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Año 7. Marzo 2011 – Agosto
2018.


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Humberto Caspa
Estados Unidos

   
   
 

LatinPress. 5 / 8 / 2018. Humberto Caspa. Estados Unidos.

   

Enfermedad del populismo

 

El populismo es una enfermedad política que infecta al aparato estatal de la república, debilita las instituciones de gobierno y termina carcomiendo el tejido de la sociedad.

Bajo el manto opresivo del populismo, la democracia se diluye, los medios de comunicación inicialmente resisten su fuerza arrolladora, pero luego sucumben ante su asedio autoritario.  Finalmente se convierten en un medio propagandístico de los intereses del líder populista.

El congreso y el poder judicial pierden su autonomía e independencia y llegan a ser simples títeres de la demagogia y el oportunismo del populismo.

La característica principal de un régimen populista es la férrea alianza entre el líder oportunista y un movimiento social de clase media-baja.  Los intereses de esta población no solamente no fueron reivindicados por gobiernos que prefirieron asociarse con los grupos económicos de clase media-alta, sino que los han ignorado casi por completo.

El líder popular se encarga de vociferar los agravios que se comenten contra las bases sociales de clase media-baja, provoca una reacción contra el gobierno, promueve la polarización en la sociedad y genera un movimiento que conduce a su llegada al poder político.

El populismo puede venir en diversos colores y tamaños.  Los hay de la extrema izquierda como también existen de extrema derecha.

En Bolivia el populismo de Evo Morales se generó dentro de la izquierda, lo mismo sucedió en Venezuela con el gobierno de Hugo Chávez.  Por otra parte, años previos a la Segunda Guerra Mundial, el populismo que se generó en Alemania fue de la derecha.  El resultado fue la llegada del líder más infame que ha conocido la historia: Adolfo Hitler.

En Estados Unidos, el populismo tiene raíces en la década de 1890, cuando emergió el Partido Popular en las zonas rurales de los estados de North Carolina, Alabama y Texas.  Sus miembros provenían de los grupos económicos de clase baja y condenaban a gobiernos que preferían el desarrollo de las zonas urbanas.

Ideológicamente eran grupos conservadores y condenaban a las migraciones provenientes de Polonia, Irlanda e Italia.  Su mejor aliado fue el Partido Demócrata, cuyos representantes promovieron las políticas más reaccionarias de su tiempo.

Actualmente, el populismo está encarnado en el trumpismo y es un mal que, al igual que en el pasado siglo, afecta a las clases media-baja, principalmente a las poblaciones de las zonas rurales.

A diferencia del movimiento que se gestó en la década de 1890, el populismo de hoy está protegido por el manto del Partido Republicano.  Como ayer, este movimiento es reaccionario, polarizante, racistas y sexista.

Nuestro país no debe tolerar este tipo de gobiernos.  Digámosle No al populismo en noviembre.


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