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Humberto Vacaflor
Recuerdos del Presente y Economía de Palabras · Bolivia

   
   
 

LatinPress. 17 /05 / 2016. Humberto Vacaflor Ganam. Bolivia.

   

Especial Economía de Palabras y Recuerdos del Presente.

 

Economía de palabras. Gato encerrado en Panamá.


El trasfondo del caso Panama Papers comienza a salir a la superficie y confirma las peores sospechas: es una operación de chantaje, de venta de información, de reserva de información y de un gran operativo en el que, según Wikileaks, está metido el controvertido George Soros.

 

Gazzetta del Apocalipsis lo plantea así: “**Imaginen, a modo de caricatura, que ustedes son gente poderosa con una serie de intereses políticos y económicos de alto nivel y que un determinado grupo mediático que tiene acceso a los datos de esta filtración, se acerca a ustedes y les propone: “tengo información muy comprometedora sobre tu gran enemigo ‘fulanito de tal’. Si tú me pagas tanto, yo haré públicos los datos sobre sus negocios offshore en Panamá. Y si pagas la cuota Premium, además iniciaré contra él una amplia campaña de desprestigio”.

 

“Y esto a múltiples niveles dentro de todos y a cada uno de los países donde se publicarán las filtraciones. Y además, a medida que el escándalo avance, el precio irá aumentando y se multiplicará en periodos clave, como por ejemplo, antes de unas elecciones.”

 

Aquí se entiende por qué aparece el nombre de Mauricio Macri. Alguien habrá pagado para que surgiera en primer lugar de la lista de 11 millones de nombres.

 

Lo que ocurrió en Bolivia es que el propio presidente Evo Morales dijo a los dos días de conocida la existencia de los Panama Papers, con total certeza, que no se difundiría el nombre de ningún boliviano.

Tres semanas después, el pronóstico del presidente quedó como una verdad a medias: sólo se conocieron los nombres de los enemigos del “proceso de cambio”.

 

La investigación dice que es muy raro que tampoco hayan aparecido norteamericanos que figurarían entre los millones de nombres. La sospecha es que se trata de desprestigiar a los paraísos fiscales que están fuera de Estados Unidos.

 

Y el dato que parece un presagio de lo que está pasando en Bolivia: “tendríamos a los diferentes gobiernos de cada país, que ven en la filtración la oportunidad de perseguir la evasión fiscal a todos los niveles, para conseguir ingresos para el Estado en un momento de “vacas flacas” y justificar además un aumento de la presión y el control fiscal sobre todos los ciudadanos.” Lo dice La Gazzetta del Apocalipsis.

 

Economía de palabras. Sucesión conflictiva.


Los ruidos que hace el MAS en su debate interno para elegir al sucesor del presidente Evo Morales se han hecho ensordecedores. No parecen ruidos intentinos, sino intestinales.

 

Quizá necesiten algunos consejos para resolver sus diferencias, que están produciendo denuncias mutuas con tanta frecuencia que apenas tienen cabida en los medios de comunicación.

 

Una solución podía ser que al dirigente de los cocaleros ilegales del Chapare le suceda, por ejemplo, algún dirigente de otro sector, siempre del frente ilegal, por supuesto.

 

Una idea similar se aplicaba en la COB, claro que entre sectores de la economía legal. Estaban primero los mineros asalariados, luego los fabriles, los ferroviarios, etc. Eso era antes, en la realidad que está en
proceso de ser desplazada.

 

En este caso, pues, habría que hacer una evaluación del peso que tienen en la economía sumergida los diferentes sectores, y establecer así una escala de valoración.

 

Los ladrones de mineral (jucus) podrían alegar que ellos pertenecen al sector más sacrificado y aludir a la preeminencia que tenían los mineros en el sindicalismo del sector legal.

 

La idea sería que, como se trata de mostrar que en Bolivia hay dos Estados, uno legal y otro ilegal, hay que empeñarse en que cada lado de una realidad sea replicado por una cara similar del otro lado. En un juego de espejos.


Los “interculturales”, un eufemismo con que se llama a los colonizadores, ocupados en abrir las brechas del monte para el ingreso de los cocaleros, también deberían estar en esta lista de aspirantes a la conducción del“proceso de cambio”.

