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Humberto Caspa
Estados Unidos

   
   
 

LatinPress. 19 /05/ 2016. Humberto Caspa. Estados Unidos.

   

Elecciones primarias; Consejos a Hillary. Falta una alternativa.

 

Modernizar a las elecciones primarias.


Durante las últimas semanas, se ha dicho mucho de la falta de democratización en el proceso de las elecciones primarias.  Sin embargo, con todos los problemas que se visualiza en su interior, la forma de elección en base a un Sistema de Delegados es la menos problemática de todo el continente Americano.


En otros sistemas políticos, como en la mayoría de los países latinoamericanos, los dirigentes de los partidos políticos eligen al candidato de su preferencia de acuerdo a sus propios criterios y caprichos.


En algunos casos no existe ningún un mecanismo de control.  Los presidentes nombran a sus propios sucesores.  En este sentido, el “dedazo” de México fue, en su momento, una de las formas más claras de nepotismo y corrupción alrededor del nombramiento del líder más importante de este país. 


Hoy, este tipo de nombramientos ha desaparecido, pero otras prácticas similares al “dedazo”  todavía permean el nombramiento de dirigentes políticos en México.


En otros casos como en Cuba, la dirigencia política y, por ende, el liderazgo de este país es transferido de un pariente a otro.  Fidel Castro le otorgó a su hermano Raúl la “comandancia” de su país, a pesar de que había personas más capacitadas para ejercer este rol.


En Argentina, el expresidente Néstor Carlos Kirchner dejó el camino despejado para que su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, tomara la batuta de su partido político, con el apoyo de la maquinaria política de su esposo, a Cristina se le fue más fácil llegar a la Casa Rosada.


En este sentido y contrario a lo que sucede en América Latina, el Sistema de Delegados por lo menos permite la participación de una parte del electorado nacional (demócrata y republicano) en la elección del candidato oficial a la presidencia.


El electorado del Partido Demócrata o Republicano elige indirectamente a su candidato presidencial por medio de elecciones internas y caucus.  En el peor de los casos, el nombramiento lo hacen sus dirigentes políticos como sucedió en Colorado y Wyoming.


Los delegados son elegidos de la siguiente manera.  En el caso del Partido Demócrata, de un total de 4.766 delegados, 4.051 son elegidos por el electorado demócrata; es decir 85% provienen a través de la venia de los votantes.  Mientras que 715 delegados (15%) toman el nombre de “Superdelegados”, quienes son personas afiliadas a la dirigencia del partido político o fueron personajes importantes en el pasado.


Es decir, de los 715 superdelegados, 434 pertenecen al Comité Nacional del Partido Demócrata; 20 son líderes distinguidos, como expresidentes, vicepresidentes, exlíderes congresistas y exdirigentes; 193 miembros de la Cámara de Representantes del Congreso; 47 miembros del Senado; 21 gobernadores pertenecientes a este partido político.


El Partido Republicano funciona de una manera similar, aunque confieren un número menor de delegados por estado.


Sin embargo, el Sistema de Delegados es una forma anticuada de elegir al candidato a la presidencia y no es digno de la democracia más importante del planeta.  Lo más aconsejable es que los dos partidos políticos permitan la elección directa de los candidatos a la presidencia.


Uno de los requisitos más importantes debería ser que los votantes tengan que estar adscritos a su partido político antes de sufragar su voto en las primarias electorales.  A los votantes “independientes” se les debe negar este derecho.  Estos últimos tendrán todo ese derecho en las elecciones presidenciales de noviembre.


Es tiempo de revisar las reglas de juego de las elecciones primarias.  El proceso electoral no puede quedarse en el pasado; hay que modernizarla.

 

Consejos a mi “amiga” Hillary.


La guerra política por la Casa Blanca no va a ser nada fácil para el equipo de Hillary Clinton y los demócratas.  Sería un gran error subestimar a Donald Trump; a su saña, sus insultos, su desdén, sus mentiras y su personalidad manipuladora.


Si Hillary Clinton quiere llegar a la Casa Blanca tiene que ser tan astuta como una zorra de la pradera y tan fuerte como una tigresa de Bengala.


Como se ha comprobado a lo largo de su trayectoria empresarial y recientemente durante su campaña política, Trump es una persona con pocos escrúpulos.  Solo le interesa ganar, salirse con la suya.  No le importa si, en el proceso de obtener sus objetivos, hace daño a la gente, a los niños, a las mujeres, a los discapacitados y a personas de la tercera edad.


Si se trata de insultar para ganar puntos, Trump lo va a hacer públicamente las veces que quiera y ante los medios de comunicación.  En su mundo paranoico, no hay una persona ubicada más arriba de su sillón almidonado.  Al único que hace caso es a sí mismo.  Es el hombre más engolosinado con su persona; es un verdadero egomaniaco.


Por consiguiente, Trump va a insultar a Hillary Clinton.  Ya la ha llamado “transa” varias veces.  La va a etiquetar con este nombre en todo momento para tratar de darle una imagen negativa con el electorado nacional. 


También la llamará ‘mujer débil’, ‘sin carácter’, ‘sumisa’, ‘embustera’, ‘fracasada’, ‘engañada por tu esposo’ e incluso hará uso de disparates ofensivos que solo caben en la boca de la gente ignorante y aquellos que ahondan su desdicha en los tugurios de la noche.


Por favor, señora Clinton, nunca se irrite cuando la ofenda.  No le muestre los colmillos en frente de la gente, como lo hicieron los ex gobernadores Bobby Jindal (Louisiana) y Rick Perry (Texas); tampoco trate de darle un zarpazo frente a las cámaras de televisión, como recientemente lo hizo el senador Ted Cruz. 


