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Mariela Sagel.
Panamá.

   
   
 

LatinPress. 13 / 10 / 2019 Mariela Sagel. Panamá.

   

Vida y Cultura...Sidi Qambitur

 



Publicado en La Estrella de Panamá y Latin press.es España.
La última novela del escritor español Arturo Pérez Reverte, "Sidi, Un relato de frontera", como se lee en su portada, es sencillamente magistral. Para muchos, la legendaria figura del Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar, que se remonta al siglo XI es bastante ajena.

Pero la magia revertiana nos acerca a este inspirador personaje, en la época del Al-Ándalus, que es el nombre que en la Edad Media dieron los musulmanes a la península Ibérica, territorios que estuvieron bajo su control.

Esta novela tiene una historia intrínseca fascinante, pues el autor, que era un hurgador de las bibliotecas de sus padres y abuelos, encontró el libro de José Zorrilla y Moral, "La Leyenda del Cid", que había adquirido su bisabuela Adéle Replinger Gal en 1883 y él leyó setenta y seis años después. Zorrilla es más conocido por su obra "Don Juan Tenorio".

La leyenda del Cid la publicó en 1882 y era considerado un poema narrativo.

A muchos nos suena "El Cantar del Mío Cid" y seguramente en la escuela, cuando se nos enseñaba historia como debía, entramos en contacto con esa gesta anónima que relata hazañas heroicas inspiradas libremente en los últimos años de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, que datan del año 1200.

El Cid fue un caballero castellano que estuvo al servicio del rey Alfonso VI y después estuvo al frente de su propio ejército (mesnada, en lenguaje de la Edad Media) en el Levante de la península ibérica. Conquistó Valencia y estableció allí un señorío independiente.

Es considerado un héroe nacional, especialmente castellano y un cruzado que promulgaba la reconquista, que combatió del lado tanto de cristianos como de musulmanes. Para algunos fue un mercenario, un soldado profesional, que prestaba sus servicios a cambio de un emolumento.

Campeador significa “experto en batallas campales” y Cid, del árabe Sidi, significa señor. Con estos elementos el académico, escritor y periodista Arturo Pérez Reverte ha hecho un cóctel explosivo. El lanzamiento de la novela ha sido todo un acontecimiento de mercadeo, lo que siempre se monta cuando el autor presenta un libro y eso aumenta la urgencia de leerlo y de comentarlo.

El Cid campeador revertiano

El libro de Pérez Reverte no es una biografía o compendio de la agitada vida que tuvo Ruy Díaz, como también se le decía al Cid, solamente un relato de algunas de sus batallas.

Se escenifica entre los que se llamaban reinos de Valencia, Córdoba, Zaragoza y las reminiscencias que en su momento asaltaban al personaje, su antiguo patrón el rey Alfonso VI y también la figura del rey Sancho.

Como es su característica, el autor cuida con esmero el lenguaje de la época, así como los vestuarios que llevaban los guerreros.

De igual forma, la portada es de su amigo, el pintor Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, el pintor de batallas.

En resumen, el Cid de Pérez Reverte es su Cid, “saqueando sin escrúpulos tanto la leyenda como la realidad”, como dijo Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, el día que se presentó el libro en la Real Academia Española, en la que el autor ocupa la silla T desde hace trece años.

Desde su apoteósico lanzamiento, el escritor no ha dejado de ofrecer entrevistas y el tema no se agota.

Han calificado la historia como un western español del siglo 21. La leyenda del Cid es muy poderosa, y sobre sus batallas hay miles de versiones, pero ésta es la de Pérez Reverte.

Hace poco reveló por primera vez el lugar donde escribe, durante ocho horas diarias, porque se considera un obrero de su oficio.

Se rodea de enciclopedias, no tiene acceso a internet, no consulta Wikipedia y no usa –mientras trabaja— su teléfono móvil.

Este libro bien puede adaptarse a una película, y si tiene una segunda o tercera versión, a una serie. El autor le da créditos a Alberto Montaner Frutos, un filólogo a quien le dedica el libro, que es heraldista y arabista especializado en literatura e historia hispánica medieval y, más concretamente, en estudios cidianos tanto históricos como literarios.

