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Jose Luis González
Estados Unidos

   
   
 

LatinPress. 30 /01 / 2016. Estados Unidos

   

Crónicas de Itaca: Ciudadanos del mundo.     

 

En busca de una definición para el binomio <<ciudadano del mundo>>, que hay quienes oponen al “nacionalismo”, es que escribimos estos renglones.

Se puede pertenecer a la Patria Grande o la Patria Mundo, sin dejar de ser patriotas de otras entidades. 

El país de donde procedemos, la cuna que nos vio nacer, es el territorio cultural que nos fragua como seres sociales, históricos, económicos, éticos, y culturales. 

Para los latinos la Patria Grande  más cercana es Nuestra América, como la llamara Don José Julián Martí Pérez.

En nuestro caso,  los  habitantes de los Estados Unidos de Norteamérica (y fíjense que no digo “América”, aunque respetamos esta denominación que los estadounidenses  escogieron para nombrarse, pues  América es el nombre de un continente, de quien otro americanista, Simón Bolívar dijo “Para nosotros, la Patria es América”), podemos ser nacionalistas demócratas o socialistas demócratas, como el actual candidato del partido demócrata a la presidencia de los Estados Unidos Bernie  Sanders, pues estamos enraizados en  esta Patria Adoptiva sin dejar de aspirar, en serio, por una “ciudadanía mundial y universal”.

No será otro nuestro empeño hasta lograrlo.  Iniciemos este movimiento por amor a la Patria Tierra, en la que conviven seres humanos y naturaleza en deplorables condiciones.

“¿Quién será en un futuro no lejano, el Cristóbal Colón de algún planeta?” ha escrito Don Rubén Darío,  el poeta nicaragüense. ¿Quién nos podrá impedir que sembremos  y cultivemos  en esta Patria Tierra la categoría “ciudadanos del mundo”, para empezar?

Que nos documentemos con la ONU o sin la ONU como ciudadanos del planeta ahora que estamos ya no en una época de cambios, sino en un cambio de época. Lo que importa es integrar a los ciudadanos del mundo con el medio ambiente para crear una sociedad universal más justa y equitativa.

En tiempos pasados el antropocentrismo jugó el papel protagónico. En este falso antropocentrismo se creía que ese hombre “genérico y abstracto” era, en apariencia,  el centro de todo. Antes de la revolución francesa,  la revolución norteamericana, comenzó la escritura de su acta de independencia con “Nosotros el pueblo…”. Otra abstracción, pues este “pueblo” estaba constituido por los esclavistas y sus socios comerciantes y banqueros. El resto sufría el esclavismo  y la ignorancia.

Luego vino la revolución francesa, donde por cierto se escribió la plataforma base de las metas trascendentales de la nueva República Universal de los Ciudadanos del Mundo, que también es otra abstracción en apariencia utópica. “La declaración universal de los derechos humanos”, generalmente conocida como “…derechos del hombre” (como nuestra idea no es excluyente preferimos llamarle  “derechos humanos” para incluir desde ya a la mujer en términos de igualdad) cimentó esta base.

Pero debemos recordar que  esta famosa revolución francesa cortó las cabezas de los reyes -y de paso algunas de sus promotores-  blandió las banderas de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Sin embargo, más tarde cambiaron estas ideas por la fuerza de la “infantería, caballería y artillería” para oponerse a  la prole, esos siervos que habían creído que los burgueses “revolucionarios” realmente iban a compartir el poder con el pueblo, es decir, con ellos.  “Con el pueblo y para el pueblo” ha sido la gran farsa de los tiempos modernos y  contemporáneos. 

Como ciudadanos del mundo, de la Patria Tierra, es imprescindible que en este cambio de época  pongamos toda nuestra atención  en el “Ecocentrismo”.

Es lo que necesitamos hacer  para salvar a la Madre Tierra que tanto menciona el hermano Evo Morales, presidente de la República Multiétnica de Bolivia, y a quien se le percibe como ciudadano de la Patria Tierra.

Haciendo del ecosistema nuestro centro de  interés podremos salvar nuestra especie, o más bien las especies, de las que somos solo una parte.

Salvando a la naturaleza nos salvamos nosotros. Recordemos aquella sentencia “Dios perdona siempre, el hombre perdona a veces, la naturaleza no perdona nunca”.

Lo que hagamos de mal en ella, nos lo cobrará más temprano que tarde.  Tal vez un balance entre la especie humana y el ecosistema nos permita alcanzar más “libertad, igualdad y fraternidad” y podremos llamarnos, solo entonces, “ciudadanos del mundo”. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 
 




 
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