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Rafael Peralta Romero
República Dominicana

   
   
 

LatinPress. 20 /05 / 2016. Rafael Peralta Romero. República Dominicana.

   

Voces y ecos: Ciudadano Kane. Como san Chapeleto.Recontar votos. Desgracia de todos.

 

Como el ciudadano Kane.


Escuché  a un comentarista de un programa radial vespertino opinar que quienes en el proceso electoral que culmino este fin de semana, en República Dominicana,   asumen  el lema “vergüenza contra dinero”, están derrotados.


Ese seudocomunicador es abanderado de las candidaturas que tienen mucho dinero y lo emplean para engrasar su maquinaria electoral.


La facción que persigue  continuar en el disfrute de los bienes públicos equivale a un grupo de poder en sentido amplio.


Por la política accedieron al capital financiero y se han constituido en eficaces acumuladores de capital. Esos mismos recursos les sirven de base para una práctica política espuria que los lleva a acumular más poder.


En la película Ciudadano Kane, de 1941,  dirigida y  escrita por  el estadounidense Orson Welles, el personaje principal –Kane-  se dedicaba a acumular cosas en su majestuosa mansión: obras de arte, objetos, muebles, joyas. Tuvo todo lo que quiso, pero no fue feliz. Reunía todo tipo de cosas, pero carecía de quien lo quisiera.


Los Kane de aquí acumulan mansiones, autos de lujo, inversiones,  mucho dinero. Alguna  gente se acerca a ellos en busca de beneficios. Como  están donde hay,  le dejan caer migajas a menesterosos políticos, que asumen el compromiso de trabajar para ellos, y  así puedan seguir succionando  las tetas de la red pública, sin pudor ni rubor.


Estos ciudadanos no  tienen amigos, pero  cuentan con gente que los celebra y los canta. De ahí tantos movimientos de apoyo a las candidaturas oficiales. Todos van a buscar, dejando de lado sus  convicciones. 


Ellos no tienen seguidores, tienen beneficiarios. Nadie los quiere, pero se granjean apoyo, aun fuere fingido,  de   sujetos prostituidos.


El expresidente Leonel Fernández ya saboreó  la amargura de comprobar  hasta dónde sirve  la simpatía comprada. Legisladores que  le juraban lealtad cayeron rendidos ante el soborno  del presidente Danilo Medina para que le arreglaran la Constitución conforme a su interés de repostularse. El espíritu pudo ser pronto, pero la carne fue flaca.


No es que los Kane del gobierno  sean engañados por sus clientes,  quienes  establecen con ellos una relación de fingimiento para asegurarse nombramientos y contratas u otros favores. No, tampoco ellos quieren a nadie, para ellos solo cuenta su dinero. Su afán por la política  lo motiva  el interés  de alcanzar sus fines pecuniarios.


El pueblo dominicano tiene el gran reto de detener la voracidad de un grupo de ciudadanos que, a diferencia de Kane,  quien acopiaba cosas, acumulan cosas y acumulan dinero sucio, mucho dinero. Para ellos, vergüenza y ética son palabras risibles, como  proclamó el politiquero que hace de comentarista en un espacio radial de la tarde.

 

Danilo como san Chapeleto.


Con el impedimento de colocación  en la televisión de  un documental de diez minutos realizado por el PRM (Partido Revolucionario Moderno) el presidente Danilo Medina y su partido (PLD) han incurrido en lo que se dice espantarse con su propia sombra. ¡Campaña sucia!, gritaron sin que  el documental fuera  presentado.


La recopilación  de actos indignos narrados, con imágenes reales, en el vídeo del PRM resulta benigna en proporción con las  indelicadezas que están ocurriendo en República Dominicana. ¿Es mentira, acaso, que el presidente Medina  juró no repostularse y luego sobornó a todos los legisladores para alterar la Constitución y  conseguir la repostulación?


Voceros notables del PLD y del gobierno expresaron que   el documental “La verdad que Danilo quiere ocultar”  es difamatorio porque relata vínculos del mandatario  con  la  firma constructora brasileña que  preside Marcelo Odebrecht, quien guarda prisión en Brasil acusado de corrupción. ¿Es falsa la relación de Medina con dicho empresario y  el gobierno  de ese país?


