LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales
Marbella, Andalucía, España.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.


     
 

 

   

Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 21 /06 / 2016. Fernando Durán ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Orlando, fueron como safaris.

 

Además de causarnos indignación, la masacre de Orlando vino a revelarnos, en dos sociedades, rasgos que suscitan repugnancia.

En Estados Unidos, mientras las autoridades trataban de descubrir los móviles del asesinato, un grupo cristiano protestante apoyaba públicamente al asesino ostentando pancartas como esta: “Dios les envió el tirador”.

Toda una acrobacia teológica y mental desde el momento en que otros cristianos afirmaban que el tirador, aplaudido aniquilador de homosexuales, había actuado bajo la inspiración de Alá.

Y aquí, en Costa Rica, el odio manifestado en las redes sociales por muchos compatriotas le hizo honor a la estulticia de un miembro de la Asamblea Legislativa, representante de un partido religioso considerado “cristiano”, a quien poco le faltó para manifestarse satisfecho por el resultado de la carnicería.

¿Cómo evitar, entonces, preguntarnos en qué medida los dirigentes que no han opinado sobre el tema callan porque están de acuerdo con el exterminio de grupos de personas que no piensan o no actúan como ellos?

Igualmente, resulta perturbadora la forma en que algunas agencias noticiosas comentaron el hecho. Por ejemplo, el encabezado “Orlando: la mayor masacre cometida en la historia de América después de las torres gemelas”, fue puesto frente a las miradas de miles de lectores y no llevó a muchos de ellos a salir por los fueros de la verdad histórica.

Un sobrevuelo al azar de la historia poscolombina del territorio de Estados Unidos, nos permitió rescatar la memoria de varias masacres de aborígenes, comenzando por la ordenada en 1643 por el gobernador de Nueva Ámsterdam (hoy Nueva York), contra un grupo de 80 miembros de la tribu algonquina de los wappingers, que fueron decapitados, mientras dormían, por sus supuestos protectores.

Lo peor de aquella barbarie, cometida por blancos holandeses, bien podría ser que en el mismo sitio donde un día se levantarían las Torres Gemelas, no es apto para una lectura delicada: entre otras vilezas, uno de los indígenas fue castrado y despellejado en vida mientras el gobernador holandés observaba y reía.

Tres años más tarde, los puritanos de Boston enviaron al cielo, en una sola noche, a 600 indios pequot en una aldea de las riberas del Mystic.

En 1676, en Virginia, un grupo de 500 hombres, encabezado por Nathaniel Bacon, primo de Sir Francis Bacon, bendijo con el descanso eterno a centenares de indios susquehanna.

En 1838, de alrededor de 16.000 cheroquíes de Georgia que eran trasladados a la fuerza hacia Oklahoma, a través de dos estados, murieron 4.000.

Esta “marcha de la muerte” podría considerarse un preludio de la otra “marcha del genocidio” a la que los turcos someterían a los armenios en 1915.

Para no agotar a los lectores, concluiremos en 1890, con la masacre de Wounded Knee Creek, Dakota del Sur, donde la Caballería federal fusiló sin paredón a más de 200 sioux, la mayoría de los cuales eran mujeres y niños. De esta viril hazaña ha quedado una espeluznante memoria fotográfica.

Pareciera, quizás porque las víctimas eran aborígenes, que para cierta prensa no fueron masacres sino cacerías asimilables a los safaris africanos para monarcas europeos.

Y tómese en cuenta que hemos omitido, por razones de espacio, las masacres cometidas contra las comunidades afroamericanas de Estados Unidos, como las de Memphis y la de San Luis, que superan con creces, en el número de víctimas, a la de Orlando. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies