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Humberto Caspa
Estados Unidos

   
   
 

LatinPress. 20 /10 / 2016. Humberto Caspa. Estados Unidos.

   

Escobar: espejo de Trump.

 

A Donald Trump se le ha comparado con los personajes más funestos e infames de la historia, incluyendo con dictadores como Adolfo Hitler de Alemania, Joseph Stalin de la ex Unión Soviética y Augusto Pinochet de Chile, entre otros.

Aunque muchos pensaran exagerada la comparación del magnate de copete rojizo con Pablo Escobar, máximo jefe del narcotráfico colombiano en la década de 1980, lo cierto es que, si se analizan sus personalidades, existen muchas similitudes entre estos dos personajes.

Lo único diferente es que Escobar conseguía sus metas y objetivos a través de la amenaza, la compra de favores y las balas.  Mientras que Trump se vale de la calumnia, la mentira y un equipo de abogados inescrupulosos que utilizan sus conocimientos para “aniquilar” a las personas.

Los dos estaban muy interesados en la política del gobierno.  Inicialmente, a principios de la década de 1980, Escobar fue elegido como representante a la Cámara Nacional a través de un proceso electoral.

Su intención en la política no fue sólo llegar al Congreso, sino aspirar a la presidencia de Colombia y convertir a su país en un ente narcotraficante sin límites.

Trump, por su parte, nunca participó en un proceso electoral anterior a las elecciones de 2016.  Su intención de llegar a la Casa Blanca, sin embargo, ha sido una meta que lo ha cultivado desde muy joven.

Tanto Trump como Escobar crearon una estrategia personal basada en la lealtad para lograr sus objetivos.  En este sentido, los dos se distinguen por tener una personalidad autoritaria y una toma de decisiones totalitaria.

Pablo Escobar siempre consideró que las personas que le rodeaban tenían que ser individuos que no deberían dudar de su voz de mando.  A aquellos que le demostraban su lealtad, los premiaba con grandes sumas de dinero.  Empero, aquellas personas que dudaban de su liderazgo o se entrometían en sus planes, simplemente los mandaba a matar. 

Donald Trump no tolera que le digan no.   Las decisiones, tanto en sus negocios como en la presente campaña electoral, han sido tomadas de una manera unilateral.  Las sugerencias de los directores de su campaña política apenas son escuchadas, raras veces son implementadas.

Por eso no sorprenda a nadie que grite a los cuatro vientos que se “libró de las cadenas que le impuso el Partido Republicano” después de que sus dirigentes le negaran su apoyo.

Escobar como Trump son los personajes extremadamente vengativos.  Escobar hacía desaparecer a familias enteras porque uno de sus miembros le había traicionado.

Asimismo, la sed de venganza de Trump ha llegado a un punto de ser considerada como una enfermedad sicológica.  Cuando le critican, inmediatamente utiliza los medios de comunicación o las redes sociales para despellejar a sus enemigos.  Lo hizo con Rosie O´donnell, con el Presidente Barack Obama, con los padres de un héroe excombatiente, con la ex miss universo, e incluso con una persona discapacitada.

Pablo Escobar y Donald Trump comparten el mismo mundo funesto de la avaricie.  El primero cayó derrotado por sus excesos; al segundo le espera el mismo camino, aunque no será un ejército quien lo acabe sino un pueblo cansado de su testarudez. hcletters@yahoo.com Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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