LATINPRESS.es © Noticias y Análisis Nacionales e Internacionales
Marbella, Andalucía, España.


España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos.
Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.


     
 

 

   

Fernando Durán Ayanegui
Costa Rica

   
   
 

LatinPress. 28 /8 / 2017. Fernando Durán Ayanegui. Costa Rica.

   

Polígono Internacional: Réquiem por un lector.

 

En Alajuela, ciudad centroamericana en la que trascurrió mi niñez, no tener libros no era una desventaja porque, afortunadamente, había una buena biblioteca pública conducida por doña Berta Ramos, una sabia y benevolente bibliotecaria, quien parecía haber sido puesta ahí para hacernos la vida placentera a los niños que no podíamos pagarnos la lectura.

Ella hacía que los libros fueran parte del medio ambiente y todo lo que teníamos que hacer era leerlos.

Nos hacíamos pocas preguntas sobre los autores y el único que creíamos conocer de cerca era un caballero que, según los rumores circulantes, estaba escribiendo algo de importancia: se pasaba el día en la biblioteca ¡copiando una enciclopedia en cuadernos escolares! Me pregunto si seguirá inédito.

Hoy, por el contrario, creo conocer más autores que lectores, no porque haya leído a todos aquellos sino porque aquí, en la capital de mi país, los literatos abundan y los encuentro a paletadas en cafés, pasillos académicos, farmacias y salas funerarias.

De ahí que, así como me parece interesante saber que un atleta español batió el récord de “circunnatación” de Mallorca –siete vueltas a nado alrededor de la isla sin salir del agua–, quiera saber quién fue el más ávido lector que haya existido en el mundo occidental.

¿Fue Jorge Luis Borges, el imbatible maratonista de los anaqueles? ¿O Ítalo Calvino, lector camiseta diez de la más famosa editorial italiana? Nada de eso, pues me aseguran que la plusmarca le pertenece a un compacto cibernético integrado por un ordenador de potencia considerable, un escáner de alta velocidad que pasa las páginas de los libros como lo hace un lector avezado y, para ponerle la guinda al pastel, un lector láser que reconoce el idioma en que está escrito cualquier texto e, incluso, mientras está en estado de espera “baja” cuanto libro se encuentre disponible en la red.

Parece que el prototipo del Alfavoraz –nombre patentado– funciona en Madrid desde hace pocas semanas y ya ha leído un número de libros tan elevado que pronto habrá dado cuenta de todas las obras escritas desde la invención del alfabeto.

Además, por iniciativa propia ha comenzado a escribir nuevos libros científicos, técnicos, religiosos, literarios, históricos y filosóficos, de modo que, a partir del momento en que el Alfavoraz se venda a precios populares, la humanidad no tendrá que preocuparse más por el enriquecimiento de su acervo bibliográfico.

Podemos predecir, entonces, que los únicos lectores del fin de los días serán todos también electrónicos y dispondrán de tantos libros nuevos que será casi imposible que dos de ellos lean simultáneamente el mismo texto. De modo que quedarán obsoletos los escritores, las librerías, los comentarios y las ferias de libros, las facultades de letras, los congresos de autores y – ¡oh maravilla!– los concursos y los premios literarios. Colaboración especial para LatinPress®.

   
 




 
© Latinpress, Boletín semanal, Noticias en España. Venezuela. México. Costa Rica. Ecuador. R. Dominicana. Estados Unidos. Bolivia. Colombia. Perú. Argentina. Panamá.

Aviso Legal · Política de Privacidad · Política de Cookies