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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 4 /07 / 2016. Fernando Durán ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Valor civil.

 

La oportunidad de perfeccionar la democracia surge cuando y donde menos se espera.

En los datos divulgados sobre el reciente referéndum británico (Brexit), figuran no solo las diferencias entre regiones, fácilmente verificables gracias a que se conoce la ubicación geográfica de cada recinto de votación: también se cuantifican unas diferencias generacionales que solo se podrían deducir a partir de sondeos realizados con posterioridad al referéndum.

Puesto que la mayoría de los escoceses votaron en Escocia –algunos de ellos votarían en Londres– y los galeses lo hicieron básicamente en Gales, fue posible saber con certeza cómo distribuyeron sus preferencias los unos y los otros; en cambio, a menos que a todos los votos emitidos se les hubiera aplicado una prueba de tipo grafológico hasta ahora desconocida –por ejemplo, identificación de los trazos rectos juveniles de unos y los garabatos valetudinarios de otros– no habría manera fiable de asegurar que el voto joven tuvo una distribución diferente a la del voto senil.

Sin embargo, no es nuestra intención poner en duda la validez de los sondeos que supuestamente determinaron que en el Reino Unido “los viejos votaron mayoritariamente por salir de la Unión Europea y los jóvenes lo hicieron por permanecer en ella”.

Solo nos interesa destacar el argumento de algunos comentaristas, según el cual, en una consulta popular el voto de los jóvenes debe tener mayor peso que el de los viejos, ya que –sostienen– no importa lo que se decida en ella sus resultados afectarán a los primeros durante mayor tiempo que a los segundos.

Como estamos de acuerdo con esa tesis, se nos ha ocurrido proponer un lógico paso democratizador que consistiría en consagrar, en el derecho electoral, un principio que denominaremos Gradiente Etario del Valor Civil, o GREVAC.

El GREVAC funcionaría de manera bastante sencilla: a partir del hecho de que, en todo momento, las edades de la gran mayoría de los miembros de una sociedad humana no depauperada por las hambrunas, la guerra o la corrupción política, oscilan entre 0,1 y 99,9 años (dato que podemos redondear a entre cero y cien años), a toda persona recién nacida se le asignará un valor civil teórico inicial de 100 votos, y por cada cumpleaños ese valor se reducirá en una unidad.

Tomando como ejemplo el caso de Costa Rica, en el que la edad mínima para el ejercicio del voto es de 18 años, la ciudadana o el ciudadano que concurra a las urnas justo después de cumplir 18 años y antes de alcanzar los 19, dispondrá de un poder de voto de 82 unidades (100 menos18); quien ejerza el sufragio a la edad de 40 años tendrá un poder de 60 unidades (100 menos 40), y quien al llegar a sufragar tenga 99 años cumplidos tendrá que contentarse con un poder de voto de una unidad.

Aun cuando sea por razones diferentes, las personas menores de 18, así como las que hayan cumplido cien o más años, estarán excluidas de las listas de votantes.

En suma, se reconocerá en todas las personas una disminución del vigor civil proporcional a la disminución esperable del vigor físico. Y será una situación transitoria que habrá de modificarse tan pronto como se descubra la fuente de la eterna juventud. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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