemos una democracia que, mejor o peor, nos permite pronunciarnos y colocar en el gobierno a quien desea la mayoría.

Lo terrible es que una gran parte de las derechas españolas están convencidas de que las izquierdas sólo quieren  destruir España.

La prueba es que en medio de esta desgracia que estamos viviendo no dejan de presentar contra nuestros responsables políticos o administrativos querellas criminales, es decir, las que se ponen cuando se entiende que ha habido una intención efectiva de producir un daño.

Si sale algo mal con la izquierda, la derecha (después de no haber colaborado para que se hubiera hecho mejor) no entenderá nunca que se haya producido un error o un mal cálculo, sino que verá en ello la intención de haber hecho el mal al resto de los españoles de una forma consciente.

Es el pensamiento primitivo y simplista que lleva a construir el concepto de la "anti-España", el nacionalismo terrible que considera que ni siquiera somos españoles quienes no pensamos como quienes se consideran a sí mismos como la única esencia y expresión de lo español, como si España fuera solamente suya.

Pero volviendo a las palabras de Rui Rio quien, después de ofrecer colaboración al presidente del Gobierno portugués, terminó deseándole suerte.

Y, efectivamente, la suerte también juega un papel determinante en esta pandemia.

Tomo, por ejemplo, para destacar la importancia del factor suerte, la decisión del gobierno español de levantar el confinamiento (o la hibernación como la llamaron) para la industria y la construcción a partir de este lunes 13 de abril que puede acarrear una alteración de los niveles de seguridad relativa que suponía el encierro casi total de la población.

Se supone que el Gobierno es consciente de que esta flexibilización en el confinamiento  puede incidir en la evolución de la pandemia.

Entonces, ¿por qué lo hace?  Personalmente no me cabe duda de que estamos ante una decisión de perfil político antes que sanitario.

El gobierno mira de reojo a las derechas que pretenden no tanto ejercer la crítica sino provocar su caída. 

Es sabido que las derechas pretenden sorber y soplar al mismo tiempo.

Pretenden obtener ventajas tanto de la inacción como de una acción determinada.

Si se mantiene el confinamiento general hablarán de caos y ruina económica; si como consecuencia de la flexibilización para permitir la producción  los datos de la pandemia cambian,  se cebarán sobre el gobierno. De ahí la invocación a la suerte.  

Esta es la hora de ayudar a España de verdad y eso tiene su plasmación en el respeto mutuo, en el apoyo  a quien está legítimamente al mando de la nave, aun manteniendo  la convicción de posibles errores, pero sin minar su autoridad ni su liderazgo por muy limitado que creamos que sea.

Porque “su suerte es nuestra suerte”. Cuando hace falta coordinación, mando efectivo, unidad de acción y disciplina, tal y como lo está entendiendo la inmensa mayoría de los españoles que luchan contra el virus sin preguntarse de qué ideología es quien lucha a su lado, el patriotismo consiste en solidarizarnos unos con otros  sin distinción, en apoyar al gobierno legítimo que le ha tocado lidiar esta crisis  y pedirle las cuentas después y no hacer juicios de intenciones con tanta facilidad,  tan infundados  como  malvados.

Tenemos sobre la mesa una propuesta de Pacto Nacional por la Reconstrucción que evocan aquellos otros históricos de la Moncloa.

Se trata de una especie de  mesa nacional, de espacio de encuentro, de complicidad y colaboración de los representantes de todos los partidos sin distinción y las fuerzas socioeconómicas.

Hasta el momento sin una respuesta que albergue esperanza. Pero hay que insistir.  

Igual estamos todavía a tiempo de conseguir esa expresión institucional de unidad y solidaridad poniendo toda la mayor generosidad posible.

Si se consigue, daremos un paso de trascendente. Si no, al menos sabremos quién está de verdad por amar y salvar a España en su conjunto plural y diferente y quién busca solamente defender sus propios intereses. Veremos.


Colaboración especial para LatinPress®. La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress

   
 

 


 
     
 
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