No le conviene que se una a su juego sucio, como lo hizo Marco Rubio.  No le recomiendo que ignore totalmente su comportamiento falaz, como lo hizo John Kasich. 


A todos estos candidatos, estos errores, les costó el sueño de llegar a la Casa Blanca.


En casa de lobos salvajes como Trump, lo mejor es actuar con astucia, serenidad e inteligencia.  Cuando sea necesario utilizar la fuerza, usted va a tener la dicha de darle un zarpazo, del mismo modo que lo hace una Tigresa de Bengala cuando enfrenta a un cocodrilo desdichado. 


El golpe tiene que venir por detrás, por la nuca, cuando menos lo espera y cuando más daño le haga.  


En los debates presidenciales mantenga la compostura.  A nosotros, a los demócratas, a una gran parte del electorado independiente y muchos republicanos, no nos interesa escuchar bufonerías e insultos.  


Queremos que nuestros líderes no muestren el camino del desarrollo económico.  ¿Cómo es que vamos mejorar las bases industriales?  Queremos que nos explique a detalle cómo es que vamos a mantener en nuestro país todas esas empresas que intentan reubicarse en el extranjero.  Háblenos de sus planes de contra el terrorismo, de migración y de los derechos de la mujer.


Uno de los grandes recursos de Trump ha sido dominar a sus contrincantes a través del uso de los medios de comunicación.  No puede dejar que le gane y aparezca todos los días en la televisión. 


Tienes que hacer todo lo posible para estar al frente de los programas radiales, de la televisión, el internet, los tweets, etc.  Róbale los espacios mediático y verás que poco a poco le quitas su arrogancia.


Sin melena, Sansón perdió toda su fuerza.  Sin los medios de comunicación, Trump no es más que un pequeño monigote hollywoodense.  A nosotros esa gente nos gusta para entretenernos y no para guiarnos ante el mundo.  Suerte; un admirador tuyo.

 

Falta de una alternativa real.


Tanto los liberales como los de centro-izquierda tienen, relativamente, una opción real con Hillary Clinton en las elecciones de presidenciales de noviembre. 


Lo mismo se puede decir de un sector conservador –económico y étnico-radical de la derecha— que facilitaron el dominio de Donald Trump en las primarias del Partido Republicano.


Me pregunto: ¿Qué pasa con aquel grupo tradicional de religioso que normalmente apoya a los candidatos republicanos?  ¿Por quién van a votar en las elecciones presidenciales?  ¿Cuál de los dos, Hillary Clinton o Donald Trump, conseguirá su apoyo? ¿Será que estos grupos religiosos se quedarán en casa y no votarán por nadie?
           
Si nos remitimos a la historia, podemos deducir que sin los evangelistas, adventistas, mormones, testigos de Jehová, entre otros grupos religiosos que existen en el país, George W. Bush no hubiese llegado a la Casa Blanca.  Es más, difícilmente hubiese tenido la oportunidad de gobernar su estado natal de Texas.


Una comadre mía de México que hoy vive en la ciudad de Santa Ana, California, ha sido muy fiel a las creencias de la Iglesia Católica.  Su religión ha dictaminado sus decisiones políticas desde el momento que llegó a Estados Unidos, especialmente una vez que adquirió la ciudadanía norteamericana.


En políticas sociales, en base a discusiones que tuvimos, siempre ha demostrado tener opiniones contrarias al aborto; no ha aceptado los matrimonios del mismo sexo y ha sido defensora del papel “tradicional” de la mujer en la familia.


Por otra parte, en cuestiones de políticas económicas, debido a que su esposo es un empresario bastante exitoso (un migrante boliviano), a menudo se ha inclinado por las políticas de mercado.  Considera que el sector privado es el motor de la economía y que el aparato estatal simplemente debería garantizar las transacciones entre las empresas y los trabajadores y/o viceversa.


No está de acuerdo en la intervención Estatal en la economía.  No le gusta que el gobierno subsidie o cree oportunidades especiales para algunos grupos étnicos en detrimento de las mayorías.  En otras palabras, mi comadre, quien es absolutamente una persona lindísima y muy solidaria, siempre pensó, válido el dicho, que “el que trabaja duro, tarde o temprano logrará sus objetivos”.


En base a las conversaciones que tuve últimamente, he podido apreciar su indecisión en torno a las elecciones presidenciales de noviembre.  Mi comadre es una ideóloga conservadora, pero hoy su partido político la ha dejado con un candidato que no profesa sus ideales políticos, especialmente sus creencias religiosas.


Donald Trump no solamente ha expresado su repudio hacia los migrantes indocumentados, sino que ha insultado a toda la nación mexicana. 


A pesar de que mi comadre no está de acuerdo con ciertas partes del proyecto migratorio demócrata, la actitud irrespetuosa de Donald Trump la ha hecho condenar sus comentarios.  Siente que el empresario de la melena rojiza miente mucho y sus políticas sociales son demasiado liberales. 


Como mi comadre, hay millones de estadounidenses que no comulgan ni con las políticas y actitudes bochornosas de Trump, ni con el sesgo liberal de Hillary Clinton.


En tal sentido, estas poblaciones religiosas conservadoras no tienen una alternativa real en las elecciones presidenciales de noviembre. 


Es una verdadera tristeza que nuestro sistema político bloquee sistemáticamente la emergencia de otros partidos políticos que no sean republicanos o demócratas. 


Soy consciente que es virtualmente imposible cambiar el sistema electoral del país, pero creo que es un buen momento para, por lo menos,  discutirlo.  Tal vez, en un futuro lejano, mi comadre y sus correligionarias tengan la oportunidad de votar por un candidato adecuado a sus ideales políticos.

hcletters@yahoo.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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