Agradece también a Julio Mínguez la parte ecuestre y a Federico Corriente el vocabulario árabe fronterizo y, sobre todo, guerrerista de la época y no se escapa lo exquisito de las descripciones de las cotas de malla y las urgencias amatorias que asaltaban a estos guerreros, que no veían mujeres en meses.

Ruy Díaz estaba casado con Jimena, a quien describe como poseedora de una personalidad de hierro y dos hijas, a las que evoca cada vez que iba a la batalla. La única mujer “revertiana” que aparece en la novela es Raxida, la hermosa hermana de Mutamán, Rey de Zaragoza.

Rodrigo Díaz de Vivar, un modesto infanzón burgalés, llegó a convertirse, incluso para los musulmanes, en Sidi Qambitur: el señor que campea, que cabalga.

Era tan solo un hombre con su espada y su caballo, un desterrado que, acompañado por un puñado de mercenarios leales, peleaba en territorio enemigo por su vida buscando, al otro lado de la frontera, el horizonte y el mar.

El fenómeno revertiano

Sidi es el segundo libro que este año publica Arturo Pérez Reverte. Le tomó año y medio escribirlo y se nota una minuciosa investigación, un cuidado y pulido lenguaje, así como unas licencias que bien vale la pena tomarlas para hacer más atractiva la saga.

El anterior, "Una historia de España", que en su momento reseñé, es un maravilloso recorrido por la historia del país ibérico desde el punto de vista crítico agudo que caracteriza al autor, con muchos guiños hilarantes que hacen muy amena su lectura.

El día de la presentación en el salón de la Real Academia de la Lengua, el presentador, Carlos Ansina, le preguntó: “¿Escribirás alguna vez una novela que no sea revertiana, Reverte?”, a lo que el autor contestó: “Buena pregunta, Alsina. Mira, hay escritores que poseen un territorio y se mueven por él con soltura, y en realidad siempre escriben la misma novela. Yo soy uno de esos escritores que son felices con su trabajo, entre otras cosas porque escribir es una manera singular de vivir al acecho de cualquier cosa que sea útil para la historia que estás contando en ese momento.

Unos zapatos, una línea de sol, una sonrisa… Todo sirve. Y también es una excusa para leer cosas nuevas y releer a los viejos amigos, que siempre ayudan cuando los reclamas. Tengo en casa treinta mil libros, pero sé dónde buscar el que necesito en cada momento. Vivir alternando el mundo con la biblioteca y usar todo eso para escribir es la felicidad.

Por otro lado, como novelista no me interesa contar una historia completa ni narrar un mundo.

No soy Thomas Mann, ni Proust o Tolstoi. Solo pretendo contar una historia eficaz, para que el lector la lea y la viva y siga queriendo comprar mis libros.

“Narrativamente, por la vida que llevé, hay una serie de mecanismos humanos que me interesan más que otros y que en esta novela están, creo, muy bien representados: la lealtad, la valentía, la camaradería singular entre hombres que batallan juntos, el liderazgo… Los hombres de esta historia de frontera se mueven en ese territorio revertiano del que hablamos. Y son los hombres que me interesan, capaces de dejarse matar por lealtad. Luchar y saber morir; sobre todo esto último. Quizás porque viví en lugares de frontera, aprendí desde muy joven que saber morir es muy importante. El líder que consiga que uno de los suyos muera con naturalidad es el mejor de los líderes. En el mundo occidental ya no sabemos morir. No sabemos aceptar las reglas implacables de la naturaleza, nos negamos a aceptarla, rodeamos la realidad de una costra edulcorada para olvidar. Con esta novela yo también quería recordar al lector que el mundo sigue siendo eso, y que la gente que acepta morir vive de otra manera. Aceptar las reglas del juego te hace ser mejor.


“Así pues —concluye Arturo Pérez-Reverte— con todo lo leído y lo vivido he construido mi Cid saqueando sin escrúpulos tanto la leyenda como la realidad y prestándole mi mirada”.


Para Arturo Pérez Reverte, en este relato de una de las muchas batallas que libró el legendario Cid se funden de un modo fascinante la aventura, la historia y la leyenda. “Hay muchos Cid en la tradición española, y éste es el mío”.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es
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