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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 13 /06 / 2016. Fernando Durán ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Ser listos o estar listos.

 

Si solo fuese cuestión de fortalecer nuestros egos, proclamaríamos la certeza de que somos la especie más inteligente del planeta –y tal vez del universo–, para lo cual nos bastaría con destacar algunos grandes descubrimientos científicos, algunas grandes obras de arte, la profundidad filosófica de algunos grandes pensadores y el buen funcionamiento de algunas complejas instituciones humanas.

Estamos convencidos de que esos logros son suficientes para demostrarle, a cualquier entidad extra galáctica, sobrenatural o divina, que somos, no solo inteligentes, sino, también, razonables y, por lo tanto, incapaces de utilizar la inteligencia para urdir nuestra propia destrucción; y de que, si en muchas ocasiones adoptamos respecto al futuro una perspectiva pesimista, es porque somos conscientes de habitar un universo físicamente hostil a la vida y no porque llevamos dentro de nosotros algo que nos impulsa al suicidio colectivo.

Sin embargo, tomando en cuenta que todo cuanto nos mostramos unos a otros tiene la categoría de argumento, también podríamos sentirnos, como especie, sumidos en la demencia.

Circula, desde hace varios años, un documento animado cuyo escenario es un mapamundi sobre el cual se describen, con un espectáculo de luz y sonido, todas y cada una de las detonaciones nucleares realizadas en el mundo, desde 1945, por elites humanas –científicas, políticas, religiosas y militares– bien reconocidas como inteligentes.

Inteligentes, pero ¿razonables? Tan solo una sola detonación experimental precedió a las dos que devastaron Hiroshima y Nagasaki, y las que siguieron, hasta la cuenta de ocho, fueron todas provocadas por los norteamericanos.

La novena inauguró la factura nuclear soviética, y a esta siguió un alucinante contrapunto de insensatez que, al finalizar 1998, llegaba al total de 2052 explosiones, para un promedio aproximado de una cada 10 días.

La siguiente era, entonces, la ominosa “tabla de posiciones” definida por la cantidad de simiescas fanfarronadas nucleares cometidas por cada potencia:

Estados Unidos1032
Unión Soviética 715
Francia 210
Reino Unido 45
China 44
India 4
Paquistán 2


Todas las deflagraciones francesas y británicas, así como un número considerable de las norteamericanas, se habían realizado fuera de Europa y Norteamérica, pese a lo cual el oeste continental de Estados Unidos fue, con creces, el territorio más más bendecido por la pirotecnia nuclear.

Aun si estuviésemos dispuestos a admitir que el desarrollo de las armas nucleares era inevitable, no tendríamos que mordernos la lengua antes de afirmar que, sobre todo en los casos de Estados Unidos, la Unión Soviética y Francia, la mayor parte de esos actos de barbarie fueron científicamente y técnicamente tan redundantes como exagerados son los arsenales nucleares que siguen existiendo.

Esto sería suficiente para que cualquier observador alienígena o celestial nos negara la credencial de especie razonable y, más aún, la de especie inteligente, y para sentirnos muy pesimistas en relación con las medidas que los políticos y los gobiernos han prometido tomar para limitar el calentamiento global y enfrentar los inconvenientes del cambio climático.

En suma, no sabemos si con costos somos unos mamíferos listos o si simplemente estamos listos para entregarnos al desvanecimiento definitivo de nuestra especie. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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