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Rafael Peralta Romero
República Dominicana

   
   
 

LatinPress. 22 /01 / 2016. República Dominicana

   

Alerta de los obispos.

 

Los obispos dominicanos han elevado su voz. Pero su clamor no se ha dirigido al cielo, sino que pretende  mover conciencias sobre cuestiones graves  que atañen  a nuestra vida terrenal  que se torna  infernal. Han expresado su  preocupación por la inseguridad, criminalidad y la corrupción que acogotan al pueblo dominicano.

Es costumbre que los jefes de la Iglesia católica  dominicana se expresen con vigor  a propósito de la celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Altagracia,  el 21 de enero.

La declaración de este año hace recordar la memorable Carta pastoral de enero  1960, la cual hizo tambalear los cimientos de  la sangrienta dictadura de Rafael  L. Trujillo y su familia.

En esta ocasión, aunque es de inspiración  muy espiritual, pues se basa en el Jubileo por la Misericordia declarado por el Papa, el documento  episcopal alude a problemas muy humanos, entre ellos situaciones tan  calamitosas  como  el robo en las instituciones públicas,  la inseguridad ciudadana,  la corrupción en la justicia y el aumento de la desigualdad   social.


Los líderes eclesiásticos deploran   las falsas promesas que hacen los políticos a la población, a propósito de que en mayo se realizarán elecciones generales en nuestro país. 

En nombre de la Conferencia del Episcopado, el documento lo suscriben los diez  obispos titulares, tres  auxiliares,  los seis obispos eméritos y el administrador diocesano  de la diócesis de Baní, cuya sede está vacante.

“Los candidatos, en sus discursos de campaña, hablan habitualmente de cercanía, de escuchar los reclamos del pueblo, de tener en cuenta las necesidades de los pobres, ser su “voz” en las entidades públicas que ocupen. Sin embargo, percibimos la devaluación de la credibilidad en el ejercicio de la política”. Es decir, son mentirosos.

La Carta de los obispos explica cómo el robo de los dineros públicos  constituye un acto de inmisericordia porque priva a la población de la posibilidad de ver solucionados  los problemas que la hastían y satisfacer sus necesidades básicas: educación, vivienda, alimentación, salud, seguridad, justicia, salarios dignos.

Dicen: “La corrupción crea una escandalosa situación de inequidad y desigualdad social, ensanchando la brecha entre personas que se han hecho ricos como por arte de magia, sin otra justificación que haber pasado por el tren administrativo público y una gran mayoría de personas honestas que apenas logran sobrevivir con el esfuerzo de toda una vida de trabajo”.

El documento de los obispos tiene  mucho que ver con el estado actual de la sociedad dominicana. Todos – o casi todos- estaremos de acuerdo con  los guías espirituales cuando afirman: “La impunidad y la complicidad han sido los mejores aliados de los corruptos en los sistemas políticos en todo el mundo”.  La alerta  ha sido dada; el camino, señalado. rafaelperaltar@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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