 

Los proveedores de insumos para el narcotráfico no califican porque son solamente eso, simples proveedores que no están organizados en ningún sindicato. Habría que descartarlos.

 

Los importadores de ropa usada, pero no los vendedores minoristas, sino solamente los grandes empresarios, tendrían que reclamar el derecho a ser considerados en la lista de sucesión.

 

Los importadores de oro del Perú tendrían que identificarse bien, porque se los confunde con los narcotraficantes y con los jucus.


Los narcotraficantes que entregan la merca en Yacuiba a cambio de granos argentinos, según informó La Nación de Buenos Aires, podrían reclamar algún derecho: al fin y al cabo ayudan a que el precio del maíz no se dispare en Bolivia, como efecto secundario adicional al lavado.

 

En fin, es un universo completo el que se mueve aquí. No convendría que un solo sector de la economía ilegal acapare este proceso, porque si no, ¿de qué proceso de cambio podrían hablar?

 

Economía de palabras. De vuelta a la dinamita.


Cómo estarán los ánimos en el gobierno que ha decidido autorizar el uso de dinamita en las manifestaciones callejeras que se hagan en las ciudades del país, allí donde, según dice Evo Morales, no lo quieren.

 

Algo sabe él de la predisposición de las clases medias urbanas, que ha dispuesto atormentarlas con los petardos y los “cachorros” de dinamita de las organizaciones sindicales aliadas a su gobierno.

 

¿Una especie de guerra civil de baja intensidad? ¿O solamente una provocación a los ciudadanos que el 21 de febrero le dijeron NO a la posibilidad de que él vuelva ser candidato en 2019?

 

Esto tendrá que ver, se supone, con el propósito anunciado varias veces, en diferentes tonos, de que la revolución puede hacerse también a través de otros medios.

 

Si el “proceso de cambio” no puede avanzar por la vía democrática,¿aplicarlo por la vía violenta, provocando enfrentamientos, atrincherándose para una guerra?

 

Quizá tenga que ver con el calendario. En 2018, cuando haya pasado el veto impuesto por el presidente Morales para hablar siquiera de un candidato,¿se volverá a proponer que él lo sea?

 

Y en caso de que la gente proteste por este atropello, esa ofensa a la ciudadanía, además de esa violación de la constitución, ¿se llegará a las manos, a la dinamita, a la batalla?

 

Porque se supone que algún plan habrá detrás de estos aprestos. No se habla de dinamita porque quieres hacer una procesión. La idea ha de ser más ruidosa, por lo menos, y sangrienta.

 

La crisis económica, de la que pocos se atreven a hablar, quizá provoque situaciones incómodas para el gobierno. Si tomara la decisión de aumentar el precio de los combustibles, o devaluar la moneda, las cosas podrían ponerse color hormiga. Lo sabe el gobierno.

 

Y ha decidido abrir el paraguas antes de que llueva, porque sabe que esos negros nubarrones que se avecinan han de traer agua. Entonces entra en escena la dinamita.

 

Don Alfred Nobel, que la inventó, quizá no tuvo en menta que se aporte sea usado no solamente para fracturar rocas en las minas, sino para romper los tímpanos de los ciudadanos que no toleran algunos gobiernos ineptos, soberbios y despóticos.

 

El anuncio del gobierno es, por lo menos, una amenaza a los habitantes de las ciudades bolivianas. Sabrán ellos cómo reaccionan. Hay que esperar que todo lo que hagan sea para bien del país.

 

 

Economía de palabras. La moda de las drogas.


The Economist acaba de confirmar las sospechas de que en Estados Unidos está disminuyendo el consumo de cocaína. Muchas cosas se explican a partir de ese dato, sobre todo para Bolivia.

 

La cocaína consumida en ese país se redujo a la mitad entre 2006 y 2010, dice la nota. Las muertes relacionadas con el excesivo consumo de esa droga cayeron en 34% entre 3005 y 2013.

 

El mejor momento del consumo de cocaína entre los norteamericanos fue la década de los ochentas, cuando 78% de los arrestados por crímenes diferentes daban positivo en cocaína.

