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Rafael Peralta Romero
República Dominicana

   
   
 

LatinPress. 27 / 4 / 2019. Rafael Peralta Romero. República Dominicana.

   

Voces y Ecos: ¡Vengan a comer!

 

Con su resurrección, Jesucristo dio al mundo la muestra más auténtica de que  poseía una condición que ningún otro hombre  podía tener: naturaleza divina. En el breve tiempo que permaneció en la Tierra después de salir de entre los muertos pareció empeñarse  en que vieran el ser humano que había en Él.

Hizo énfasis en el acto de comer. Cuando  estaba fresca la noticia de su resurrección en cada ocasión  en que apareció para mostrarse vivo y acentuar algunos conceptos de su predicación, demostró interés por comer. Los  evangelios  y Hechos de los Apóstoles (1, 3) destacan esta actitud del Nazareno.

Mateo, autor del primer evangelio, no menciona comida  cuando cita  la aparición a los once discípulos, ocurrida en un monte de Galilea, donde acudieron tras  recibir  un mensaje de Jesús enviado con María Magdalena, a quien se le había aparecido.

En tanto, Marcos  cuenta  las mismas circunstancias en que se aparece a Magdalena y que “Después Jesús se apareció a los once discípulos cuando estaban sentados a la mesa, y los reprendió por su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado”. Ahí comió.  (Mc 16,14).

El  relato  de la presencia de Jesús ante dos prosélitos que caminaban hacia Emaús es bien explícito en detalles sobre la comida. Al llegar a su destino lo invitaron a entrar y a cenar, Jesús hizo el simulacro de que se iba, pero aceptó gustoso la invitación.


“Luego, estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio, entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció”. (Lc. 24,30-31).

Es comiendo, con su ritual acostumbrado,  como Jesús  hace saber que se trataba de su persona. El acto de comer fue  un símbolo.

Después de la escena de Emaús, apareció  Jesús a los discípulos, reunidos en Jerusalén, y después del saludo preguntó: “¿Tienen aquí algo de comer?”. Le ofrecieron un trozo de pescado asado. Lo tomó y lo comió en su presencia. (Lc 24,41-43). Antes de comer mostró las heridas de sus manos. Con la ingestión de alimentos  demostraba que no era un fantasma.

Frente al mar de Galilea se apareció   nuevamente a los discípulos. Ellos pescaban. Les vocea: “¿Tienen algo de comer?”.  No habían pescado nada. Jesús  ordena tirar la red del otro lado de la barca, y  llenaron de peces la barca. Cuando salieron a tierra,  el Maestro les decía: “Venga a comer”. Él mismo asó panes y pescados. (Juan 21, 5-14).

Este comer de Jesús, tiene, sin duda, un valor simbólico.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es rafaelperaltar@gmail.comColaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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