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Humberto Caspa
Estados Unidos

   
   
 

LatinPress. 31 / 5 / 2019. Humberto Caspa. Estados Unidos.

   

Presagio maldito, y heraldo de buenas nuevas

 

Cuando llegué a California hace 43 años, sentí que la sociedad norteamericana era más abierta, más propensa a la aceptación de las minorías étnicas que mi país natal, Bolivia.

En esos años se cuestionó el término de “Melting Pot” y se utilizó el concepto de “salad bar” para caracterizar la diversidad cultural de Estados Unidos.

Por muchos años sentí que este país estaba en vías del buen camino, que aceptaba dignamente a las nuevas poblaciones y sus acervos culturales.  Sin embargo, cuando inicié a escribir columnas para La Opinión a mediados del 2003, me di cuenta que esa imagen empezaba a tener cambios.

Luego, un año más tarde, el editor del periódico Los Ángeles Times me solicitó que escribiera en inglés sobre temas de la población latina para que pudieran ser publicadas en una sección local del Condado de Orange, California.

Después de hacer un análisis minucioso de la comunidad latina en la ciudad de Costa Mesa, California, me di cuenta que su gobierno estaba infestado de figuras políticas que profesaban ideologías de la extrema derecha. 

El ex alcalde de la ciudad, Alan Mansoor, creía que los problemas sociales de esta ciudad –crimen, drogas, desempleo, etc.— se debían específicamente al flujo de migrantes latinos y nacionales estadounidenses de ascendencia latinoamericana, quienes habían estado poblando la ciudad desde la década de 1990.

Mi sorpresa fue mayor cuando descubrí que en una de las comisiones del gobierno tomaba parte un individuo, Martin H. Millard, que cultivaba la ideología nazi. 

Millard no solamente detestaba a los latinos, sino que creía que nuestra población era la causante de todos los males de la ciudad.

Millard y sus compinches del gobierno –el alcalde y una mayoría del consejo municipal— crearon ordenanzas municipales que afectaron directamente a las familias latinas. 

Cerraron el centro de trabajo, eliminaron el Comité de Relaciones Humanas, prohibieron el uso de balones de futbol, soccer, en los parques recreacionales y pretendieron obligar a que los policías de la ciudad actuaran como agentes de migración.

Los racistas duraron en el gobierno local desde 2002 hasta las elecciones presidenciales de 2016.

Costa Mesa se había convertido en un maldito presagio del racismo.  Precisamente en 2016, cuando Costa Mesa decidió terminar con la cultura de odio, nuestro país eligió a un racista a la presidencia.  

Al igual que el ex alcalde de Costa Mesa, Trump está haciendo lo imposible para sacar a los latinos del país.

Sin embargo, el año pasado, en las elecciones intermedias, Costa Mesa eligió a una mujer, Katrina Foley, como alcaldesa municipal.  Esta ciudad puede ser también un heraldo de buenas noticias.


La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es hcletters@yahoo.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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