 

Pero las cosas han ido cambiando. Entre otras cosas, por cuestiones de moda. Un estudio hecho por la universidad de Michigan comprobó que los estudiantes evitaban fumar la misma marca de cigarrillos que sus padres, por ejemplo.

 

Donde la revista parece equivocar la mirada es cuando dice que el consumo cayó porque estaba disminuyendo la producción en Colombia. Quizá confunde causa con efecto.

 

La lectura desde Bolivia es que la demanda es la determinante, no la oferta. Eso es lo que repiten los defensores de la coca del Chapare. Tanto la defendieron que llegaron a poner a su dirigente como presidente de Bolivia.


Los que sí estaban muy bien informados sobre la tendencia de los gustos de los drogadictos de Estados Unidos eran los líderes de las FARC, que comenzaron, por un lado, a buscar nuevos horizontes y optaron por venir hacia Bolivia, y por otro lado, comenzaron las negociaciones de paz para dejar las armas y el vicio en Colombia.

 

Tomaron el control del parque Choré sin que nadie les diga que no podían hacerlo. Controlaron el tráfico en las fronteras que no eran del interés de los cárteles brasileños. Todo perfecto. La hermandad de los cárteles en el paraiso de las drogas.

 

Habían encontrado otra tierra prometida, que tenía la ventaja de contar con un gobierno muy permisivo y, sobre todo, gracias al dios de las drogas, contar con los nuevos mayores centros de consumo muy cerca de las fronteras bolivianas: las grandes ciudades brasileñas.

 

Hay una explicación menos amarga para el cambio de gustos de los adictos norteamericanos. La cocaína no va con la música electrónica. Para esa música necesitas otro tipo de droga, más tranquilizadora, todo lo contrario de la cocaína.

 

Por el momento, entonces, el nuevo centro internacional de la cocaína es Bolivia. Desde aquí se atiende la demanda regional y mundial.

 

Los grados de violencia que se daban en Estados Unidos y en Colombia tienden a seguir la huella de la droga, a juzgar por el incremento de la criminalidad en Bolivia: 70% en estos diez años.

 

Los electores bolivianos han comenzado a entender esta relación.

 

 

Recuerdos del presente. Vecindario hostil.


Quizá era previsible que en este momento los países vecinos estén tan molestos con Bolivia, a tal punto que comienzan a cerrar sus fronteras, pero algo debían haber sospechado los electores bolivianos cuando, en 2005, eligieron al cocalero Evo Morales como presidente.

 

Cuando la señora Dilma Rouseff era suspendida del cargo de presidente de Brasil, y asumía como ministro de Relaciones Exteriores don José Serra, quien en 2010 había acusado a Morales de ser cómplice del narcotráfico, el gobierno de Mauricio Macri estaba cerrando la frontera boliviano-argentina.

 

Serra dijo hace seis años, cuando participaba en la campaña presidencial, que la carretera por el TIPNIS, que el presidente boliviano quería construir de todos modos, era “a rodovía da cocaína” y decía que era imposible que 90% de la cocaína que ingresa a Brasil desde Bolivia no sea un negocio que goce de la complicidad del gobierno boliviano.

 

Y Macri, en Argentina, recibió en diciembre pasado el encargo de la Corte Suprema de Justicia de su país, de la Conferencia Episcopal y las veinte mayores universidades, además de los electores argentinos, de frenar el narcotráfico, que “pone en riesgo la existencia de la República Argentina”.

 

Mientras la señora Rouseff estaba lamentando que el parlamento democrático de su país la suspenda de la presidencia, los pobladores de la ciudad fronteriza de Villazón estaban cumpliendo su segundo día de protestas y bloqueos porque las autoridades argentinas aplican mayores controles al tráfico fronterizo de personas.

 

Una valla de 500 metros se había levantado ya entre Villazón y La Quiaca por parte de Argentina, porque ese país quiere evitar que siga ingresando la droga y el contrabando desde Bolivia.

Es probable que Serra, con el respaldo de Michel Temer, lo que se aplique una política parecida en la frontera boliviano-brasileña, sólo para impedir el ingreso de la droga boliviana a ese país.