Recientemente escuché a un perico mediático del gobierno  decir que  el documental del PRM era un refrito. En periodismo, este vocablo  se emplea despectivamente para indicar  que una historia noticiosa se ha compuesto a partir de otras. En verdad, Medina y su gobierno han quedado como Chapeleto después de  su célebre  confesión.


Chapeleto (Ciappelletto, en italiano)  es personaje del Decamerón, la magnífica colección de relatos de Giovanni Boccaccio. Era individuo de mal vivir: siendo notario, sentía grandísima vergüenza si alguno de sus instrumentos no fuera falso. Mentía, engañaba, hurtaba. Tenía todos los vicios.


Gran blasfemador era contra Dios y los santos. Mujeriego en exceso. Robaba con la misma conciencia con que oraría un santo varón. Se le sabía golosísimo y gran bebedor hasta a veces sentir repugnantes náuseas; era jugador con dados trucados. Se fue a Borgoña donde casi nadie le conocía a encargarse de unos negocios de otro. Allí enfermó y un benévolo fraile acudió a confesarle.


El fraile quedó gratamente sorprendido con los  leves pecados que confesara Chapeleto. “Hijo mío, estos pecados son naturales y son asaz leves, y por ello no quiero que te apesadumbres la conciencia más de lo necesario”. Luego Chapeleto lloraba por vergüenza de confesar otra falta: que alguna vez escupió dentro de una iglesia.


Viendo el fraile que nada le quedaba por decir al enfermo, le dio la absolución y su bendición teniéndolo por hombre santísimo, creyendo ser cierto  lo que el sujeto había dicho. El cura le pidió que si falleciera permitiera ser sepultado en el convento. Y el bandido aceptó.  Empeorando sin remedio, recibió la última unción; y poco después del crepúsculo, el mismo día que había hecho su confesión, murió.

 

Subiendo al púlpito, el santo fraile que lo había confesado  habló sobre él y su vida, sobre sus ayunos, su virginidad, su simplicidad e inocencia y santidad. Predicó maravillosas cosas.  Y  creció la fama de su santidad y la devoción en que se le tenía y lo llamaron y lo llaman San Chapeleto.


Hace  665 años que Boccaccio escribió esta historia, pero me hace pensar que el vídeo del PRM es para Danilo y el PLD como la confesión de Chapeleto, quien por la ingenua bondad del confesor adquirió la categoría de santo.


Contar y recontar los votos
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Las opiniones divulgadas  en torno al modo de escrutinio de los votos en las elecciones del domingo  15  evidencian muy claramente la posición política  de quienes sustentan tales opiniones, sean juristas,  tecnólogos o periodistas. El gobierno  de Danilo Medina y su partido, el PLD, han llevado la voz cantante en la defensa del conteo electrónico.


Los  políticos polivalentes –forma elegante de llamar a los oportunistas-  se han dado gusto  en eso de ponerse donde los vean los patronos,  rechazando  el pedido de los partidos de oposición. Para un oportunista lo importante  es ampararse bajo la gracia de quienes reparten bienes públicos en pro de seguir  en el voraz disfrute del poder.


Entendidos en sociología  han considerado  “atípico”  el proceso electoral que se vive en República Dominicana. El Diccionario   académico define ese adjetivo de este modo: “Que por sus caracteres se aparta de los modelos representativos o de los tipos conocidos”.  Significa que estamos ante unas elecciones anormales.


Por eso la comunidad  dominicana está  bajo tensiones. Además de  las crispaciones  que genera un gobierno lanzado a las calles con todos los recursos del Estado al servicio de sus candidatos, se ha agregado la introducción de un sistema de conteo de los sufragios que produce desconfianza en los opositores.


Es ley y tradición en nuestro país que los votos se cuenten en la mesa electoral.  La Ley Electoral  275-97, en sus artículos  126 y 127, así lo establece: “ Terminada la votación, se procederá al escrutinio de los votos, que estará a cargo de cada colegio electoral, sin que éste pueda, en ningún caso, delegar o encomendar sus operaciones a personas extrañas a éste, ni suspenderlas”.


