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Humberto Vacaflor
Recuerdos del Presente · Bolivia

   
   
 

LatinPress. 23 /12/ 2015. Bolivia

   

Economía de palabras: Lamentos del presidente. Recuerdos del presente: Tiempo de guardar.

 

Economía de palabras: Lamentos del presidente.

En el curso de una semana, el presidente Evo Morales hizo dos demostraciones de la inseguridad que tiene respecto de la campaña por conseguir la mayoría de apoyo en el referéndum del 21F.

Primero fue su sorpresivo pedido de una ley que proteja a los masistas para que puedan conservar sus empleos cuando haya cambiado el gobierno.

Eso lo había hecho la señora Cristina de Kirchner en Argentina después de haberse enterado que su candidato fue derrotado: creó muchos de empleos, firmó cientos de designaciones, incluso de embajadores, para dejar a su gente bien “colocada”.

Morales quiere hacerlo mediante una ley, cuyo texto seguramente vendrá a decir que los nuevos empleos creados desde 2006 deben ser respetados aunque las empresas o las oficinas hayan sido cerradas. Por cada empleado público que había en 2006, ahora hay seis.

Si ese anuncio del presidente no hubiera sido suficiente para causar inseguridad en sus filas, vino luego su protesta por el hecho de que los masistas de ahora no concurren a las reuniones populares en que deben escucharlo.

Recordó que, en sus tiempos, la gente marchaba incluso desde el Chapare hasta La Paz, mientras que ahora los masistas no se molestan ni siquiera a llegar hasta el estadio de Cochabamba.
¿Habrá perdido el encanto?

Quienes han hecho política tienen la respuesta: nadie da un paso en Bolivia si no le pagan. Es decir que si los cocaleros del Chapare marcharon alguna vez durante semanas enteras para llegar a La Paz, lo hicieron porque alguien pagaba.

Es probable que el presidente Morales no sepa cómo operan esas cosas, porque, al fin y al cabo, el caudillo no tiene que estar en todos los detalles. Pero quizá sea bueno que se pregunte dónde está la falla. Quién no está cumpliendo con su aporte.

Un consejo. Vea a su alrededor. Quizá allí encuentre que no todos están de acuerdo con la campaña por el SI. Algún ministro que esté corriendo como aspirante a levantar la posta en el caso de que en 2019 el MAS no tenga candidato.

O alguien que sospecha que el referéndum del 21F es un espejismo que se aleja conforme caen los ídolos de pies de barro del S21 (socialismo del siglo XXI).

Recuerdos del presente: Tiempo de guardar.


Un venezolano informa que algo pasa en su país, que muchos chavistas están partiendo al exterior después de haber acomodado sus bienes y haber tomado previsiones sobre sus ahorros, que en algunos casos son cuantiosos, muy cuantiosos.

Aquel chavista que en los últimos meses hubiera tenido la posibilidad de recibir del Banco Central un millón de dólares al precio preferencial, con el argumento de que los necesita para importar alimentos, y los haya vendido en el mercado negro con una ganancia de 80 por 1, se hizo millonario de la noche a la mañana. Y son muchos los que hicieron ese negocio tan imaginativo.


En argentina, los peronistas que hicieron jugadas igualmente brillantes aprovechando el desbarajuste monetario que mantuvo el gobierno de la viuda de Kirchner, también han visto que llegó el tiempo de guardar, de guardar todos los tesoros acumulados.

Los corruptos brasileños se llevan la flor. Hicieron con ese país lo que ni siquiera los portugueses se habían atrevido a hacer. Los desvalijaron, pero en proporciones brasileñas, tan grandes como Iguazú, como el Amazonas o como un 7 a 1.

Venezolanos, argentinos y brasileños que están mirando este espectáculo de escapismo preguntan si valió la pena haber apoyado a gobiernos que —con el pretexto de distribuir la plusvalía, o lo que llamen los marxistas apresurados a la ventaja de haber manejado los recursos— se enriquecieron en proporciones gigantescas, creando un nuevo concepto: la plusvalía de las revoluciones.

Quien maneja una revolución tiene la ventaja de quedarse con los rebalses, además de contar con la posibilidad de defenderse de quienes observan el hecho diciendo que se trata de acusaciones de contrarrevolucionarios, de agentes del imperio, de oligarcas, o lo que sea.

En Bolivia, la danza de los millones de dólares que fugaron del “Fondo Indígena” parece un juego de niños frente a lo que, según denuncia la opositora Jimena Costas, se llevaron otros funcionarios, ya no indígenas, de decenas de contratos apresurados, compras sin licitación, hasta montos que nadie había soñado jamás en Bolivia.

Detrás del Fondo Indígena hay un telón de fondo digno de las Mil y Una Noches. Para evitar que ese verdadero fondo salga a la luz, se ha organizado una fogata a la que se van lanzando la reputación de indígenas, con la intención de mostrar que el “proceso de cambio” es muy severo con los corruptos, siempre que calcen ojotas. Vacaflor.obolog.com Colaboración especial para LatinPress®

   
 
 

 
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