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Humberto Vacaflor
Recuerdos del Presente y Economía de Palabras · Bolivia

   
   
 

LatinPress. 27 /02/ 2016. Bolivia

   

Redes de la libertad y La dignidad de la derrota.

 

Recuerdos del presente: Redes de la libertad

En lugar de arrepentirse de su arrogancia (“el referéndum es pan comido”) o de la corrupción en el entorno del “enamoradizo” presidente, el gobierno ha decidido culpar a las redes sociales de su derrota del 21 de febrero.

Y se propone elaborar leyes que le permitan controlar, censurar o prohibir las redes sociales que operan en la red Internet en el país, que tiene el peor servicio del mundo, que también es el más caro.

Presurosos, algunos parlamentarios pergeñan proyectos de ley para cumplir ese propósito sin advertir que el tema se ha hecho universal en estos días a raíz de un conflicto surgido entre la justicia de Estados Unidos y las empresas que manejan los servicios de telefonía celular.

La Apple se ha negado a desencriptar un teléfono usado por un terrorista, que era, además, un teléfono de una empresa pública. No solo eso, la empresa más exitosa del mundo anuncia el lanzamiento de un modelo de I¬´phone que será imposible jaquear.

El tema es tan importante que The Economist lo trata diciendo que en Estados Unidos los ciudadanos tienen derecho a la seguridad y a la privacidad, pero que las dificultades surgen cuando esos dos derechos entran en conflicto, como lo están ahora entre la más valiosa empresa del mundo y la más famosa agencia de seguridad, el FBI.

En un país donde la libertad individual es más importante que la existencia del propio Estado, como lo dice su constitución, el tema es difícil. La cuestión de la tenencia de armas de fuego es otra prueba de ello.

Pero proponerse prohibir las redes sociales, como quiere el gobierno del presidente Evo Morales, es sólo para países donde las libertades de las personas están muy restringidas. Un país donde un “sindicato” puede decidir acerca de la propiedad de la tierra de las personas. O un país donde el gobierno se las arregla para decidir quiénes pueden y quiénes no pueden aparecer en los medios de comunicación convencionales.

Decía un experto que controlar o censurar las redes sociales sería como poner límites a las conversaciones entre las vendedoras de un mercado.

Es que la red es sólo un medio de conexión entre dos o más personas. No llega ser un medio de comunicación. En ella se organizan grupos de amigos para compartir criterios acerca de diferentes temas.
Como en un club, donde la gente opina sobre todo y nada, por supuesto, sin ninguna restricción. O en un cumpleaños.

Quienes husmean lo que se está diciendo entre esos grupos de amigos son sólo unos curiosos impertinentes.

Pero la definición que más me gusta es aquella que dice: con la red, las personas se han globalizado.

Cada quien está comunicado con el mundo. Habla con otros no a través del aire, sino de señales eléctricas. Tratar de interferir en esa charla es, además de un delito, una impertinencia. Aquí, los Estados no tienen nada que ver.

Economía de palabras: La dignidad de la derrota


Jorge Luis Borges repetía, incluso en relación con la Ilíada, aquello de que la derrota goza de un grado de dignidad del que difícilmente goza la victoria.


Por esa extraña ventaja de la derrota, todos recuerdan a los troyanos, los derrotados, pero no a los griegos, que incendiaron Troya haya 3.200 años.

Para que la dignidad de la derrota se pueda dar, hace falta que los derrotados se hayan comportado decentemente. Que hayan muerto, como Aquiles, en la batalla.

En la derrota del MAS, ahora, en el referéndum, faltó el elemento de honorabilidad que le hubiera podido conceder el grado de dignidad del que gozan los derrotados.

Patalear, usar triquiñuelas, alegar que el enemigo gozó de ciertas ventajas, no es honorable, porque equivale a lloriquear, a ser plañideros. Culpar a los extranjeros o a conspiraciones internas, verdaderas o no, denigra a la propia derrota.

Amenazar, anunciar vendettas, decir que en anteriores elecciones se dieron casos de manipulación de los resultados, es renunciar a la dignidad de la derrota.

Lo que tienen que hacer los derrotados de ahora, ya que no se merecen el grado de dignidad que otorga Borges, es sosegarse, admitir que unas veces se gana, otras se pierde, pero que siempre hay que competir.

Y que en 2025, con un poco de suerte, podrán volver a las andanzas electorales. Deberán resignarse a que entonces no tendrán las ventajas de ahora, cuando usan y abusan de los medios del Estado.

Deberán ponerse a prueba para ver si son dignos de ganar una elección con las manos desnudas.

Aunque no tengan el grado de dignidad de los derrotados, porque han lloriqueado, tienen ahora la posibilidad de enmendar algunos errores.

Es cierto: la derrota los deja como gobernantes depuestos con mucha  anticipación, pero deberían admitir que son solamente ellos los culpables de esta situación. Sólo ellos se embarcaron en un referéndum en el que iban a ser aplazados.

Ahora pueden dedicarse a mejorar la imagen que tienen, por ejemplo manejando bien las cosas del Estado, las inversiones, las licitaciones, de tal modo que no sean cosas que se resuelven entre sábanas.

A la gente no le gustan esos detalles. Se ha comprobado ahora.

Se podría decir que los derrotados de esta vez tienen que aprender la lección. No es difícil. Un poco de decencia lo resuelve todo. Vacaflor.obolog,com Colaboración especial para LatinPress®

   
 
 

 
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