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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 12 /3 / 2018. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Sin vela en ese entierro

 

En esta comarca llamada Costa Rica, una más de las dimocratíes mpananías por las que el mundo poco se preocupa, es natural que no nos preocupemos demasiado por lo que acontece en el resto del mundo.

En rigor, al parecer preferimos la denominación “país pura vida”, que tantas ventajas nos proporciona desde la perspectiva de la promoción turística.

Por esa razón, nos sorprendió que un compatriota de origen eslavo nos recomendara ponerle atención al más reciente informe de Vladimir Putin ante la Asamblea Federal de Rusia.

A regañadientes accedimos a ver y escuchar una corta pero, a la postre, dramática porción del espectáculo putiniano, aquella en la que el jerarca ruso comunicó al parlamento –y de pasada al mundo– que, como respuesta al acoso militar de Estados Unidos y sus aliados dentro de la OTAN, la federación rusa se ha dotado de un conjunto de armas capaces de vulnerar los sistemas de intercepción de cualquier potencia que intente atacar al coloso euroasiático.

Con tecnocrática y precisa frialdad, Putin mostró en pantallas gigantescas algunos aspectos básicos de esas nuevas armas, para luego asegurar que serán utilizadas solo con fines defensivos. “Bueno”, reflexionamos, “como al fin y al cabo nuestra banana republic nunca atacará a Rusia porque ni fuerzas armadas tenemos, podemos pasar por una nueva guerra fría sin acongojarnos”.

Y, al igual que ocurrió cuando el líder de Corea del Norte hizo anuncios mucho menos espectaculares sobre armas que luego demostró tener, de inmediato surgieron en el mundo y en nuestro medio los analistas dispuesto a opinar que aquello era tan solo una balandronada del zar Vladimir.

Lo malo fue que aquella noche, una amenaza de insomnio nos obligó a retomar el tema y caímos en la cuenta de que, por muy pacifista que sea nuestra constitución política, la única radioactividad que podemos permitirnos es la muy tenue que, bien se sabe, emiten nuestros bananos de exportación a causa de un isótopo radioactivo del potasio y, por lo tanto, dejaríamos de ser “pura vida” en un planeta plagado de nubes de cesio y yodo generados en eventuales explosiones nucleares. A partir de aquel momento, y sin que importara de qué lado pudieran provenir las imprudencias que lo pondrán a prueba, lo dicho por Putin se nos presentó con connotaciones apocalípticas. 

Al recordar los días de octubre de 1962, cuando el mundo estuvo al borde de la guerra nuclear a causa de la crisis cubana de los misiles, temimos que las declaraciones de Putin, aun cuando pudieran ser una balandronada, generaran una reacción airada o torpe del irascible y torpe presidente Trump.

Recordábamos que su respuesta a Corea del Norte, por razones comparativamente triviales, resultó casi demencial. Pero afortunadamente no fue así: la primera oportunidad que tuvo de referirse al anuncio ruso, Donald Trump la utilizó para protagonizar, mediante un tuiteo, una infantil rabieta contra un presentador de televisión que le cae mal.

Esto hizo que el funesto John Brennan, exdirector de la CIA, saliera a declarar histriónicamente ante la prensa: “Los legisladores, lo mismo que el 30% de los ciudadanos que todavía creen en lo que dice el señor Trump, mirarán al pasado y se preguntarán: ¿estamos realmente haciendo lo que debemos como país para protegernos y asegurar que nuestros hijos y nuestros nietos tendrán seguridad y prosperidad en el futuro?”.

Además, Brennan caracterizó al presidente Trump como inestable, como inepto y como inexperto.

No nos atrevemos a vaticinar el impacto que tendrá este dictamen de un exdirector de la CIA, naturalmente desprestigiado, pero sí debemos reconocer que hizo muy bien al alertarnos, quizá sin proponérselo, de que –para cualquier país– un presidente parecido al que él describe es una verdadera amenaza. Y, desgraciadamente, presidentes y primeros ministros de ese jaez abundan, no solo en las repúblicas bananeras. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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