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Rafael Peralta Romero
República Dominicana

   
   
 

LatinPress. 12 /02 / 2016. República Dominicana

   

Voces y ecos: Aprendizajes.

 

De algunos escritores se sabe que  en sus afanes por la vida desempeñaron  múltiples oficios, mientras otros sólo se ocuparon en el  trabajo de escribir. Yo, en cambio, he intentado ingresar a  varias ocupaciones, habiéndome quedado en la categoría de aprendiz. El primer oficio en el que actué bajo esa condición   fue el de agricultor. Por aquello de que hijo de gato, caza ratón.

En mi primer intento de búsqueda de la autosuficiencia, me hice  aprendiz de sastre, en el taller de José Rosario Cadet, en Miches. Ya iba bien adelantado en el aprendizaje y era capaz de confeccionar un pantalón, cuando fui tocado por una vocación superior. Acudí al llamado, así fue que me convertí en aprendiz de sacerdote, sin llegar a serlo.

Reconozco, no me da vergüenza,  que también he sido aprendiz de político, carrera para la que me falta disposición, pues  me gusta la verdad, la transparencia y la puntualidad, y los políticos profesionales se solazan con practicar lo contrario de esos tres atributos. Una vez estuve  como candidato a diputado en la boleta del   desaparecido Partido Revolucionario Dominicano.

En algún momento me inicié en el conocimiento de la farmacología, pues  fui propietario de una pequeña farmacia, sin duda que  desplegué esfuerzos por aprender aquello, y hasta me movió el entusiasmo, le tomé aprecio a  conocer las funciones de cada tipo de medicamento y me gustaba, pero el negocio fracasó.

Soy, desde hace medio siglo, aprendiz de escritor. El más complejo de los aprendizajes: uno lee lo escrito por otros, estudia las técnicas y las teorías, piensa una obra durante años, luego de escribirla la revisa,  la pule, la da a leer a un amigo que tenga conciencia de la lengua,  y en cuestión de minutos alguien  -lector, crítico o jurado- la descalifica con un “baah”.

No sé cuándo se deja de ser aprendiz de escritor, si cuando el autor tiene éxitos y es loado y reconocido o si cuando  abandona el intento de ser escritor porque  ha encontrado una actividad más cómoda y mejor remunerada. Sé que no abandonaré esa práctica, aunque no llegara a saber si soy profesional o aprendiz.

Hay dos aprendizajes que he completado satisfactoriamente. ¡Por fin! El primero es ser padre, pues incursioné en la crianza de niños y lo he llevado a buen término. Ahora tengo el posgrado: abuelo.  El otro  es el oficio de periodista. Siendo un muchacho de poco estudio y mucha ilusión, me hice aprendiz de periodista y creé un periódico pueblerino, “Miches avanzando”, se llamó. Leonardo Mauricio era mi socio.

Con el periodismo  no me quedé en la categoría de aprendiz, pues vine a la Universidad y me investí  en esa carrera, en la práctica completé la formación profesional y llegué a ser profesor. Al fin y al cabo la herramienta fundamental del buen periodismo, como de la literatura,  es el idioma y yo he puesto cierta obstinación en aprender el mío, el español. rafaelperaltar@gmail.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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