LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales
Marbella, Andalucía, España.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.


     
 

 

   

Rafael Peralta Romero
República Dominicana

   
   
 

LatinPress. 3 /07 / 2016. Rafael Peralta Romero. República Dominicana.

   

Cerradura, clausura, dictadura.

 

La afinidad entre los vocablos cerradura, clausura y  dictadura va mucho más lejos que la visible igualdad de terminación.

Cerrar y clausurar  conllevan impedir  el paso a alguien, suspender determinada acción o dejar inhabilitada una  entidad o un establecimiento. Estas acciones  se corresponden con actuaciones  rígidas  y desagradables.

El cumplimiento de tales trabajos  implica  la intervención de un sujeto con gran capacidad para ignorar a los demás y apoyar sus puntos de vista al margen de predicamentos orientados  a regular la conducta social. Sin ética, la política es tiranía.    El  tirano carece de sentido de justicia y  actúa a  la medida de su voluntad.

El dictador, real o en potencia, disfruta  cerrar  puertas, clausurar vías de acceso colectivo  e  inhabilitar organismos de decisión, sobre todo si son dotados de criticidad. Estos individuos  llegan a creerse que  están por encima de las demás personas,  y su mejor  disposición  es para escuchar  a quienes los ensalzan y aplauden.    

Para ilustrar, conviene ir de lo general a lo particular.

El veterano dirigente político Fulgencio Espinal, secretario ejecutivo de la Comisión de Efemérides del Partido Revolucionario Dominicano,  se ha encontrado  con que le cerraron  la oficina que le corresponde  en la casa nacional de ese partido. Se lo atribuye  a su crítica al resultado en las pasadas elecciones, en las que el PRD tuvo un pobre desempeño.

Hace dos semanas se dirigió al presidente del PRD,  Miguel Vargas, y mostró su sospecha de que la acción   se deba “a la actitud crítica que he venido asumiendo antes y después del resultado de las elecciones y que en ningún modo compromete la responsabilidad de los meritorios compañeros integrantes de la comisión…”  La oficina sigue cerrada.

Más complejo que éste es el caso de Venezuela. El perturbado gobierno de Nicolás In Maduro ha amenazado  con disolver la Asamblea Nacional, de mayoría opositora.

Y lo dicen –él y su grupo-   sin rubor, no temen mostrar su espíritu cerrado y contradecir la prédica de apariencia democrática  que han exhibido  desde que asumieron el poder.

El gobierno y sus aliados evalúan  la posibilidad de solicitar al Tribunal Supremo de Justicia, dominado por el chavismo,  que disuelva  el Congreso, controlado por la oposición.

El pueblo venezolano ha sido generoso en el otorgamiento del poder a los chavistas. Ahora éstos se niegan a entender que el pueblo  no ha renunciado a su soberanía y ha repartido el poder.

Venezuela necesita diálogo y apertura, no cerradura ni clausura.

Si el presidente venezolano quisiera hacer honor a su apellido, procuraría la necesaria convivencia en armonía con los diputados.

Disolver  una Asamblea elegida por el pueblo es lo que menos necesita una  nación afectada de tantas carencias.

Tal clausura acentuaría  en ese gobierno el cariz de dictadura. Clausura y cerradura son propias de la dictadura. rafaelperaltar@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies