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Humberto Caspa
Estados Unidos

   
   
 

LatinPress. 1 / 3 / 2018. Humberto Caspa. Estados Unidos.

   

Venezolanos en Colombia

 

Una vez que el gobierno de Nicolás Maduro de Venezuela empezó a reprimir a los grupos y partidos políticos opositores, el flujo migratorio hacia las ciudades colombianas se incrementó notablemente.

De acuerdo a los datos que arroja el servicio de migración colombiano, a fines de 2017 se contó aproximadamente 550.000 venezolanos.  Lo anterior es un incremento de alrededor de 62% con relación al reporte presentado en 2016.

Inicialmente las ciudades y pueblos fronterizos fueron los puntos neurálgicos del proceso migratorio venezolano en Colombia.  Sin embargo, una vez que aumentó su cauce, las ciudades centrales del altiplano cundi-boyacense (Bogotá, Tocancipá, Tunja, Duitama, Sogamoso, entre otros), se convirtieron en el nuevo destino de las familias venezolanas.

La desgracia de esta gente produjo inmediatamente un gesto de solidaridad en el seno la sociedad colombiana.  Tanto las organizaciones sociales, como los grupos religiosos y organizaciones no-gubernamentales (ONGs), se movilizaron para tratar de aminorar las carencias que padecían.

Sin embargo, las necesidades son en abundancia y el Estado colombiano, particularmente el gobierno nacional, no ha contado con las capacidades económicas ni con los recursos humanos para contrarrestar el flujo migratorio venezolano.

Así, los nuevos retos les correspondieron a las organizaciones sociales, civiles y a los gobiernos departamentales y municipales.  La llegada masiva de migrantes venezolanos a las diversas ciudades ha concitado redoblar esfuerzos.

Los gobiernos locales y las organizaciones sociales tienen que proveer con lo mínimo necesario para que estas nuevas poblaciones no alteren la estabilidad social ni que la misma población local colombiana caiga en el abismo de la crítica irracional y prejuiciosa.

Hay quienes juzgan a los migrantes venezolanos en forma objetiva y de buena manera; empero, también existen segmentos en la sociedad colombiana que generan mitos, exageraciones y estereotipos.

A las mujeres jóvenes las etiquetan como proclives a la prostitución, a los adultos mayores como personas inclinadas a utilizar el sistema de salud y a los jóvenes varones como una población propensa a pertenecer al ambulantaje y a las organizaciones delictivas en los centros urbanos de Colombia.

La migración venezolana a Colombia nunca debería tratarse como un acto de invasión, menos como un delito.  Son consecuencia de un gobierno autoritario que no se responsabiliza de sus actos.

Los colombianos tienen la oportunidad de demostrar solidaridad y empatía con los migrantes venezolanos.  Recordemos que hubo instancias en que los colombianos migraron a Venezuela por necesidades económicas.  En esos tiempos, muchos venezolanos los recibieron con los brazos abiertos y les permitieron establecerse en su tierra para que pudieran organizar sus familias.  Hoy, ese trabajo les corresponde a todos los colombianos. hcletters@yahoo.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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