 

En suma, que la coca y la droga que se producen en Bolivia están ahora movilizando a los principales países vecinos, decididos a aislar a Bolivia, a someterla a una especie de cuarentena.

El bloqueo de Bolivia llega del brazo del bloqueador. ¿Todos los bolivianos van a sufrir las consecuencias de una actividad ilegal en la que no todos ellos participan? ¿Justos por pecadores? ¿O los justos van a marcar las diferencias?

 

Recuerdos del presente. El presidente saliente.


Desde el exterior nos llega a los bolivianos la noticia de que las exportaciones de gas natural a Argentina han caído y que ese país se ha visto obligado a llegar a acuerdos con Chile para comprar gas a un precio
más alto.

 

Dicen esas, informaciones que se han publicado en Buenos Aires y en otras capitales de Sudamérica que, según el contrato, Bolivia debería estar enviando en este momento 19 millones m3/d de gas a argentina pero que sólo envía 16 millones.

 

Como no entran en detalles, esas informaciones no dicen que, debido a esta situación, Bolivia debe pagar a Argentina el valor del gas que no está enviando.*


En esa letra chica están contenidos los peores problemas, porque Bolivia deberá pagar a Argentina con la tarifa internacional, de US$ 10,4/millón de BTU, y no con el precio bilateral vigente ahora, de US$ 3,80. Y la letra chica ordena que Bolivia pague, además, una multa de 15% del valor del volumen no enviado.

 

Una situación similar se presenta con Brasil. Se está enviando volúmenes menores de gas, pero la tormenta política de ese país hace que la noticia no alcance los ribetes que merecería.

 

Pero el gobierno boliviano tiene ahora la obligación de informar al país por qué no se está enviando a los países vecinos los volúmenes de gas comprometidos. Con el detalle del monto que deberá pagar por las sanciones que tienen el nombre de “deliver or pay”.

 

El escándalo desatado a raíz de aventuras amorosas del presidente Evo Morales está ofreciendo informes sobre la corrupción oficial a borbotones, pero de manera desordenada.

 

Lo que corresponde es que alguien, preferiblemente el Contralor, diga cuánto dinero del Estado boliviano ha sido mal manejado por el gobierno del presidente Morales, partida por partida, rubro por rubro. Que se señale a los responsables, además del principal, y que se informe sobre las acciones judiciales que se están siguiendo para recuperar esas fabulosas fortunas que podían haber sido utilizadas para salud, educación, discapacitados, etcétera.


El periodismo está cumpliendo ahora su función de fiscalización. Y lo está haciendo muy bien. No pasa un día que no se conozcan detalles de nuevos hechos escandalosos.

 

Esa es la fiscalización periodística. Falta que las instituciones del Estado, creadas para ello, cumplan con su función y lleven a la cárcel a los responsables.

 

En Brasil está a punto de ser destituida la señora Dilma Rouseff por hechos de corrupción muy parecidos a los que descubren en Bolivia.

 

*Si el presidente Morales debe ser sometido a juicio de responsabilidades, que se lo haga. Por el momento él vive, con angustia, su calidad de presidente saliente. Y no tiene esperanzas de que los bolivianos le autoricen a ser candidato en 2019, porque ya le dijeron que no.

 

Recuerdos del presente. Vientos de “impeachment”.


No en homenaje a Shakespeare, sino de las urgencias políticas, la palabra“impeachment” es usada ahora en Brasil para definir la destitución de Dilma Rouseff.


Habrá que familiarizarse con esa palabra o con el concepto, por lo menos en los países donde tenemos gobiernos ineptos y corruptos. Sobre todo si, además, son insensibles, como el caso boliviano.

 

La crisis brasileña llegó a este nivel porque Petrobrás está en graves problemas, como una deuda externa de US$ 120.000 millones. Y los brasileños quieren a Petrobrás más que a Pelé. Aunque ahora se vé que quieren a Petrobrás más que a Lula.

 

Hay empresas que son símbolos. En Bolivia tenemos a YPFB, que fue creada tras una guerra, fortalecida con una nacionalización tras una guerrilla y ahora sometida a un proceso de mentiras y manejos oscuros en medio de una gestión deastrosa.