El artículo 127 indica: “Se abrirá la urna y se sacarán de ella las boletas que hubieren sido depositadas, contándolas, para confrontar su número con el de electores que hubieren votado según los inscritos en el formulario especial de concurrentes”.  A partir de que se cuente – manos y ojos- en cada colegio, que se recuente electrónicamente.


Ha sido medianamente sensato el pleno de la Junta Central Electoral  al escuchar el clamor de los partidos y aprobar  el  escrutinio manual de los votos en el cien por ciento de los colegios electorales en el nivel presidencial. De inmediato la medida fue apoyada por el Consejo de la Empresa Privada, aunque no ha satisfecho a los partidos.


Roberto Rosario, presidente de la JCE, dijo  que esta acción procura   “mayor transparencia, tranquilidad y satisfacción al universo de partidos y la sociedad”.  Transparencia es palabra vital para restablecer la  requerida tranquilidad. En República Dominicana está en juego la paz social. El nerviosismo, es obvio,  lo provocan  unas elecciones atípicas.


Desgracia de todos
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En la República Dominicana las cosas marchan al revés.  Los  afanes por la supervivencia tornan al pueblo  indiferente ante su propia desgracia, la desgracia colectiva.


Para quienes gobiernan, la  indolencia es una condición inherente, ningún dolor es suyo, ninguna tragedia los inmuta. Para ellos  solo importa el disfrute del poder.


La  muerte trágica de la doctora  Aida Natalia Matos Navarro, de 38 años, médico especialista en radiología,  es muestra de la afirmación anterior.  


Ocurre esa desgracia y todo sigue como si nada hubiera sucedido. Esta profesional salía de su trabajo, en la ciudad de La Vega, y abordó una motocicleta como pasajera. ¡Vaya transporte para una médica!


Dos delincuentes, de los muchos que pululan en nuestras calles y caminos, desde otra moto, le arrebataron su bolso.  La doctora Matos instó a José Candelario Marte, el  motorista que la transportaba,  a perseguir los ladrones.  Más adelante chocaron con una tercera motocicleta, y ella  sufrió  un trauma en el cráneo.


Murió la madrugada del pasado lunes, en Santo Domingo,  mientras recibía atenciones en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas. Era teniente del Ejército dominicano. 


Los delincuentes que la agredieron todavía disfrutan de libertad y de perfecta salud. ¿Qué autoridad dominicana ha expresado su preocupación por este hecho?


La muerte trágica de una persona útil debe   doler doblemente. Supongo que en otros países se preguntarán ¿pero y qué sociedad es esa donde la muerte de un médico –mujer, por demás-  no causa ningún revuelo? El cuasi asesinato de la doctora Matos revela  el estado de indefensión en el que vivimos los dominicanos.


Evidencia también  lo enferma que está nuestra sociedad.  Padece la peor de las patologías sociales: la indiferencia.  Alguien pensará que las acciones de la delincuencia violenta son tantas que han reducido la capacidad de asombro e indignación de la gente. Pero eso no justifica el silencio ante hechos tan  desgarradores, tan deleznables.


En 2012, otra  profesional,  Francina Hungría, fue víctima  de la delincuencia que azota a toda hora.  Sobrevivió,  pero quedó ciega.


Ahora el PLD  (partido de gobierno)  la utiliza para  sumarle gracia al  alcalde de la Capital quien busca un cuarto período en el gobierno municipal. ¿Pretenderán con esto resarcirla de la desgracia  de la que ellos  son culpables?


Quienes contribuyan a que se mantenga  el actual descalabro social en nuestro país, habrán de responder en el futuro ante el tribunal de su conciencia. Por igual, ante los cuestionamientos de sus hijos o nietos, herederos de una atmósfera irrespirable, cuando tengan que repetir, como Pablo Milanés: “La vida no vale nada / si ignoro que el asesino / cogió por otro camino / y prepara otra celada”. rafaelperaltar@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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