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Humberto Vacaflor
Recuerdos del Presente y Economía de Palabras · Bolivia

   
   
 

LatinPress. 20 /04/ 2016. Humberto Vacaflor Ganam. Bolivia.

   

El Quijote en Bolivia y. Publicidad y periodismo.

 

Economía de palabras: El Quijote en Bolivia.

Hace 400 años, un 22 de abril, Miguel de Cervantes Saavedra “dio su espíritu, quiero decir que se murió”, como escribió él al dar cuenta de la muerte de Alonso Quijano.

En 1590 había pedido su nombramiento de corregidor de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz. Pero Felipe II se lo negó, felizmente, porque si bien La Paz perdió con esa decisión al mejor corregidor del planeta, él no hubiera escrito en 1605 la primera parte de la mejor novela que conoce la humanidad.

Las tareas de administrar el comercio de la coca en La Paz le hubieran absorbido. O la novela hubiera resultado alborotada.

Don Quijote habría tenido que luchar contra otro tipo de monstruos. Su Dulcinea hubiera sido no una segadora de trigo, sino una pisadora de coca. Y quizá hubiera comenzado la novela diciendo “En un lugar del altiplano de cuyo nombre no quiero acordarme”, porque los nombres en aimara son difíciles de recordar, claro, no por otra cosa.

Pero quizá hubiera llegado hasta Potosí don Quijote, buscando la montaña rica, para comprobar que estaba ante la evidencia de uno de los consejos de Alonso Barba: “cerro en forma de teta, búscale la veta”. Porque forma de teta, tiene Potosí, aunque ahora un poco deteriorada por 500 años de succión ininterrumpida.

Pero entonces, el Quijote hubiera entrado no en la Cueva de Montesinos, sino en alguno de los socavones de Potosí, donde hubiera tenido fantasías similares, pero esta vez agravadas por la falta de oxígeno, a 4.200 metros sobre el nivel del mar. Para ese problema, los mineros le habrían recomendado un té de coca.

Allí, en Potosí, hubiera estado en una de las más grandes ciudades del mundo, en cantidad de habitantes. Más grande que Madrid, por ejemplo. En su obra, menciona dos veces a Potosí y una vez al Perú.

Pero el hombre no se vino por estos lares. No necesitaba hacerlo. Está en casi todas las casas de la gente de estas partes del planeta. Nos ha educado con su humor. Nos ha incorporado a la religión de los españoles, el quijotismo, que practicamos más que la otra.

En mi caso, a mi edad, la frase que más me emociona es la despedida de Barcelona, después de haber sido derrotado por el Caballero de la Blanca Luna.

Recuerdos del presente: Publicidad y periodismo.


Oscar Wilde dijo alguna vez que los periodistas son aquellos que escriben en el reverso de los avisos de publicidad. Es una de las opiniones más suaves de los escritores famosos acerca del periodismo.

Toca un punto sensible, porque los medios de comunicación viven de la publicidad que pueden reproducir, porque, en los escritos, la venta de los ejemplares no podría cubrir los costos de la  operación. Son empresas que deben cuadrar sus cuentas para sobrevivir y necesitan los avisos publicitarios.

Las empresas privadas saben cómo elegir los medios donde van a poner sus avisos, según el alcance de cada uno de ellos. Pero, ¿qué pasa con la publicidad oficial cuando está en manos de funcionarios que han recibido la orden de no guiarse por el alcance, sino por razones políticas?

Los gobiernos del “socialismo del siglo XXI”, esos que se están hundiendo en la corrupción en toda Sudamérica, han abusado de la discriminación política en la asignación de los recursos de la publicidad del Estado.

No solamente han comprado medios, han usado las armas de la presión tributaria, han ofendido al periodismo, sino que han tratado de asfixiar a los medios independientes negándoles la publicidad estatal.

En Bolivia se sabe de medios que han sido multados con saña hasta que fueron doblegados. Medios que han sido vendidos porque el SIN los estaba ahogando con deudas inventadas, y cuando se produjo la venta, las deudas desaparecieron.

Lo de Venezuela fue un festival del abuso y la prepotencia. Los medios que no aplaudían a Hugo Chávez eran cercados, presionados y asfixiados, hasta que los propietarios aceptaran venderlos.

Ese impulso fue el que trajo a un compulsivo comprador de medios a Bolivia, hasta que sus amigos locales descubrieron que era más barato presionar a los medios hasta doblegarlos, en lugar de comprarlos. Ya tenían más que suficientes. Fallaba la administración, como ocurre en las empresas estatales, un problema crónico en el “socialismo del siglo XXI”.

Pues las cosas están cambiando en la región. Se van los buitres. Un juez argentino acaba de ordenar al Estado a asignar publicidad al programa de un periodista que había sido perseguido, asfixiado y confinado por el anterior gobierno: Luis Majul.

Ahora, el gobierno argentino, por orden de la justicia, debe asignar la publicidad del Estado de manera homogénea. Sin discriminar.

Es el cambio del proceso.


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