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Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 12 /07 / 2016. Fernando Durán ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Res publica tutata est.

 

Hay familias de palabras que, por ser muy antiguas, han acumulado un sinfín de significados, algunos de los cuales no son más que hipócritas metáforas.

Por esa razón, un diccionario etimológico puede venir en nuestro auxilio como una especie de escritura laica que nos ayudará a evitar la caída en el infierno de la ingenuidad.

Varias de nuestras lecturas en torno al debate sobre el cerrado control que la burocracia no elegida de la Unión Europea mantiene sobre las instituciones democráticas nacionales y sobre las soberanías de los Estados europeos, nos acercaron a las palabras tutor, tutela y tutelaje y, sin habérnoslo propuesto, caímos en la cuenta de que en ellas podría estar la clave de algunas sórdidas facetas de la historia y la política, no solo de Europa.

En su origen latino, tutelar es sinónimo de proteger. De Plinio, el naturalista romano, tenemos: “natura arbores cortice a frigoribus et calore tutata est” (con la corteza, la naturaleza ha protegido a los árboles contra el frío y el calor).  Suetonio llamó tutela animalorum al “cuidado y alimento de los animales”.

Recurrimos luego al Diccionario de la Real Academia, y encontramos que en español tutor es la “persona que ejerce la tutela”, tutela es la “autoridad que, en defecto de la paterna o materna, se confiere para cuidar de la persona y los bienes de aquel que, por minoría de edad o por otra causa, no tiene completa capacidad civil”, y tutelaje es la “acción y efecto de ejercer la tutela”.

De pasada, surge un refinamiento jurídico: tutela ejemplar es “la que se constituye para cuidar de la persona y de los bienes de los incapacitados mentalmente”.

En todos los casos, esas definiciones conservan el sentido de “proteger” de la raíz latina original.

Sin embargo, por desvíos de interpretación dictados desde el ejercicio del poder de la fuerza, los ideólogos del colonialismo impusieron la noción de que las potencias colonizadoras ejercían sobre los pueblos colonizados una providencial protección civilizadora, a cambio de la que a los protegidos solo se les exigían leves grados de sumisión, servidumbre o esclavitud. A esta peculiar protección se le consagró como una benevolente tutela.

En la actualidad, ese benevolente tutelaje político de pueblos y naciones se oculta frecuentemente tras estructuras supranacionales democráticas solo en apariencia y, en el ámbito interno de los estados, los nuevos ideólogos vienen introduciendo, en la definición de democracia, un indispensable tutelaje que se atreven a calificar de meritocrático.

“A diferencia de nosotros (los de la élite económica e intelectual), la masa pobre e ignorante no es lo suficientemente confiable como para que participe en procesos decisorios –como unas elecciones o un referéndum– y por eso requiere de nuestra ejemplar tutela” pareciera ser, particularmente en Costa Rica, la oblicua consigna de una dirigencia política que cubre desde la extrema derecha hasta la irreconocible socialdemocracia e incluye a sectores académicos que pretenden, por la sola posesión de sus títulos universitarios, ser los tutores limitantes del poder democrático de la ciudadanía. 

Hacen relucir el viejo y desprestigiado eslogan “Costa Rica, la Suiza de América”, pero quieren hacernos creer que Suiza, “la Costa Rica de Europa”, es una organización política demencial que ha hecho de la institución de referéndum una abyecta forma de adicción, peor que la adicción a los sicotrópicos ilegales. 

Ante tan presuntuosa tendencia a autoincluirse en el contingente de elegidos de la élite, se nos ocurre recordar que, según el Foreign Policy Research Institute, de los militantes de Al Qaeda identificados en EE UU el 63% cursó el bachillerato, el 75% sale de las clases media y alta, y entre ellos figuran numerosos graduados universitarios como profesores, ingenieros, arquitectos y otros especialistas. Como diría un fan del Real Madrid, a ver, Keylor Navas, báileme ese trompo en la uña. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
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