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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 21 / 7 / 2019. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Superabundancia de carne humana

 

“Quiconque n´est pas mort jeune mérite de mourir (Quienquiera que no haya muerto joven amerita morirse)”, reza una aislada nota en los cuadernos del notable pensador rumano-francés Emil Cioran, dado a conocer en España por una obra de juventud de Fernando Savater.

Tal vez debimos omitir el nombre del autor como precaución ante la ominosa posibilidad de que la idea adquiera demasiado prestigio y a causa de ello algún movimiento político o religioso se sienta tentado a adoptarla como consigna motriz de una futura degollina universal.

Al fin y al cabo, no es difícil imaginar a un demagogo criptofascista, de los que ahora tanto abundan, subiéndose a una tribuna a declarar que se es joven solo mientras no se llegue a los 40 o a los 50 años, y a convocar a sus seguidores a la liquidación de todos los seres humanos que hayamos sobrepasado ese límite de edad.

No es, como podría parecer, un temor descabellado. Esta siniestra idea hace juego perfecto con la monstruosa regurgitación materialista ejecutada, en el balneario mexicano de Cancún, por cierta reliquia de la burocracia paneuropea llamada Christine Lagarde, cuando aún era directora gerente del Fondo Monetario Internacional. “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global: debemos hacer algo, y enseguida”, dijo ella.

Y el “algo” en el que probablemente pensaba ella fue sugerido antes, de manera oblicua pero clara, por otra funcionaria internacional que estuvo muy cerca de proponer la eutanasia obligatoria de los viejos como un excelente método para apresurar el deceso de los miembros menos productivos de las sociedades modernas.

Lo que da pie para que preguntemos si entre esos miembros menos productivos figuran también los menos el escolarizados, una gran ventaja si consideramos el analfabetismo rampante en los llamados países en vías de desarrollo.

Hasta aquí tendríamos suficiente razones para dar por nacida la ideología de la gerontofobia -o, siendo más brutales, de la gerontofagia-, pero hay más: todo lo anterior entra en resonancia con la posición de muchos políticos y economistas que, sin ser negacionistas del cambio climático, se oponen a que, para evitarlo o paliarlo, se tomen medidas que de algún modo pudieran limitar el crecimiento económico.

Son los adoradores del PIB, que dicen confiar en que las generaciones futuras tendrán, con respecto a la nuestra, mayores recursos financieros y superior capacidad tecnológica para enfrentar con éxito las consecuencias del cambio climático.

Solo que, en el fondo, apuestan a que, si a pesar de todo se llegara a presentar en el futuro la situación catastrófica que nosotros vemos como inevitable, el número de víctimas humanas resultante no sería superior a unos pocos centenares de millones, distribuidos principalmente en África, América Latina y Asia.

Vislumbramos, pues, el pronto surgimiento de lo que se conocerá como la “antroposarcopleonastía”, es decir, la ideología que justifica y consagra la existencia de grandes cantidades de carne humana dispensable.

 

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de Latinpress.es Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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