 

Como quien nada dice, el ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, acaba de revelar que algunas empresas del “holding” YPFB están con “números rojos”. Si la “nacionalización” de 2006 fue una mentira inventada por Wálter Chávez, estos números rojos, en cambio, son de veras rojos.

 

A ello se debería el despido de gerentes, anuncios de fusiones, etcétera. Aunque hay quienes atribuyen estas movidas a las denuncias de los sindicatos contra ejecutivos que no habrían asistido a las reuniones de coordinación en la campaña para el referéndum del 21F.

 

La deuda financiera de YPFB ha crecido mucho. No tanto como la de Petrobrás, pero en proporción, es mayor. Plantas con costos millonarios que se han construido por premuras de las comisiones, sin cerciorarse si habrá o no una producción suficiente.

 

Y ahora ocurre que en la primera quincena de marzo, las exportaciones de gas a Argentina fueron por 14,5 millones m3/d cuando debían ser de 16,4 millones hasta el 30 de abril, y pasar a 19,9 millones desde el 1 de mayo.

 

Y aquí entra, otra vez, el idioma de Shakespeare. Se aplicará la cláusula“deliver or pay” y Bolivia deberá pagar a Argentina por todo el gas que no haya enviado, más una multa de 15%.

 

Por el momento, con sus pagos atrasados, Argentina no hace problema, pero tiene la sartén por el mango. Brasil, cuando pase esté “impeachment” preguntará, quizá golpeando la mesa, porque no serán lulistas los que estén a cargo, por qué no está yendo el volumen convenido.

 

Cuando haya llegado ese momento, y se sumen a esos problemas los otros, todos de ineptitud y corrupción, quizá los bolivianos tengamos que aprender y aplicar el “impeachment”.

 

Recuerdos del presente. Escasez de gas.

 

El volumen de gas que sigue saliendo de las viejos campos descubiertos el siglo pasado está disminuyendo a un ritmo un poco más acelerado del previsto.


En este momento, la producción está por debajo de los 60 millones m3/d, incluso por debajo de 57 millones, con tendencia a seguir cayendo.


El gas de Incahuasi y de los bolsones descubiertos durante el anterior proceso electoral por la Repsol en Margarita, todavía no ha llegado a la red de gasoductos.

 

Los volúmenes que van a Brasil y Argentina están disminuyendo como resultado de esta crisis. Al parecer, el gobierno está negociando con esos países para que el tema no alcance notoriedad de conflicto, quizá juga do con los pagos demorados, con uno de esos países, y con negociaciones del próximo contrato, con el otro.

 

Es que las inversiones fueron insuficientes desde que, en 2006, el gobierno lanzó la negociación con las petroleras, que decidió llamar“nacionalización” por recomendación de Walter Chávez.

 

Ahora, cando las petroleras están pagando menos que en los tiempos de Sánchez de Lozada, se podía esperar que invirtieran un poco más, pero eso sería tarde para resolver la actual crisis.

 

Un campo descubierto tarda, según cálculos de Carlos Darlach, doce años en promedio antes de estar conectado a la red de ductos. El mismo experto, doctor en geología, dice que, como van las cosas, Bolivia podría verse en la necesidad de importar gas natural en la próxima década.

 

Lo bueno de eso es que la próxima década el precio del gas natural en todo el mundo estará al alcance de cualquier país. En este momento, ese precio es el más bajo de los últimos treinta años. En 2005 estaba en US$ 15,37 por millón de BTU y ahora está en US$ 2,04. El gas natural licuado australiano que llega a China y Japón cuesta US$ 4,40, más o menos lo que costó el gas natural licuado que Estados Unidos envió a Brasil hace un mes, como su primera exportación hacia Sudamérica.

 

Quizá convenga ahora que los gobernantes bolivianos aprendan de lo que está haciendo Arabia Saudita, que ha decidido dejar de depender del petróleo y está sembrando los ingresos de las que seguramente serán susúltimas exportaciones de crudo. Vacaflor.obolog.com Colaboración especial para LatinPress®

   
 
 

 
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